El guirre planta cara a la extinción en Canarias tras casi desaparecer en el franquismo por dos plagas devastadoras
Gigantescas bolas de color rojo llegaron a Canarias desde el mar en los años 50. Se trataba de miles de langostas africanas amontonadas que invadieron las islas en dos ocasiones. La primera, en 1954, y la segunda, en 1958, ambas durante el franquismo. Estas plagas causaron graves estragos en el campo canario, dañando plantaciones como la del tomate o la papa. El desastre que protagonizó este insecto intentó combatirse por tierra y por aire. En el suelo, la población trataba de espantar a las langostas con hogueras y con veneno. En el aire, el Estado emprendió una fumigación masiva con avionetas. Las langostas terminaron desapareciendo, pero a la sombra de esta victoria quedó el guirre (Neophron percnopterus), una subespecie única de Canarias que estuvo a punto de extinguirse y que ahora resurge.
El guirre está catalogado como especie en peligro crítico de extinción, pero también “es un ejemplo de cómo se puede revertir una situación negativa”, subraya Miguel Ángel Cabrera, técnico del servicio de Biodiversidad de la Dirección General de Lucha contra el cambio climático y Medioambiente del Gobierno de Canarias. Cabrera hace seguimiento del guirre desde hace casi 20 años, cuando en el Archipiélago quedaban unos 120 ejemplares. Ahora, se contabilizan 520. Los territorios de cría también han aumentado, pasando de 25 a final del siglo pasado a 112 en la actualidad.
El retroceso comenzó en los años 50 y terminó con la desaparición del guirre en La Palma, Tenerife y Gran Canaria. En la actualidad, la especie está en Fuerteventura, Lanzarote, Alegranza y Montaña Clara. Se trata de una población única que se mueve entre estas islas. Entre febrero y junio, durante la época reproductora, los ejemplares se dispersan entre estos territorios. Cuando llega el verano y acaba la temporada de cría, “lo normal es que los ejemplares de Lanzarote se desplacen a Fuerteventura”.
El seguimiento de la especie, los proyectos de recuperación y la constancia de los mismos han permitido que el guirre no desaparezca de Canarias y, por tanto, del mundo, ya que solo está en el Archipiélago. Estos trabajos cuentan con el apoyo de los cabildos insulares, del Gobierno regional y también de la Estación Biológica de Doñana, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que ofrece soporte científico y apoyo al proyecto.
“Nosotros tenemos identificado prácticamente al 95% de la población. Cada individuo está identificado con su anilla y sabemos prácticamente dónde nació, con quién forma pareja y con quién no. Esto nos facilita mucho el seguimiento. No hay otra especie en Canarias con la que se haya hecho así ni con la que hayamos conseguido estos resultados tan favorables”, detalla el técnico de Biodiversidad.
Según explica Cabrera, también influyen las condiciones de las islas, sobre todo de Fuerteventura, donde aún hay mucho ganado suelto y, por tanto, más recursos alimenticios para los guirres. “Hay que pensar que este es un buitre que se alimenta de animales muertos. Que haya más ganado suelto y animales muertos en el campo favorece que haya más guirres”, añade.
El hito de Timanfaya
El Parque Nacional de Timanfaya ha sido escenario en los últimos años de un hito con el guirre como protagonista. Según explica el técnico del Gobierno de Canarias, hacía más de dos décadas que este animal no criaba ni nidificaba en esa zona, y a partir de 2022 lo ha vuelto hacer y, además, con éxito. La pareja de guirres volvió a nidificar en 2024 y ha conseguido reproducirse, confirmando la incipiente recuperación de la población.
Para el experto es una gran noticia que se recupere un territorio de cría en un espacio natural tan emblemático como Timanfaya, ya que en Lanzarote la recuperación de los espacios de cría va a un ritmo “mucho menor” que en Fuerteventura.
Las amenazas para el guirre
En La Palma, Tenerife y Gran Canaria el guirre ha desaparecido. “Todo apunta a que fue por el uso masivo de pesticidas durante las plagas ”bíblicas“ de langosta africana”, recuerda Cabrera. “Estaba en juego la supervivencia de la gente y no se andaron con chiquitas”, apostilla. A partir de entonces, empezó la pérdida de ejemplares. “La población se redujo muchísimo, se siguieron usando pesticidas y venenos que afectaron directamente a la especie”, insiste el experto. También empezaron a aparecer otras amenazas, como la mortalidad por electrocución en los tendidos eléctricos.
Los peligros para el guirre también existen en Lanzarote y en Fuerteventura. Uno de ellos son los tendidos eléctricos, en los que este animal se apoya para dormir. Según Cabrera, esta amenaza está intentando controlarse con la colaboración de las empresas titulares del sistema eléctrico.
Los parques eólicos son también “una amenaza emergente”. En 2022, el Cabildo de Fuerteventura se vio obligado a paralizar de forma cautelar un parque eólico en Puerto del Rosario después de que en cuestión de una semana se accidentaran dos guirres contra los molinos. La declaración de impacto ambiental del parque especificaba que debía detenerse en caso de producirse daños en fauna en peligro de extinción, como el guirre.
“Ahora mismo, quizás de las cosas que más nos preocupan son las molestias y los disturbios que provocan las actividades en el medio natural durante la época de cría”, advierte el técnico. Es el caso de las motos, los quads, o los safaris con buggies en el medio natural. Los guirres, cuando están nidificando, son especialmente sensibles a las molestias, y pueden abandonar el nido y perder así la descendencia. “Se está haciendo un esfuerzo cada vez mayor en señalizar las áreas donde crían y en regular el uso de los senderos. Lo que puede hacer la ciudadanía para contribuir a la recuperación del guirre es, fundamentalmente, hacer caso a estas señales”, dice.
El valor del guirre en la cultura canaria
La conservación del guirre no solo tiene valor para la propia especie, sino también para el conjunto de la biodiversidad de Canarias y para “el desarrollo humano”, explica el experto. En concreto, esta ave, conocida popularmente también como “el buitre sabio”, tiene lazos muy fuertes con los ganaderos y ganaderas. “Antiguamente tenía un papel fundamental para eliminar los restos de animales muertos. Ahora hay complejos ambientales, pero antes los animales muertos se dejaban en el campo y los guirres ofrecían ese servicio ecosistémico, se encargaban de limpiar el campo”, cuenta. El experto lo resume con un dicho propio de las islas: “Si el guirre da la vuelta, o cabra parida o cabra muerta”, ríe.
También “hay que considerar que es una subespecie única en el mundo”. “La subespecie que hay en Canarias solo está aquí y, además, tiene una cualidad: es sedentaria. La subespecie europea es emigrante durante el verano. Nosotros tenemos guirres durante todo el año en las islas”, celebra.
Perder a este animal también supondría perder parte de la historia de la lengua canaria y de las expresiones propias de su gente. La palabra ‘guirre’ es considerada un guanchismo, aquellos términos propios del habla de los aborígenes del Archipiélago y que sobreviven aún hoy. “Por ejemplo, aquí decimos estás flaco como un guirre o estás enguirrado, cuando alguien está encogido. Cuando algo llega a ese nivel, es que la gente tenía un contacto muy directo con ellos”, concluye Cabrera.
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