La ayudita

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El primero de diciembre hubo un buen debate en el Parlamento de Canarias. Se debatían la situación y las ayudas para La Palma y la controversia comenzó con la oposición, refiriéndose a las donaciones que se están abonando por parte de algunos ayuntamientos del Valle de Aridane mientras que no llega aún ninguna ayuda prometida por los gobiernos. 

Las respuestas no se hicieron esperar y algunas airadas. Y es que da gusto ver un poco de pasión en la defensa de las posiciones... Así Matilde Fleitas (PSOE, de los Llanos de Aridane) y Julio Pérez (consejero de Administraciones Públicas, PSOE) contestaron que no desinformaran. Puesto que no es verdad, las ayudas están llegando y han llegado desde el minuto uno, con las ayudas a la emergencia. Además, Pérez, contestó en 11 minutos sublimes, casi sin respirar, explicando dónde se ha empleado la ayuda y las acciones llevadas a cabo y cuándo, y que aunque puede que no sea suficiente ni perfecta dada la magnitud del desastre, desde luego no es limosna. El vídeo no tiene desperdicio y ya nos vendría bien debates entre oposición y gobiernos como este... 

Así pues, Pérez hizo un repaso sobre los ERTE concedidos, a los realojamientos en hoteles, a la carretera a Puerto Naos que ya se ha comenzado, a las ayudas a los agricultores, pescadores y autónomos, a las ayudas fiscales, a un Plan de Empleo substancioso, a las medidas notariales, a los niños en los colegios con comedores a coste cero, los accesos a regantes, a la compra de casas en proceso y un largo etcétera y que si todo eso no es ayuda. Y a la vez, recordó, que las donaciones y la ayuda de los vecinos, no es caridad sino solidaridad. 

Y es que la caridad es otra cosa, puesto que establece una posición de superioridad en la ayuda. Y es que las donaciones y las ayudas concedidas, repito, no son ni caridad, ni limosna. Ni lo son, ni se deben reclamar como si lo fueran. Reclamar con dignidad sí, pero con estoicismo también. Y en esta erupción, si algo han demostrado los palmeros ha sido estoicismo y dignidad. Que no se nos olvide. No vayamos ahora a volver a épocas pasadas y a hacer resurgir el síndrome caciquil y adoptar una posición sumisa...Los mecanismos de reclamaciones y protestas ciudadanas existen y los mecanismos participativos también para solicitar, reclamar y fiscalizar a las administraciones. Exigir es fácil, juzgar también, pero dar ejemplo es más difícil.  

 ¿Se imaginan ustedes cómo hubiese sido esta erupción sin estas ayudas del Gobierno central y canario? Por ejemplo, ¿afectados durmiendo sin intimidad (y con covid) en polideportivos compartiendo espacios durante 10 semanas y recibiendo el menú del día haciendo colas? ¿Se imaginan a esas plataneras sin regar o sin organizar accesos a las zonas de exclusión? ¿Se imaginan no haber organizado la recogida de enseres, sin el registro único, ni la limpieza de ceniza que se ha sufragado con ayudas extra a los ayuntamientos? Hubiese sido muy digno todo. 

Y es que en las últimas semanas hemos asistido a un baile de declaraciones muy cansinas, tiras y aflojas bastante descorazonadores, que no denotan unidad, sino al más ridículo posicionamiento de algunos cargos públicos, compitiendo por el protagonismo para otorgar para su ciudadanía, cual dios en su trono, las donaciones (la “ayudita”) que no son suyas sino nuestras, hechas por la gente corriente y empresas en todo el país. Y esas donaciones, más que necesarias, son para los afectados, claro que sí, pero ni repartirlas en una competición de cantidades, ni una tómbola, ni queremos que las donaciones se vayan a personas que realmente no las necesitan o merecen (no son afectados). Así pues, dada la magnitud del número de personas afectadas, se hace necesario un control y un criterio. Estas cuentas, al fin y al cabo, serán auditadas en algún momento y si bien, es necesario que las donaciones lleguen lo antes posible, también es necesario que no se desperdicien los fondos y que no quede nadie fuera. Y hay nuevos afectados cada día... 

Pero, al fin y al cabo, esas donaciones son ayuda paliativa a corto plazo. La verdadera ayuda de envergadura para La Palma a corto, medio y largo plazo no son las donaciones de particulares y empresas, sino las aportaciones hechas por el Gobierno de Canarias, Gobierno Central y Europa (del Fondo de Solidaridad) que irán llegando y que no cese. Y ahí es donde tendríamos que estar compitiendo todos: políticos y ciudadanía y sobre todo los afectados. Pero no por el dinero en bolsillos particulares que apagan un fuego, pero no solucionan el problema. Lo soluciona pensando en emplear los fondos para corregir errores pasados a la vez que se reconstruye una isla, por decidir para qué se necesitan los fondos y en qué orden. Así que la labor de un político que se precie es explicar esto y tomar decisiones, aunque a veces no gusten. 

Desde la unidad y altura de miras de la clase política a la unidad y altura de miras de las asociaciones de afectados, de vecinos y cualquier persona residente, ahora mismo deberíamos estar compitiendo por llegar a acuerdos y líneas de actuación prioritarias en la reconstrucción. Por poner todas nuestras cabecitas pensantes para llegar a una reconstrucción óptima y tomar decisiones. Por informar y estar informados de las posibilidades. Porque no estamos hablando de celebrar las fiestas del pueblo, sino de reconstruir las viviendas y vidas de los damnificados, de recuperar la economía de la isla, de evitar un éxodo inminente y generalizado, de recuperar nuestros paisajes, todo ello con la necesidad imperante de adaptarnos al cambio climático en ciernes. Así que toca crear una hoja de ruta que nos permita recuperarnos, como isla, de este golpe, para que La Palma no entre a formar parte de la España vaciada. 

Criticar y fiscalizar a un gobierno no es necesariamente malo. Para eso está la oposición y los ciudadanos. Pero si la crítica no viene seguida de un aporte de ideas, propuestas o trabajar en un proyecto común, es solo una crítica vacía o populismo. Como el dicho de la piedra: no tires la primera y luego escondas la mano. Así pues, la crítica que no es útil, no sirve y no aporta. Y desinformar es tirar muchas piedras. 

Seamos francos. Las ayudas siempre tardan. Siempre. Las ayudas del covid, que vinieron de Europa empezaron a cobrarse en septiembre de 2021, y eso es un año y medio después del comienzo de la pandemia. Pero desde el mes de marzo de 2020 ya se tramitaron los primeros ERTE. Y esta vez ha ocurrido lo mismo, los ERTE estaban en vigor desde el 29 de septiembre y poco a poco han ido llegando ayudas, tramitadas en tiempo récord para la burocracia acostumbrada, pero no todo se puede materializar ahora puesto que la emergencia continúa. Pero, ¿para qué otorgar millones si no se tiene claro a qué proyectos irán destinados? 

Claramente necesitamos un buen plan. Así que, por favor, en lugar de hablar de caridad, del oportunismo y de las acostumbradas discusiones inútiles, me encantaría que en el Parlamento de Canarias se discutiera cómo hacer para establecer las bases para una efectiva recuperación a medio y largo plazo en La Palma, de cómo crear unas bases participativas para empoderar a la población y hacerla partícipe de sus nuevas vidas. Además, de que se dialogara desde lo local cómo recuperar los medios de vida (sostenibles) para la población, que le permitan contar con un ingreso estable, no ayudas, un ingreso estable. No se pueden tomar decisiones sobre una reconstrucción de este calibre “en caliente” y sin consenso, pero tampoco está permitido caldear el ambiente innecesariamente.

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