Manifiesto 1: ‘Archipiélago Cosmos’

Revista Trasdemar

0

Como lugares diáfanos y brumosos al mismo tiempo, las islas y los archipiélagos han firmado capítulos decisivos de la historia de la humanidad, convirtiéndose en puntos de fricciones, simbiosis, mestizajes e intercambios culturales. En una isla del Mediterráneo, Lesbos, nacieron las primeras muestras de poesía lírica conocidas, hacia la primera mitad del siglo VII antes de Cristo, y en una isla del Caribe, La Española, surgió la primera revolución de esclavos triunfante de la historia. Sin embargo, si cualquier definición puede someterse a debate, dado su origen convencional, no podemos dejar de preguntarnos dónde acaba una isla y dónde empieza un continente. ¿Es la Tierra un archipiélago de continentes en el océano que cubre dos tercios de su superficie? ¿Es el universo, el archipiélago cosmos, una conjunción de innumerables cuerpos insulares que navegan por la noche del vacío? ¿Es la insularidad un rasgo definitorio de nuestra presencia en el mundo? Si hacemos caso a Derek Walcott, “amar un horizonte es insularidad”, porque de las islas provenimos y a ellas nos debemos, en una convivencia que rebasa toda frontera.

Una isla se define más por su historia que por su geografía, pues en los versos de Pedro Salinas el tiempo de isla “se cuenta / por mágicas cifras”. Toda insularidad produce un conjunto de representaciones culturales entre sus habitantes y visitantes, de forma que los imaginarios devienen insularidad compartida. Sus pobladores han sido siempre mirados como los otros, como las islas visitadas. Desde su condición de enclaves de tránsito, marcadas por flujos comerciales y migratorios, así como por el fenómeno del turismo, las islas han sufrido una historia a menudo trágica, llena de violencias y desigualdades estructurales, pero también reúnen condiciones idóneas para construir sociedades y culturas cosmopolitas, que no perciban al otro como un enemigo, sino como una diferencia llena de semejanzas, con la que puede crearse un futuro común. Se trata del “prestigio de las islas”, del que habla Eugenio Granell en su obra pictórica y literaria.

Al mismo tiempo las islas aparecen a menudo como periferias de la cultura, alejadas de los grandes centros continentales y sus dinámicas de funcionamiento global, que tienden a relegar o excluir todo lo ubicado fuera de sus límites. En esta deriva histórica, Trasdemar quiere presentarse como una apuesta por la diversidad literaria y cultural de las insularidades habitables, pluralidad y diferencia, frente a las visiones centralistas de la cultura fomentadas desde el poder. Como afirma la pensadora Marina Garcés, en la actualidad vivimos un “tiempo póstumo”, en el que las mayorías sociales han abandonado sus expectativas de transformación de la realidad para situarse en un miedo permanente al apocalipsis, a la destrucción del mundo conocido. Si las islas renuevan indefinidamente los sueños y las esperanzas de un mundo mejor, debemos poblar de islas la condición planetaria de la vida y la cultura. Nuestra vocación consiste en devolver la profundidad a los océanos.

No aceptamos la condición irreversible de la catástrofe y nos oponemos a los impulsos autoritarios que siempre han invocado la violencia como una forma de control de la vida, los espacios y las ideas. En la confusión de este “tiempo póstumo”, necesitamos rehacer los vínculos entre cultura y emancipación, como propone Garcés, reafirmando la libertad y la dignidad de la experiencia humana para aprender de sí misma. Las literaturas insulares trascienden, por su dispersión y originalidad, las fronteras de la mercancía y de los sistemas cerrados. El archipiélago cosmos que evocamos se asemeja al espacio sideral y al prodigio de la mente humana, en continuo movimiento desde lo desconocido, de igual modo que la poesía se construye como polifonía y multiverso, como un fenómeno que no sabe de límites ni de códigos de barras.

Nuestra apuesta crítica no debería confundirse con el proyecto de modernización que en los tres últimos siglos ha dominado el planeta, expandiendo el capitalismo a una escala inhabitable. Por el contrario, el pensamiento crítico no deja de cuestionar ese proyecto, generando alternativas políticas y culturales en épocas de incertidumbre. Las islas donde Benjamin Péret descubre su estrella de mar abrigan para la posteridad las posibilidades inauditas de la creatividad y de la fabulación.

En este sentido Trasdemar aspira a convertirse en un referente crítico desde Canarias, siguiendo la tradición de las revistas insulares de cultura, que alcanza su cénit con Gaceta de Arte y continúa con diversas publicaciones, desde Planas de Poesía hasta Syntaxis y muchas otras, en el devenir del siglo XX. Reconocemos la importancia de nuestros predecesores, como un valor que nos permite impulsarnos hacia el futuro, y afirmamos nuestro propósito de generar un espacio propio donde los autores y autoras insulares puedan expresar su visión de la realidad a través de las literaturas, de los imaginarios, de los archipiélagos.

De este modo pretendemos ofrecer un hábitat para la diversidad, para las múltiples corrientes y confluencias de la literatura contemporánea en tiempos digitales, fomentando el diálogo abierto y la convivencia de creadores. Este compromiso con la diversidad resulta imprescindible cuando la cultura lucha por mantenerse a flote, como los náufragos de La balsa de la Medusa, en un mundo que se enfrenta a toda clase de riesgos y amenazas, bajo el peso de una crisis global deshumanizante. Solo de esta forma las literaturas pueden reivindicar un humanismo crítico en un momento en que la misma noción de humanidad se encuentra en crisis.

Las islas son nuestro patrimonio intangible, el archipiélago cosmos, las páginas en blanco de la historia futura.

Revista Trasdemar

Etiquetas
Publicado el
3 de octubre de 2020 - 14:37 h

Descubre nuestras apps

stats