El alcalde Tomás Rodríguez López, la habilitación de Puerto Espíndola y La Alameda

22 de octubre de 2026 09:37 h (Hora canaria)

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Fotografía de la Ciudad de Los Sauces, Plaza de Montserrat y Alameda.1910. Archivo General de La Palma. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.  

Echar la vista atrás y revisar la historia local de San Andrés y Sauces nos permite entender los cimientos sobre los que se construyó nuestro municipio. En la figura de don Tomás Rodríguez López encontramos a una de las personalidades más influyentes en la segunda mitad del siglo XIX. Elegido por primera vez en 1869 como alcalde constitucional bajo el marco del sufragio masculino tras el Sexenio Revolucionario, su mandato se prolongó posteriormente en el periodo de 1875 a 1879, cerrando su vida y su labor pública el 11 de enero de 1879, cuando falleció en el ejercicio de su cargo.

           Durante su mandato se impulsaron medidas determinantes para el desarrollo socioeconómico y el embellecimiento urbano de la Villa de San Andrés y Sauces. Entre las decisiones del consistorio destaca la visión estratégica para impulsar el comercio marítimo local a través de la habilitación de Puerto Espíndola.

           La prioridad estratégica de Puerto Espíndola para el cabotaje

           En la sesión celebrada en julio de 1876, la alcaldía promovió una iniciativa fundamental: solicitar formalmente al Ministerio de Hacienda la habilitación de Puerto Espíndola para el comercio de cabotaje. Por aquel entonces las comunicaciones marítimas intercomarcales padecían una notable falta de regularidad y garantías debido al reducido tamaño de las embarcaciones y su escasa fuerza motriz (remo o vela), sumado a diversos inconvenientes de tipo administrativo y a la escasez de dotación personal en las ayudantías de marina.

           A pesar del vertiginoso desarrollo agrícola de la zona, las cosechas de frutos y el comercio en general se veían seriamente perjudicados al no contar con una salida marítima acondicionada y legalmente habilitada. Ante esta problemática la propuesta fue aprobada en la sesión municipal de 30 de julio de 1876, facultando a la presidencia para redactar el escrito oficial remitido al Ministerio de Hacienda a través del Gobernador Civil.

           En él se exponía minuciosamente las razones de dicha petición:

  • Situación económica crítica: La agricultura local, principal sustento del municipio, se hallaba abatida y paralizada a causa de la acusada bajada del precio de la cochinilla.
  • Perjuicios comerciales: La imposibilidad de exportar directamente los frutos agrícolas por falta de un puerto habilitado para el cabotaje generaba graves pérdidas económicas a los cosecheros y comerciantes.
  • Revitalización local: El consistorio defendió firmemente que la habilitación “daría nueva vida a la localidad”, satisfaciendo una necesidad apremiante mediante un acto de justicia y patriotismo administrativo.  

           A finales del XIX, en septiembre de 1896, se decreta el estudio de la zona de Puerto Espíndola para un puerto de interés general de 2º orden, noticia que es recibida con gran alegría y satisfacción por los miembros del Ayuntamiento.

           Esta prioridad con respecto a Puerto Espíndola se reflejó también en el acondicionamiento de sus accesos. En mayo de 1876, la gestión de las prestaciones vecinales (tres días de trabajo personal o su equivalente en metálico) canalizó el esfuerzo de los vecinos hacia la mejora de la calle y la Plaza de Montserrat, destinando los remanentes de fondos al camino de La Lama, la vía principal que conducía al embarcadero.

           Conservación del patrimonio y ordenación del espacio urbano

           La Corporación liderada por Rodríguez López mantuvo un estricto rigor en la tutela del patrimonio y la mejora estética del pueblo. En abril de 1876, el Ayuntamiento dio cuenta de la demolición del campanario del antiguo convento de La Piedad, realizando las averiguaciones pertinentes sobre el hecho, tras lo cual constató que la cantería fue donada por el propietario, José Buenamuerte González, al párroco de Barlovento para la reconstrucción de la espadaña de la Iglesia del Rosario.

           Asimismo, uno de los acuerdos urbanísticos más ingeniosos de la época tuvo lugar en el entorno de La Alameda. Para evitar que la atarjea del agua pública atravesara y desfigurara el centro del paseo interrumpiendo el tránsito vecinal, el Ayuntamiento acordó por unanimidad ceder un pequeño trozo de terreno erial a los herederos de GregorioJosé Medina. A cambio, los propietarios permitieron desviar el canal del agua por el interior de su finca manteniendo libre el acceso para su mantenimiento, lo que permitió alinearlas fachadas y elevar la calidad estética y funcional de la calle y Alameda.

           Faceta empresarial y estancia en Santa Cruz de Tenerife

           En 1869, en la sección de Fomento del Gobierno Civil se instruyó un expediente a instancia de don Tomás Rodríguez López, para que se le permitiera la construcción de una casa en el embarcadero de Espíndola, cuya obra tenía por objeto poner a cubierto de la intemperie la carga de los barcos menores que se abrigaban en aquella cala dedicados a la conducción de frutos a la capital.

           Asimismo, en 1868, en el periódico El Progreso se anunciaba la llegada procedente de La Palma del buque “Juanito” con madera de tea de superior calidad compuesta de vigas…, las que a la llegada se venderán según lo manifestado por su dueño don Tomás Rodríguez López. Nuestro personaje se hospedó en el Hotel Italiano de la capital tinerfeña.

           Fuentes y archivos consultados

  • Archivo Municipal de San Andrés y Sauces. Sesiones de Julio y Octubre de 1876.
  • Periódico El Progreso 1868.
  • San Andrés y Sauces…una mirada a su pasado. José A. Batista y Néstor Hernández.
  • Fotografía de la Ciudad de Los Sauces, Plaza de Montserrat y Alameda.1910. Archivo General de La Palma. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.  

*Manuel Marcos Pérez Hernández es cronista Oficial de San Andrés y Sauces

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