Puerto Espíndola, de embarcadero a motor económico del Norte de La Palma

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Puerto Espíndola. 1920. Fondo Eulogio Hernández y Fernando Fernández. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.

La historia de Puerto Espíndola está estrechamente vinculada a la evolución económica de San Andrés y Sauces y al papel que desempeñó el transporte marítimo en las comunicaciones de La Palma. En una isla de orografía accidentada, donde los desplazamientos por tierra resultaban lentos y complicados, disponer de un punto de embarque en la costa constituía una necesidad para una comarca que, por su producción agrícola, llegó a ser considerada la despensa de la isla.

Antes de convertirse en una pequeña infraestructura portuaria, Espíndola era un embarcadero utilizado por los pescadores y por quienes necesitaban trasladar personas y mercancías por mar. Las dificultades de acceso y la exposición de la costa a los temporales condicionaban aquellas operaciones, pero la navegación ofrecía una alternativa imprescindible para conectar el norte con Santa Cruz de La Palma.

La importancia de este enclave explica que en septiembre de 1896 se decretara el estudio de un puerto de interés general de segundo orden en la costa de San Andrés y Sauces, entre la punta de Espíndola y sus bajas. En diciembre del mismo año se aprobaron los gastos para la ejecución de los trabajos previstos.

En 1908, el ingeniero Juan José Santa Cruz redactó el Proyecto de Puerto de Interés General de Segundo Orden para Espíndola en la Isla de La Palma. Su propuesta pretendía dar respuesta a estas necesidades mediante unas obras que permitieran mejorar las condiciones de atraque y las operaciones de carga y descarga.

El proyecto, sin embargo, debía afrontar importantes dificultades técnicas. La violencia del mar, especialmente en las costas abiertas al norte y al nordeste, obliga abuscar soluciones constructivas capaces de resistir los temporales. La seguridad de las obras y su coste constituían dos exigencias difíciles de conciliar, como reconocía el propio ingeniero en su memoria.

En marzo de 1909, el periódico El Progreso informó de la subasta de las obras de Puerto Espíndola. La adjudicación se produjo el 23 de abril de ese mismo año, por un presupuesto de contratación de 245.451 pesetas. Fue adjudicada a Eladio Duque Batista.

 Las primeras obras y las sucesivas modificaciones

El proyecto inicial no permaneció inalterado. A propuesta del Sindicato Agrícola de San Andrés y Sauces, la Jefatura de Obras Públicas de Tenerife introdujo modificaciones que afectaban a la disposición de los diques y a la longitud del muelle. La reforma fue autorizada por Real Orden de 19 de septiembre de 1913, sobre la base de un anteproyecto redactado en diciembre de 1912.

Una Real Orden de 6 de marzo de 1917 dispuso que se estudiarán nuevas modificaciones, teniendo en cuenta la experiencia acumulada en las obras ya ejecutadas.

Un puerto con intenso movimiento comercial

La documentación técnica permite apreciar la relevancia alcanzada por Puerto Espíndola durante las primeras décadas del siglo XX. Los estudios que culminaron en el proyecto de 1929, redactado por el ingeniero Antonio Peralba, recogían datos sobre las embarcaciones que frecuentaban la ensenada y el volumen de mercancías transportadas. El periódico Diario de Avisos del 8 de abril de 1929, se hace eco de que “las actuales murallas de contención están en pésimo estado” y urgía a ponerle remedio debido a que era el único sitio que se puede emplear para el tráfico de pasaje y carga diariamente.

Según la información publicada en 1998 por el periódico La Isla de La Palma, el movimiento anual estimado alcanzaba las 11.000 toneladas de exportación y las 10.000 toneladas de importación. Recibía mensualmente dos vapores y entre tres y cuatro pailebotes.

Estas cifras demuestran que Espíndola no era únicamente un refugio para pequeñas embarcaciones. Constituía un punto de actividad comercial de considerable importancia. La relevancia alcanzada por productos como la cebolla y otros denominados “frutos del país” convirtió a Puerto Espíndola en escala habitual de numerosos barcos con destino a Cuba y otros mercados. 

Los temporales y las dificultades de consolidación

La naturaleza volvió a poner a prueba las instalaciones en febrero de 1936, cuando los temporales ocasionaron extraordinarias averías en las obras ejecutadas. Las deficiencias de abrigo obligaron a plantear nuevas actuaciones para reparar los daños y mejorar las condiciones del puerto.

La documentación de estas reparaciones, cuya liquidación se menciona en octubre de 1941, pone de manifiesto que las soluciones adoptadas hasta entonces

 no habían conseguido garantizar una protección suficiente frente al oleaje.

Pero toda esta actividad portuaria comienza a declinar con la llegada de la carretera del Norte al municipio. Poco a poco, el transporte de mercancías y personas se hará por carretera en vehículos particulares y públicos. Esto hace que Puerto Espíndola deje de albergar un pequeño puerto comercial, con mucha actividad, y pase a quedar básicamente como núcleo pesquero marginal.

En 1952 Luis Cuscoy lo describe magistralmente:  “Si no fuera por el mar, el silencio taladraría las horas. Hay demasiada paz en aquel litoral verde y negro donde no llegan más barcos que los de pesca y donde los marineros muerden su cachimba a la sombra, con el azar de la baraja entre los dedos”.            

           Bibliografía y fuentes

  • Puerto Espíndola se hace realidad. La Isla. 1998. Biblioteca de la Universidad de La Laguna, Hemeroteca.
  • Proyecto de Acondicionamiento del Litoral y Refugio Pesquero. Joaquín Soriano y Benítez de Lugo. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces.1998.
  • El Progreso. 1909. Adjudicación obras proyecto Puerto Espíndola.
  • La Opinión . 1913. Aprobación proyecto reformado de Puerto Espíndola.
  • Batista Medina, José Antonio. San Andrés y Sauces y el mar. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces. 2014.

*Manuel Marcos Pérez Hernández es croista oficial de San Andrés y Sauces

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