San Miguel de La Palma: del agua y el azúcar al arte de Flandes

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Iglesia de San Miguel de Tazacorte. 1900. Archivo General de La Palma.

Cada 29 de septiembre La Palma celebra la festividad de San Miguel Arcángel, patrono de la isla. La fechanos lleva a uno de los episodios decisivos de nuestra historia: el 29 de septiembre de 1492, festividad del Arcángel, Alonso Fernández de Lugo desembarcó por Tazacorte e inició la conquista de Benahoare. Desde entonces, el nombre de San Miguel quedó estrechamente unido a La Palma.

           Tras la conquista comenzó una profunda transformación del territorio. Tierra y agua fueron repartidas entre quienes habían participado en la empresa militar, la habían financiado o contribuyen a la nueva colonización. Como ha estudiado Ana Viña Brito, en La Palma fueron frecuentes las datas mixtas, en las que tierra y agua aparecían unidas. No era casual: el nuevo cultivo destinado a generar riqueza era la caña de azúcar, que necesitaba regadío abundante y la construcción de ingenios para su molienda.

           La geografía marcó pronto dos espacios azucareros. En el oeste, las aguas de la Caldera permitieron desarrollar los cañaverales de Argual y Tazacorte y levantar dos grandes ingenios. En el nordeste, las abundantes aguas de Los Sauces hicieron posible otros dos. De este modo, buena parte de la primera economía de exportación de La Palma quedó vinculada a dos territorios donde el agua era la verdadera riqueza.

           Los Sauces ocupan en esta historia un lugar singular. El 29 de enero de 1502 el Adelantado concedió a Pedro de Benavent, mercader catalán, representado por Gabriel Socarrás, la mitad del río de Los Sauces y de las tierras que con aquellas aguas pudieran aprovecharse. Años después, en 1511, la Corona confirmó a Benavent aquel repartimiento y la licencia para construir los ingenios necesarios. La otra mitad quedó vinculada al propio Alonso Fernández de Lugo. Así nacieron las dos haciendas azucareras del lugar: la relacionada con el Adelantado, conocida después como Hacienda de los Príncipes, y la de los Señores o de los Catalanes.

           Alrededor de ellos se fue formando el núcleo de Los Sauces. El azúcar no fue, por tanto, únicamente un cultivo: condicionó el poblamiento, las acequias, los caminos, las relaciones de propiedad. En aquel paisaje surgió también la primitiva ermita de Nuestra Señora de Montserrat, levantada en los primeros años del siglo XVI.

           Algo semejante ocurría en Argual y Tazacorte. Allí las aguas procedentes de la Caldera permitieron poner en producción amplias extensiones de caña. Los repartimientos muestran con claridad esa intención: se entregaban tierras de regadío para hacer azúcar y se reservaban lugares apropiados para instalar los ingenios. Los dos establecimientos del Valle de Aridane y los dos de Los Sauces convirtieron La Palma en una de las islas destacadas del primer ciclo azucarero canario.

Casa Massieu Monteverde. Tazacorte. Archivo Manuel Rodríguez Quintero.

El azúcar palmero comenzó entonces a viajar hacia los grandes mercados europeos. Amberes ocupó un lugar fundamental. En sus muelles se comercializaba parte de aquel producto que había nacido gracias al agua de la Caldera y de Los Sauces. Y por las mismas rutas regresaban a la isla, tejidos, objetos suntuarios, pinturas y esculturas procedentes de los grandes talleres del norte de Europa.

           Ese intercambio explica uno de los rasgos más extraordinarios del patrimonio artístico de La Palma: la importante presencia de obras flamencas. Jesús Pérez Morera ha estudiado ampliamente la relación entre las haciendas azucareras, sus propietarios y la llegada de imágenes y tablas procedentes de Flandes. El azúcar salía de la isla y el arte regresaba en los barcos del tornaviaje.

           Entre esas piezas sobresale la imagen de San Miguel Arcángel conservada en Tazacorte, una escultura en madera policromada atribuida a un taller de Amberes y fechada hacia 1513-1522. Su llegada se relaciona con el florecimiento de la hacienda azucarera de Jácome de Monteverde. Cuando éste se estableció en La Palma en 1513 encontró muy deteriorada la antigua iglesia de San Miguel y promovió la construcción de un nuevo templo, enriquecido con imágenes, pinturas y ornamentos adquiridos a través de sus relaciones comerciales con Amberes.

           La vinculación de Tazacorte con San Miguel quedó también escrita en los propios repartimientos. A comienzos del siglo XVI las datas denominaban aquellas tierras “Los Llanos de San Miguel”. En 1503 se concedían allí tierrasde regadío para hacer azúcar y, dos años después, otra data volvía a hablar de “Los Llanos de Tazacorte, que se dice asimismo Los Llanos de San Miguel”, junto con el agua de la Caldera y el lugar necesario para levantar un ingenio. El nombre del arcángel quedó así ligado desde los primeros años a la colonización del territorio.

          Por eso, al celebrar cada 29 de septiembre a San Miguel de La Palma, podemos recordar mucho más que una advocación religiosa. Aquella fecha nos conduce al comienzo de una nueva etapa histórica y a un tiempo en el que la tierra, agua, caña, ingenios, comercio y arte quedaron profundamente enlazados.

           Fuentes bibliográficas

  • PÉREZ MORERA, Jesús. El azúcar y su cultura en las Islas Atlánticas.
  • VIÑA BRITO, Ana. Aproximación al reparto de tierras en La Palma a raíz de la conquista.
  • PÉREZ MORERA, Jesús. El arte de Flandes en la Isla de La Palma.  

          Fotografía

  • Iglesia de San Miguel de Tazacorte. 1900. Archivo General de La Palma.
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