El español en África: un puente de futuro... y de doble vía
Desde Casa África nos sentimos profundamente orgullosos de haber impulsado, junto a un socio esencial como el Instituto Cervantes, la edición de ‘El español en África subsahariana’ (2026), un libro mayúsculo de 685 páginas, un trabajo coral de 55 autores (africanos y españoles), con cuatro secciones y 31 capítulos que, entre otras cosas, documenta rigurosamente el actual estado de la enseñanza del español en 21 países de la llamada África subsahariana.
Esta obra no es una simple actualización a un trabajo que se publicó en 2014; es un trabajo de “nueva planta” que hace una foto del español que se habla y se estudia hoy al sur del Sáhara, y que nos ha obligado a reconocer que nuestra lengua está muy viva, que se está moviendo de forma activa y dinámica por toda África, y que su avance es, por encima de cualquier miedo o temor, una gigantesca oportunidad.
Permítanme primero ponerles en situación: nuestra labor en favor del hispanismo africano no es reciente. Ya por 2014, en Casa África, por iniciativa del entonces jefe del área de Cultura y Educación, Juan Jaime Martínez, impulsamos la primera gran publicación que documentaba la enseñanza del español en la región, y nos desveló que ya entonces había 1,3 millones de estudiantes de español, un mapa humano que desmentía cualquier mirada simplificadora sobre el continente.
Desde entonces, hemos actuado como un consorcio de diplomacia pública volcado en fomentar el diálogo entre sociedades civiles, conectar como fuese posible a los hispanistas de todo el continente, que son muchos más de los que pensamos.
Y no nos limitamos a observar; hemos promovido activamente conferencias y grandes encuentros, como la serie de Encuentros de Hispanistas África-España iniciada en 2019, para visibilizar a esa “infraestructura humana” compuesta por profesores e investigadores que sostienen el español en aulas muchas veces masificadas y con recursos limitados. Nuestra alianza con el Instituto Cervantes ha sido el motor de resultados tangibles, como la apertura de una sede del Instituto en Dakar (Senegal) en 2021 y la nueva sede del Aula Cervantes en Abiyán (Costa de Marfil), inaugurada hace muy pocos días. Hoy, en nuestra institución, tanto Ángeles Jurado al frente del área de Cultura y Educación, como Estefanía Calcines al frente de la Mediateca y la página web, continúan trabajando en este fomento del español en África.
Porque la extensión de todas estas redes de contacto generadas con el impulso conjunto de tantos años de trabajo nos han permitido ahora ser más ambiciosos y exhaustivos para conseguir en este último libro una cifra real, esa foto que les decía era necesario hacer en todos y cada uno de los países africanos que sabemos que impulsan la enseñanza del español. Y la cifra es, sencillamente, impresionante: hoy hay 3.556.675 estudiantes de español en África subsahariana.
Esta región ya aporta el 13,53% de todos los aprendices de español del mundo. África subsahariana se ha consolidado como la cuarta región del mundo en peso neto de estudiantes, situándose solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y la propia Europa. De hecho, de entre los 15 países con mayor número de estudiantes de español en el planeta, cinco ya son africanos: Camerún, Costa de Marfil, Benín, Senegal y Gabón.
Pero, ¿cómo se aprende español en un territorio tan vasto? El libro, cuya coordinación científica ha recaído en el profesor Javier Serrano Avilés, propone una clasificación muy útil para entender el lugar que ocupa nuestra lengua en los distintos sistemas educativos africanos.
En algunos países, como Camerún, con 1,2 millones de alumnos, o Costa de Marfil, con alrededor de un millón, el español cuenta con una alta institucionalización: forma parte de manera sólida del currículo oficial y se estudia como una asignatura troncal dentro de la educación pública. En estos contextos, el español no es una rareza ni una opción marginal, sino una lengua presente en las aulas y también en la vida cotidiana de muchos jóvenes.
En otros países, como Madagascar o Togo, la institucionalización es media: el interés por el idioma crece con fuerza y gana espacio, aunque su enseñanza todavía no alcanza a toda la red de institutos públicos.
Y existe también un tercer grupo, el de países con baja institucionalización, como Ghana, Sudáfrica o Kenia, donde el español no suele estar incorporado de forma generalizada a la secundaria pública, pero sí mantiene una presencia muy relevante en las universidades y en determinados centros privados, especialmente aquellos vinculados a élites académicas, profesionales o internacionales.
Lo más relevante para nosotros es que el 85% de estos estudiantes proceden de la enseñanza secundaria pública. Esto significa que el español en África no es un lujo para unos pocos, sino una decisión educativa de Estado que garantiza que millones de jóvenes crezcan vinculados a nuestra cultura. Muchos países, en este caso países francófonos, incluyen el español como opción de segunda lengua.
Detrás de cada cifra hay una historia personal que nosotros queremos poner en valor. El éxito del español en África responde a motores muy diversos. Nuestro querido Pepe Naranjo, periodista canario que lleva dos décadas informando de y desde África, cuenta en un delicioso artículo que pone colofón al libro diversas anécdotas sobre cómo a través del idioma español ha vivido innumerables experiencias por todo el continente.
Desde explicarle a jóvenes enganchados a La Liga en un rincón perdido de un afluente del río Congo qué significaban palabras en español que escuchaban cada semana durante las retransmisiones de los partidos a oír en una remota aldea del interior de Mali a un emigrante retornado por las vacaciones decirle que vivía y trabajaba en Roquetas de Mar.
“Puede parecer algo banal –escribe Naranjo- pero la emigración y el fútbol, así como la música cubana y las telenovelas latinoamericanas, han sido probablemente los mejores embajadores de la lengua española entre los pueblos africanos en las últimas décadas”.
Nuestra experiencia por África nos ha enseñado que el español se percibe como una lengua de diálogo y no de dominación. Frente al declive de otras lenguas coloniales, el español ofrece una conexión con lo latino, con el fútbol global y con la música, pero también con una literatura propia, la afrohispánica, que está africanizando los currículos universitarios desde Senegal hasta Sudáfrica.
Desde Casa África siempre hemos defendido que la lengua es una herramienta de desarrollo. El español actúa como un “vehículo de confianza” para las empresas. Como bien señala el presidente de la Cámara de Comercio de España en Senegal, Ramón Nicolau, dominar el español es un acelerador de redes empresariales.
En un reciente acto con hispanistas en Senegal, en el que se desveló el dato de los 3,5 millones de estudiantes, Nicolau recordó que tener a más de tres millones de personas con conocimientos de español en África facilita que nuestras empresas aterricen en mercados emergentes. No es solo hablar el mismo idioma; es compartir un ecosistema de negocios que es el segundo más importante del mundo en términos económicos, solo superado por el inglés. El español da oportunidades de inserción laboral a los jóvenes africanos, permitiéndoles trabajar en organismos internacionales, en proyectos de cooperación o en el creciente sector turístico y comercial. De ahí a que sea fundamental hacer entender que es miope considerar que la enseñanza del español en África pueda vincularse al fenómeno migratorio hacia España: es un puente de doble vía.
Este libro no es una meta, sino un punto de partida. Nos plantea el reto de no caer en la autocomplacencia, porque somos muy conscientes de que esta cifra se ha logrado prácticamente sin inversión desde las instituciones españolas. Existe aún una brecha considerable entre el enorme volumen de estudiantes y el apoyo institucional que reciben. Por ejemplo, Benín tiene tantos estudiantes como Alemania, pero una infraestructura de apoyo infinitamente menor.
Por ello, tal y como anunció el director del Cervantes, nuestro amigo Luis García Montero, hemos dado un paso estratégico fundamental: la creación del Observatorio del Español en Contextos Africanos (OECA). Este centro, coordinado por el Instituto Cervantes, nos permitirá realizar un seguimiento estable, detectar necesidades de formación de profesores y ofrecer información fiable para diseñar mejores estrategias de cooperación.
En definitiva, que ante la responsabilidad que nos otorga conocer esta cifra, a las instituciones públicas nos toca ahora entender que África no es un destinatario pasivo de nuestra lengua. Debemos estar ahí. Los africanos están apropiándose del español, hibridándolo y dándole nuevos significados. Y eso es maravilloso. El futuro del español ya lo estamos construyendo junto a los africanos. Y África subsahariana es, no tengan duda, el espacio donde ese futuro se está inventando con más fuerza, entusiasmo y esperanza.
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