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Narjisse acogió al joven Abselam en su casa en Ceuta y luego viajó a la frontera a comprobar que volvía a salvo

Narjisse prepara comida para dar a los jóvenes que llegaban a su casa.

Soraya Aybar Laafou

Castillejos / Ceuta —
3 de agosto de 2026 22:21 h

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En el lado marroquí de la frontera, Narjisse sujeta su teléfono móvil mientras graba la entrada de los jóvenes que vuelven al país desde Ceuta. “Estoy esperando al muchacho”, le explica a una amiga que le escribe desde España. Está inquieta. Se acerca a la puerta, vuelve, mira el móvil y levanta la vista otra vez.

El joven al que espera es Abselam. Decidió cruzar a España en la noche del pasado jueves junto a decenas de miles de personas migrantes más. “Lleva días en mi casa: le he dado comida, aseo y ha podido hablar con sus familiares todos los días”, explica la mujer a elDiario.es. Abselam, de 25 años, se marchó de una pequeña localidad de Larache, al sur de Tánger, para buscar una oportunidad laboral en Ceuta y, más tarde, en Europa. “Pero ha decidido volver a casa”, dice Narjisse.

Dos chicas caminan tranquilas de vuelta a Marruecos. Una de ellas carga con una bolsa de una tienda de ropa y, la otra, de un supermercado. Están duchadas, peinadas y llevan los móviles cargados. Una escena que contrasta con las imágenes de jóvenes descalzos, sin camiseta y heridos. “Estas chicas habrán recibido ayuda también. Aunque la gente no lo crea, en Ceuta les estamos ayudando. Les damos de comer, les compramos ropa y todo aquello que necesiten. Somos nosotros quienes estamos ayudándoles, con nuestros propios recursos”, apunta la mujer.

Narjisse está algo nerviosa y, después de más de tres horas esperando, se rinde. “Me ha dicho que tenía pocos datos, quizás está esperando a que le dejen salir”. En ese momento, decenas de jóvenes continuaban apareciendo entre las vallas, sobrepasando la puerta que les da, de nuevo, la bienvenida a casa, entre la alegría y las lágrimas de sus familiares. “Si Dios quiere, me escribirá pronto con buenas noticias”, cuenta al despedirse de elDiario.es.

Unas horas después, el móvil de esta periodista se enciende. “Abselam ya está en casa con su madre y sus hermanos. Te aviso para que te quedes tranquila”, escribe la ceutí.

Narjisse conoce de primera mano lo duro que es atravesar la frontera. Nacida también en Larache, en 1999, y después de cuatro intentos, cruzó a Ceuta irregularmente. Lo hizo tres veces a nado y, finalmente, la última, por tierra, según recuerda. Tenía 17 años. “Yo fui una menor migrante no acompañada (MENA) y no puedo dejar de evitar ponerme en la piel de todos los jóvenes que han salido estos días de Marruecos para venir hasta aquí”, explica, emocionada. Narjisse vivió tres años en la clandestinidad, entre la calle y el centro de menores, hasta que finalmente conoció a Farid, su marido.

“Hay gente que no comprende que hagamos esto”

Al día siguiente, Narjisse barre las calles junto a Jadduya, amiga y vecina del barrio de los Rosales en Ceuta. “No queda pan, así que no nos queda otra que preparar y hornear. Tenemos que seguir como podamos”, explica Jadduya, mientras conduce su coche por la ciudad. Ella, como Narjisse, lleva desde el miércoles asistiendo a cientos de marroquíes que andan por Ceuta. “Están en los aledaños del centro de la ciudad o escondidos en las montañas y en los bosques”, cuenta.

Jadduya aparca el coche cerca de la barriada de El Príncipe y marcha a preguntar a un grupo de jóvenes qué necesitan. “No vamos a parar de ayudar, pero esto debe calmarse pronto”, dice al volver a entrar al coche.

En la puerta de casa de Narjisse y su marido Farid hay una fila de marroquíes que esperan. “Ya vamos, chicos”, les dice la mujer. Al abrir el primer portón de su casa en Los Rosales, una mesa larga con decenas de platos y cucharas está preparada para servir la comida de hoy: una olla grande con potaje. “Ayer preparé macarrones, hoy potaje y mañana haré lentejas”, explica mientras abre la olla.

Por las tardes salgo a repartir merienda, pero intento buscar a las jóvenes y niñas

Narjisse

Al abrir de nuevo la puerta, uno de los jóvenes se ofrece para repartir los platos con la comida servida. Narjisse le guarda un plato, él comerá el último. La mujer sirve, mientras que su marido coloca una cuchara en cada uno y se los entrega al joven voluntario para que los reparta. 15 minutos después, han gastado alrededor de 220 platos y no queda más potaje.

“El 95% de la gente en Ceuta es profundamente solidaria”, cuenta Farid al terminar de servir todas las raciones. “Hay gente que no comprende que hagamos esto”, añade. Frustrada por no haber podido dar de comer al resto de jóvenes que se agolpaban en su casa, Narjisse añade: “¿Cómo vamos a dejar de hacerlo?”. Al entrar en el interior de la casa, la presencia de ayuda no cesa. En las escaleras hay unas bolsas llenas de cruasanes de chocolate. “Por las tardes salgo a repartir merienda, pero intento buscar a las jóvenes y niñas”, explica Narjisse.

La mujer trabaja como intérprete en el cuartel, mientras que Farid es coordinador del Grupo Municipal de Ceuta Ya!, un partido político ceutí de ámbito local y de ideología progresista. “Somos una familia humilde que, con todo lo que podemos, ayudamos a todo el que lo necesite”, explican en el interior de su hogar.

Al rato, Narjisse recibe una videollamada. “¡Salam, Abselam!”, grita con emoción. El rostro del joven aparece en la pantalla. Tras unos minutos de conversación, Narjisse cuelga la videollamada. Lanza un suspiro de alivio interminable.

La Ceuta solidaria

La tarde se desarrolla entre anécdotas de la pareja y sus vecinos. Todas aluden a la solidaridad. Cuentan que un menor les pidió el teléfono para hablar con su madre y acabaron llorando con él. Su madre no sabía dónde estaba y llevaba días sin conseguir contactarle, explican. “El joven había entrado porque sus amigos también lo iban a hacer, después se dio cuenta de que solo iba a pasar frío, hambre y miedo”, añade Farid.

El 95% de la gente en Ceuta es profundamente solidaria

Farid

La pareja también cuenta que ellos no son los únicos. Una gran parte del vecindario está volcada. Farid rechaza las publicaciones de algunos jóvenes influencers marroquíes en redes sociales. “Mira, mira, este dice que les estamos pegando”, añade. “No es justo, nosotros priorizamos la humanidad”, sentencia.

En la ciudad autónoma han proliferado iniciativas como la de la ONG ceutí Luna Blanca, que ha repartido en los últimos días más de 12.000 comidas entre las personas migrantes que accedieron a la ciudad durante la entrada desde Marruecos.

La Asociación Elín en Ceuta destaca que “diferentes colectivos y personas de la sociedad ceutí se han movilizado para hacer llegar alimentos” a las personas migrantes. Aunque la ONG “agradece profundamente estas iniciativas solidarias, recuerda que garantizar el acceso a alimentos y unas condiciones de vida dignas corresponde a las instituciones públicas y no puede depender de la ciudadanía”. “Además, advierte de que estos esfuerzos no están alcanzando a todas las personas afectadas”, dice la asociación en un comunicado en el que exige “el suministro inmediato de alimentos, información clara y veraz sobre la situación de las personas retenidas y el cese de cualquier medida incompatible con la dignidad humana y con el derecho a solicitar protección internacional”.

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