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Espacio de opinión de Tenerife Ahora

Cohaerentia

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Indra Kishinchand López

1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.

2. f. Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

RAE

La semana pasada me llegó un verso a casa que decía que hoy no había excusas suficientes para rendirse. Subí el verso andando los cuatro pisos que me quedaban hasta llegar a mi cuarto con la respiración entrecortada y el latir de mi corazón en la garganta. Me senté encima de la cama intentando calmarme con aquel papel entre mis manos y me percaté de las letras que había dejado sin leer: “Tal vez lo poetas tengan razón. Tal vez el amor es la única respuesta”.

No sé quién me dejó un trocito de vida con caligrafía perfecta en el buzón. No sé si era un mensaje directo o un recado para cualquiera que fuera capaz de entenderlo. Desconozco también las razones por las que me causó tal estado de ánimo; desconsuelo, nerviosismo, pesadumbre, contrariedad. Estuve un buen rato pensando que cuando se dice amor siempre se concibe como amor romántico o amor de pareja, pero “tal vez el amor es la única respuesta” y alude a todo lo que no es eso, a todo lo que ni siquiera lo intenta.

El amor más fallido de nuestros días es aquel que se profesa hacia el otro, hacia una sociedad que se alimenta del egocentrismo más absoluto. Últimamente me pregunto con más insistencia de lo habitual la manera de encontrar el equilibrio entre lo que se es y lo que se quiere ser. Antes era capaz de aceptar que estaba rodeada de buenas intenciones fallidas, pero ahora es como si nadie dedicara un minuto de su tiempo en disimular que no hay nada más allá de sí mismo que le importe.

También reconozco en mi carácter un matiz de dramatismo innato e irascible que llora antes las desgracias más mínimas, que grita en silencio por todos los que actúan pasivos en una existencia que les interese menos que el dinero de su cuenta. Nada es más fácil que ser predicador de tus propios miedos y hacerlo con el humor suficiente para aparentar que nada te importa, que nadie te conoce, que nadie te escucha.

Reconozco en este mi carácter lágrimas diarias por ver a alguien que pide para comer y tener que mirarle a los ojos y decirle “no tengo” en lugar de “hoy no quiero”. Les regalaría mi tiempo si con eso fuera arreglar algo, pienso. Pero el condicional siempre lleva detrás una excusa que pocos son capaces reconvertir en años útiles. Y cuando digo útiles no digo ricos. No digo económicamente rentables. Cuando digo reconvertir no me refiero a la aparición de tres coches y cuatro casas. Cuando hablo de útiles hablo de abstractos en lo que siquiera me encuentro, pensamientos en los que ni siquiera me entiendo.

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