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Se acabó la broma

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Con todos los langostinos pelados y devorados, con todos los cotillones destripados y todos los papeles de regalo abiertos damos por finalizado el sueño que se repite año tras año por estas fechas. A partir de ahora, tras los breves cinco minutos iniciales de lamentaciones por el exceso de peso adquirido o la insuficiencia de ahorros con los que nos quedamos, hay que ponerse manos a la obra porque queda mucho por hacer.

El contexto de volatilidad y de estabilidad no dice nada más que lo que realmente quiere decir. Estamos en la fase alcista del crecimiento económico y este está comportándose de forma decreciente. Nada tiene que ver con lo acontecido allá por 2007-2008. Simplemente, como pura matemática aplicada, cuando las macromagnitudes crecen en un primer momento a grandes pasos, los porcentajes de evolución son menores (aun siendo cuantitativamente mayores). Me explico. Si pasamos de 1 a 2 (creciendo en +1), crecemos en el 100%. Pero si pasamos de 10 a 15 (creciendo en +5), el porcentaje se sitúa en el +50%. Y si ese porcentaje pertenece al producto interior bruto (PIB), como el empleo es consecuencia del crecimiento económico, a menor crecimiento del PIB mundial, menor evolución en el incremento de los puestos de trabajo y, por lo tanto, ralentización en la caída de la tasa de paro.

No obstante, este año escalón ya llevamos tiempo esperándolo y se ha errado en los pronósticos. Sin embargo, en 2019 parece que, dado el contexto de incertidumbre internacional, europeo y nacional, en mayor o menor medida se acertará. A nivel internacional, el conflicto comercial arancelario entre Estados Unidos de América y China (con modificaciones de tipos de interés y evolución de la paridad de sus monedas incluidas). A nivel europeo, el brexit y sus no ponderadas repercusiones que tendrán tanto para propios como para extraños.

Además, los continuos globos sonda relacionados con una posible subida de tipos de interés (como ya se está haciendo en otras partes del mundo) están sobrevolando sobre la cabeza del Banco Central Europeo. Y en el ámbito nacional, la falta de modelo de decisión de cohesión económica y territorial junto a, por ahora, una inexistente expresión contable de la política económica claramente definida para el próximo ejercicio hacen que los planes de los operadores económicos y sociales se mantengan en un margen de incertidumbre a la espera que los planes se vayan esclareciendo. Para más inri, allá por el mes de mayo hay comicios electorales en diferentes niveles de la administración pública, añadiendo nervios a la situación.

Ante este panorama, ¿qué hacemos? ¿Sumirnos en una profunda tristeza por lo que pudo ser y no fue? No. Mejor avanzar y poner todo lo que esté en nuestras manos para que, aprendiendo de las vicisitudes del pasado, construyamos escenarios de futuro en los que no solo todas las partes se vean beneficiadas, sino todas las partes avancen de forma conjunta.

*Economista

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