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El grosor de la piel

- Pero ¿¡tú has visto lo que ha dicho!? ¡Es tremendo!

- Sí. Sí que lo he visto. Te recomiendo que no lo tengas en cuenta.

- ¡Mucha tranquilidad veo por aquí! ¡Parece que te hace falta sangre para imponerte!

- No se trata de imponerse. Se trata de no hacer caso.

- ¡No sé cómo puedes pensar así! ¡Dinamitan la convivencia, plantean barbaridades y ¿no les piensas decir nada?!

 - No, porque lo que busca la provocación es la propia provocación. ¿No te das cuenta de que está esperando a que se le responda? ¿No te das cuenta de que si se le responde estás tomando en consideración una serie de tonterías que no deben ni merecer segundo alguno de nuestras vidas?

- Pero ¡es que yo tengo sangre en mis venas! 

- Y yo también. Pero tengo paciencia para no alterar mi conducta por que el resto desee que la altere. Suponte que a tu círculo más cercano no le gusten tus brazos. Por la razón que sea. ¿Te los cortarías?

- No. Ni hablar.

- Pues con las ideas debería pasar lo mismo. Vivimos en libertad y la única forma de dejar de lado la intolerancia, lo retrógrado o lo extemporáneo es mediante el aislamiento. De esa forma no aparece en nuestros debates y así no te provoca alteración alguna. Verás como la gente termina por olvidarse.

- ¿Y el efecto mariposa? 

- Ya sé que existe y en él se basa como concepto la mismísima teoría del caos. Pero para ello se deben dar determinadas circunstancias peculiares para que, por pequeña que sea la alteración entre dos situaciones, de forma acumulativa se convierta en una perturbación acrecentada. Pero también puede originarse la disipación del efecto inicial si no se tienen amplificadores a mano que hagan el trabajo sucio cuando no se trata de extender bondades sino mierda.

- Uy. ¿Te he alterado? Tú nunca dices palabrotas.

- No. Simplemente me he vuelto más gráfico. Sigo teniendo mi tensión en los baremos pertinentes. Ni te preocupes.

- Pues no sé si hacerte caso o no. Y eso que no soy una persona que se deja influir por las demás.

- Ya. Eso es lo que tú te crees.

- ¿¡Cómo!? ¿Crees que soy influenciable?

-  No. Creo que eres el prototipo de la irritación. Tienes la piel muy fina y creo que la susceptibilidad hay que utilizarla para temas más importantes más allá de una aparente ofensa.

- ¡Ya me has puesto otra vez de los nervios! ¡Ahora mismo me tomaré dos pastillas más de Tremendina para ver si me relajo!

- Ahora lo entiendo todo gracias al nombre del medicamento. Deberías ir a tu centro de salud y pedir Plaxidez. O mejor aún, céntrate en tu persona, sal a caminar un rato y respira lentamente. Verás que es mano de santo.

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