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Aiako Harria, un paraíso para una escapada rural a media hora de Donostia

La costa de Donostia desde las alturas de Aiako Harria.

El Parque Natural de Aiako Harria (o Peñas de Aya en español) es uno de los rincones más auténticos del Pirineo occidental. En esta zona de la provincia de Guipúzcoa, la cordillera se da un último homenaje de alturas y despeñaderos antes de empezar su declinar hacia las costas próximas a la ciudad de Donostia (San Sebastián). Las cumbres de este macizo de formas atormentadas no es que sean muy pronunciadas. La cima de este conjunto de montañas con forma de joroba de poco más de cuatro kilómetros de longitud mira desde bastante abajo la cota simbólica de los 1.000 metros (los 837 del Monte Erroilbide); pero su cercanía al mar y su fisionomía (fruto de la irrupción violenta y vertical de enormes masas de granito) la convierten en un verdadero espectáculo natural. A sus pies, los bosques de robles y hayas varias veces centenarios, los caseríos, las viejas fortalezas vinculadas a la cercanía de la frontera con Francia y la abundante presencia de monumentos megalíticos prehistóricos hacen del lugar un verdadero paraíso para el turismo rural. Y todo ello a poco más de media hora en coche del área metropolitana donostiarra (son apenas 26 kilómetros).

Las Peñas de Aya forman parte de un cinturón de montañas que sirven de epílogo occidental a la cordillera pirenáica. Como decíamos antes, son una verdadera rareza geológica. Son el único ejemplo de macizo granítico de todo Euskadi y su silueta es un verdadero icono que puede verse desde buena parte de las costas vascas en ambos lados de la frontera (España y Francia). Sus cimas rocosas son tres: Erroilbide, Txurrumurru (821 metros) e Hirumugarrieta (806 metros) y de ahí que muchos las conozcan y llamen como ‘las tres coronas’. Pero el nombre, según dicen, les viene de una proeza del mismísimo Sansón, que lanzó estos peñascos desde el pueblo de Aya que dista unos 30 kilómetros. Y es que la combinación de la magia y la mitología es una de las constantes de los montes y bosques de estas latitudes. En las cuevas que horadan las peñas, por ejemplo, viven los ‘intxisu’, una especie de genios que, entre otras travesuras y bromas, gustan de amontonar piedras formando grandes círculos.

Elizalde, la puerta de entrada al parque de Aiako Harria.- El barrio de Elizalde ejerce de centro histórico y capital del municipio de Oiartzun. Pese a su cercanía con la capital de provincia, este pueblo tiene la personalidad típica de los caseríos rurales vascos. En torno a su bonita Iglesia de San Estéban (gótica y con trazas de verdadera fortaleza) y el Hospital de Peregrinos de San Juan Bautista (renacentista) se arremolinan las viejas casonas. Algunas con casi medio milenio encima, como la Casa Consistorial, una recia construcción del siglo XVII de factura barroca. La carretera GI-3420 corre perpendicularmente a la línea de costa y se interna en la hermosa campiña vasca camino de las Peñas. En Luberri hay un curioso museo dedicado a la riqueza geológica de la comarca, con una impresionante colección de minerales y fósiles y otro centrado en la música popular. Esta es una tierra rica. Las Minas de Arditurri (Arditurri Bidea, 3; Tel: (+34) 943 495 069) se adentran en el corazón mismo de las tres coronas y son una muestra de la explotación de los recursos de la zona desde hace, como mínimo, varios milenios. Este grupo de minas a cielo abierto y galerías subterráneas se han explotado desde la Edad del Hierro, aunque fue en la época romana cuando se inició la excavación intensiva de sus vetas argentíferas (plata) y sus reservas de plomo. Si quieres llegar hasta aquí de una manera diferente a la carretera puedes usar la vía verde, un camino que ocupa el antiguo trazado del tren. Desde Altzibar parte un ‘tren’ turístico que recorre esta vía verde e incluye la visita a las minas.

Una comarca megalítica.- Uno de los atractivos de esta parte de la montaña vasca es la enorme concentración de yacimientos prehistóricos.  En todo el municipio de Oiartzun, que atesora en su territorio buena parte del parque natural, se han localizado hasta sesenta monumentos megalíticos en 18 sitios arqueológicos. Diecisiete de estas estaciones corresponden a cromlechs, círculos formados por piedras de gran tamaño que servían de monumentos funerarios, y una, en Gainzabal, muestra los restos de un dolmen. Estos testigos del pasado más remoto (finales del Neolítico y la Edad del Bronce) se encuentran diseminados por toda el área (iconos morados en el mapa) y son uno de los elementos que forjaron el mito de los ‘intxisu’. El Cromlech doble de Oianleku es el más famoso y célebre. Un claro rodeado de bosque dónde pueden verse los rastros de hasta otras doce estructuras. Pero hay otros lugares que bien merecen una visita, como Eigar, dónde podemos ver siete círculos bastante bien conservados en un lugar dónde puede verse gran parte del parque natural. Pero la presencia de los seres humanos en la zona se remonta mucho más en el tiempo. En la Cueva Torre (Txalaka Bidea) se han descubierto importantes restos del Paleolítico; justo al lado se encuentra la Casa Torre de Arrán, una casa fortificada de origen medieval. Una extensa red de senderos se adentran en el parque conectando estos lugares de interés.

Camino de la frontera francesa.- El extremo oriental del parque linda con el cauce del Río Bidasoa que, en esta zona, coincide con la frontera hispano francesa. En esta parte del parque puedes disfrutar de las manchas de bosque más tupidas del parque. Inmensas frondas en las abunda el roble y el haya. Nos dirigimos por una bonita carretera de montaña hacia la Línea de Erlaitz, una de las huellas históricas más curiosas de la zona. En un claro que domina el corredor del Bidasoa se construyeron varias fortificaciones, torres de vigilancia y baterías de artillería que, curiosamente, no tenían por objeto controlar la frontera. Estas instalaciones se construyeron después de la Tercera Guerra Carlista y tenían por objeto controlar el cauce del río en el caso de una nueva insurrección e impedir el contacto entre eventuales tropas alzadas  vascas y navarras. Las construcciones están en bastante mal estado, pero el camino hasta aquí merece la pena. Una de las joyas naturales escondidas entre estos bosques es la Cascada de Irusta otro de los lugares que hay que visitar si se anda por estos parajes.

Fotos bajo Licencia CC: zubitarra; karrikas; Eneko Bidegain; txindoki; Oarsoaldea

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