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Sánchez le aguanta el pulso a Trump con la guerra de Irán
Los cuatro escenarios que puede dejar la guerra en Oriente Medio
Opinión - 'Cuando la guerra ya no necesita excusas', por Alberto Garzón

The Guardian en español

Los cuatro escenarios que puede dejar la guerra de EEUU e Israel contra Irán

Personal médico retira un cadáver tras un ataque contra un edificio en la plaza Enghelab de Teherán, el 3 de marzo de 2026.

Julian Borger

4 de marzo de 2026 23:16 h

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Por lo que van diciendo las autoridades de Israel y EEUU, se podría deducir que el objetivo del ataque a Irán es infligir el máximo daño posible a los pilares de poder del país, especialmente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, al programa nuclear y al de los misiles balísticos.

Pero el objetivo final, expresado una y otra vez por Donald Trump, es allanar el camino para un levantamiento popular que derribe al régimen religioso que gobierna desde hace 47 años. Trump ha presentado al devastador ataque como una oportunidad única en la vida para que el pueblo iraní “recupere su gobierno”.

El cambio de régimen parece ser más una aspiración que un plan, con mucho dejado al azar y factores difíciles de controlar, o incluso predecir, para cualquiera de los actores de la contienda.

A continuación, cuatro escenarios generales que los expertos ven como posibles resultados de esta nueva guerra en Oriente Medio. No están clasificados por su probabilidad, sino por su nivel de beligerancia: desde la transición amable y ordenada hasta el baño de sangre.

La transición rápida

El escenario soñado por los líderes de Israel y EEUU que en la mañana del sábado ordenaron el ataque sorpresa: las fuerzas armadas iraníes y la Guardia Revolucionaria Islámica deponen las armas, tal y como exige Trump, y los distintos bandos opositores se unen en un gobierno provisional que podría ser dirigido por Reza Pahlavi, el hijo exiliado del sha que gobernó Irán entre 1941 y 1979, cuando fue derrocado por la revolución islámica. No obstante, Trump redujo este martes las posibilidades de que Pahlavi pudiera asumir el liderazgo del país.

Mientras se organizan las elecciones, el gobierno provisional renuncia a los misiles de largo alcance y entrega a Estados Unidos lo que queda del programa nuclear iraní, en particular las centrifugadoras del régimen saliente y las reservas de 440 kilos de uranio altamente enriquecido. También concede a las petroleras estadounidenses la mayor parte del acceso a su mercado energético.

Vista general de las instalaciones de Natanz con daños, el 2 de marzo de 2026

Según los analistas, es el escenario menos probable. La historia sugiere que las dictaduras que se derrumban tienden a ser sustituidas por un nuevo régimen autoritario. En las transiciones violentas, la probabilidad de un resultado democrático es todavía menor, y cuando las herramientas para lograr esa transición son bombas lanzadas desde 15.000 metros de altura, la probabilidad es mínima.

Es muy improbable que la Guardia Revolucionaria entregue las armas a una población hostil o a un nuevo gobierno monárquico. Sus miembros han dominado el país durante muchos años, y podrían considerarse afortunados si sobreviven después de rendirse.

Aunque Pahlavi goza de un amplio reconocimiento y es la figura más popular dentro de la oposición, hay muchos iraníes que recuerdan la brutalidad de la dictadura de su padre y no aceptarían voluntariamente su liderazgo por las dudas que albergan sobre sus credenciales democráticas y la desconfianza contra él.

Lo más probable es que el pegamento de cualquier nuevo gobierno secular provisional sea un nacionalismo compartido, lo que hace más difícil renunciar a los pilares de poder geopolítico de Irán.

El modelo Maduro

Tras el ataque estadounidense contra Venezuela de principios de enero, el desafiante presidente Nicolás Maduro fue rápidamente destituido para que su vicepresidenta asumiera el poder, prometiendo más cooperación con Washington. El régimen se mantuvo, pero Estados Unidos se quedó con gran parte del petróleo.

Probablemente, el mismo resultado tras el asesinato del ayatolá Alí Jamenei el pasado sábado sería más que aceptable para Trump, que ya se ha declarado dispuesto a hablar con los sucesores del difunto líder supremo dentro del régimen.

El modelo Maduro aplicado a Irán requeriría seleccionar a una persona relativamente moderada para sustituir a Jamenei, como el expresidente Hassan Rouhani. También podría ser algún pragmático de línea dura dentro del liderazgo religioso, o de la Guardia Revolucionaria.

Hasán Rouhaní, en una imagen de archivo.

Tras nuevas negociaciones, los nuevos y más cooperativos líderes capitularían, renunciando al programa nuclear y aceptando restricciones estrictas sobre sus misiles. También concederían a empresas estadounidenses amplias concesiones para explotar el petróleo y gas iraníes. A cambio de la capitulación, se permitiría la supervivencia del régimen, al que se le daría vía libre para seguir reprimiendo a los disidentes.

Este es otro escenario que pone un fin rápido a la guerra. No es difícil imaginar a un nuevo liderazgo iraní haciendo más concesiones en aras de la supervivencia del régimen, pero es improbable que surja un nuevo líder si la promesa es una rendición total.

Las nuevas negociaciones con la Administración Trump podrían conducir a un punto intermedio, ni mantener el desafío ni rendirse, lo que da margen a las dos partes para poner fin a la guerra. Estados Unidos retira sus fuerzas y deja a Israel como garante de cualquier acuerdo, con libertad para bombardear si considera que el nuevo gobierno iraní no cumple con sus compromisos.

El régimen capea el temporal

En esta versión, los supervivientes de la campaña de bombardeos se atrincheran y lanzan misiles y drones siempre que pueden. Eligen como líder supremo a un clérigo de línea dura, del estilo de Jamenei, o a un político débil fácilmente controlable por la Guardia Revolucionaria.

Teniendo en mente las declaraciones de Trump sobre una campaña limitada de unas cuatro semanas, los líderes del régimen aún vivos esperan al día en que el presidente estadounidense declare la victoria y retire a su armada, dejando que Israel mantenga la campaña de bombardeos con recursos cada vez más escasos. Muchos analistas consideran que este es uno de los resultados más probables.

Un edificio dañado por un bombardeo de Israel y EEUU en Teherán.

Pero en la peor de las variantes de este escenario, los programas nucleares y de misiles se trasladan a lugares más subterráneos y alejados de la vista de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica. Retiran la fatwa impuesta por Jamenei contra la fabricación de ojivas nucleares y comienzan una carrera para fabricar una “bomba subterránea” con los 440 kilos de uranio altamente enriquecido que, cuando se enriquezca aún más, serán suficientes para fabricar unas diez ojivas nucleares.

Tras repetidos ataques, los líderes supervivientes llegan a la conclusión de que la única garantía de supervivencia es una bomba atómica. La oposición es reprimida con una brutalidad creciente en un régimen cada vez más similar al de Corea del Norte: aislado, paranoico y con armas nucleares.

Guerra civil y caos

En este escenario, las fuerzas del régimen se ven progresiva y gravemente afectadas por semanas de bombardeos de Israel y Estados Unidos, decididos a que la República Islámica no siga en pie.

Tras las deserciones de algunos miembros de la cúpula y las bases de la Guardia Revolucionaria, los manifestantes salen a las calles en masa, sintiendo que su momento por fin ha llegado. Los movimientos separatistas que representan a las minorías de Irán introducen armas por fronteras que han quedado abiertas tras los ataques israelíes y estadounidenses contra los puestos fronterizos.

Aunque los azeríes son la minoría más numerosa, históricamente han sido los kurdos los más organizados y militantes. Con porcentajes de entre el 5% y el 10% de la población, representan la segunda minoría de Irán.

Un grupo de personas se reúne el 18 de febrero en el cementerio Behesht Zahra de Teherán en recuerdo de los manifestantes muertos durante las protestas de enero contra el gobierno de Irán.

En el gobierno regional del Kurdistán, en el norte de Irak, hay bases de grupos etnonacionalistas kurdos. En la provincia de Sistán y Baluchistán, en el sureste, también hay una serie de pequeños grupos separatistas baluchis que llevan mucho tiempo luchando contra el régimen.

A medida que las fronteras de Irán se desmoronan tras la guerra, la inestabilidad se extiende a lo largo de líneas étnicas, con los países vecinos tratando de aprovechar la debilidad. En el centro del país, los seguidores de Pahlavi reclaman el poder monárquico, pero otros grupos opositores que suman décadas de resistencia contra el régimen se niegan a renunciar a su visión de Irán para darle el poder a un exiliado que regresa.

En este escenario de caos creciente, los 440 kilos de uranio altamente enriquecido se convierten en un botín por el que luchar, posiblemente con la intención de venderlo en el extranjero. Es el peor escenario y por lo general no se considera el más probable, pero no es en absoluto imposible.

Traducción de Francisco de Zárate.

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