La memoria de los Danzantes de Huesca: más de 400 años de tradición contados por primera vez
Los Danzantes de Huesca han sido durante siglos una de las imágenes más reconocibles de las fiestas de San Lorenzo, pero hasta ahora nunca habían documentado con tanto rigor y en un libro toda su historia. Ese vacío acaba de llenarse con el libro Danzantes de Huesca: Historia viva, una publicación de 335 páginas y más de 400 fotografías e ilustraciones que ha sido presentada esta semana en el Palacio Villahermosa, en pleno 150 aniversario de la actual agrupación.
Su autor, el historiador oscense Carlos Garcés, cuenta que no es un libro sobre folclore ni un álbum de fotografías, sino que es la historia de Huesca. “Si hablo de la historia de los danzantes, hablo de los grandes hitos que ha vivido la ciudad”, ha resumido durante la presentación.
La investigación de Garcés comenzó hace algo más de un año, cuando la Agrupación de los Danzantes de Huesca le propuso empezar un proyecto que hasta ahora nadie se había planteado. El resultado recorre desde los orígenes del dance, con referencias de algunos investigadores que defienden la existencia de un dance de labradores en Huesca a finales del siglo XVI, hasta la actualidad, aunque la parte más extensa analiza su evolución documentada desde el siglo XVII.
Lejos de limitarse a describir bailes o trajes, el libro busca el rastro de los danzantes a través de guerras, cambios políticos y transformaciones sociales que, además, ayudan a entender cómo ha cambiado la ciudad. Entre los hallazgos de Garcés, cuenta que aparecen referencias “inéditas” a las celebraciones de 1813 tras la expulsión de las tropas francesas, menciones sobre el origen del conocido dance del ‘Degollau’, recuperado en 1928 después de la visita de los danzantes de Barluenga, que interpretaban un baile semejante.
También reconstruye momentos decisivos durante el siglo XX, como el viaje de los danzantes a San Juan de la Peña en julio de 1933 con motivo del Tercer Día de Aragón. Los Días de Aragón se celebraron el monasterio cinco años, de 1931 a 1935, a iniciativa de colectivos aragonesistas como el SIPA (Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón). Destaca Garcés la creación de los danzantes infantiles para asegurar el relevo generacional. De hecho, uno de ellos fue Vitorino Solanes, que llegó a ser mayoral.
Otros dos hitos para recalcar por el historiador oscense fueron, por un lado, la sustitución de las banderas franquistas y de la falange del balcón del Ayuntamiento por las de Aragón y Huesca, bajo las que bailaron los danzantes en un cambio simbólico que quedó reflejado en la tradición. Y, por otro, la incorporación de la mujer al dance, una transformación que Garcés sitúa entre los hechos más significativos de una agrupación que estuvo incluso al borde de desaparecer. “Conforme investigábamos, han ido apareciendo novedades y descubrimientos que nos han permitido entender mejor la historia”, explicó.
Uno de los episodios más interesantes es el relato de cómo el escritor Ramón J. Sender quedó profundamente emocionado tras presenciar la ofrenda de los danzantes, o una historia del siglo XVII en la que los terratenientes protestaban porque sus criados abandonaban su puesto para ver bailar a los danzantes. Una anécdota que, más allá de la curiosidad, refleja el peso social que tenían los dances.
Entre las muchas historias que rescata el libro sobresale la de Hilario Boira, portador del palo de las cintas durante más de cuatro décadas. La Guerra Civil marcó su vida con el fusilamiento de su único hijo, Jorge Boira, y de su yerno, Pedro Albero. Pese a ello, con 72 años volvió a salir como danzante acompañado por el hijo de este último, un niño de siete años que había quedado huérfano.
Aquel vínculo trascendió generaciones y explica por qué hoy el actual Pedro Albero lleva el palo de las cintas, no por herencia familiar, como era tradición, sino por la relación que su familia mantuvo con Hilario Boira, capaces de mantener viva la memoria del dance incluso en los momentos más difíciles.
Esta investigación no hubiera sido posible sin el trabajo del danzante Darío Bajá, a quien tanto Garcés como el presidente de la Asociación de Danzantes de Huesca, Jorge Escario, señalaron como una pieza imprescindible del proyecto. “Mi nombre aparece en la portada, pero el de Darío también debería aparecer”, confesó el historiador.
Por su parte, Escario ha confesado que para la agrupación la publicación supone cumplir uno de los grandes objetivos que se había marcado la nueva junta. El libro, “que tiene rigor y ejemplaridad”, era una necesidad porque permite conocer “de dónde venimos” en un momento en el que pensó que se perdían los valores “y uno de ellos es la tradición”.
En la misma línea, el presidente recordó que la agrupación atravesó momentos delicados en los que su continuidad estuvo amenazada y defendió que comprender la evolución de los danzantes también ayuda a entender la historia de la ciudad. Haber vuelto a bailar en Roma, cien años después, y la creación de una nueva página web son los otros dos objetivos que tenía la junta de la entidad.
Por su parte, la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, ha anunciado que el Ayuntamiento utilizará la publicación como libro institucional de protocolo. Considera que explica la historia de la ciudad a través de una sus manifestaciones culturales más reconocibles y defiende que los danzantes “también hacen ciudad”.
Uno de los aciertos de este libro es demostrar que la historia de los danzantes también es la de sus familiares, la de sus oficios, la de sus generaciones y la de los barrios de la ciudad de Huesca. Desde este jueves, la memoria de los Danzantes de Huesca queda reflejada en un libro que podrá comprarse por 30 euros y que, como dice su autor, “es un regalo para todos los oscenses”.
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