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ENTREVISTA

Vicente Ballester Olmos, ufólogo: “Si la NASA descubre una civilización extraterrestre, no pasaría nada, la gente seguiría igual de loca”

Vicente Ballester Olmos, con su última obra  ‘UAP: Los ovnis del siglo XXI’.

Javier Cavanilles

València —
8 de agosto de 2026 22:22 h

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Cuando, en los años 90, el Ejército español accedió a desclasificar todos sus expedientes sobre platillos volantes confió en Vicente-Juan Ballester Olmos (València, 1948), uno de los ufólogos más respetados a nivel internacional. En su nuevo libro UAP: Los ovnis del siglo XXI (Reediciones Anómalas), a lo largo de más de 700 páginas, repasa medio siglo dedicado al estudio serio de este fenómeno y cuenta con una introducción de Pedro Duque, astronauta y exministro de Ciencia, prueba de que su trabajo está en las antípodas de la ufología pop tan extendida —y tan de moda— tras el estreno de la película de Steven Spielberg El día de la revelación.

Como espectador, y como ufólogo, ¿qué opinión le merece El día de la revelación?

Me has pillado, no la he visto y tampoco tengo mayor interés en verla. En el tema ovnis ya hay suficiente ficción como para importar más. Es una película de un cineasta chiflado por los ovnis y que, muy oportuna y más oportunistamente, ha sabido explotar la creencia —más religiosa que realista, más imaginativa que fundada— en que el gobierno derechista de Donald Trump va a revelar presuntas evidencias de platillos volantes estrellados y restos biológicos que supuestamente custodian secretamente desde hace ochenta años.

Supongo que tras tanto tiempo investigando, habrá llegado a alguna conclusión.

Después de sesenta años —que se dice pronto— de investigación continuada del fenómeno, he llegado al convencimiento de que los ovnis son el resultado del sumatorio de millones de avistamientos genuinos pero malinterpretados, falsos incidentes de encuentros cercanos y de abducciones debidos a fraudes y a algún problema de tipo cognitivo, y al aprovechamiento monetarista del tema por medios de comunicaciones y editoriales. Todo junto ha devenido en un cóctel de características mitológicas y sociológicas que carece de base material ajena a la mano del hombre.

Ballester Olmos, entre el coronel Ángel Bastida y el teniente coronel Enrique Rocamora, en el cuartel del Ejército del Aire en Madrid.

Otro de los tópicos que es el descubrimiento de vida extraterrestre será una especie de tsunami. A mí me da la impresión de que la gente podría asimilarlo con bastante tranquilidad.

Creo que sí. La literatura, la televisión, el cine, la publicidad… todo se ha usado de forma exhaustiva con el tema ovni. Cualquier niño del mundo dibuja el perfil de un platillo volante cuando se le pregunta por un ovni. Ya no hay testigos inocentes. Todo el mundo está contaminado. Pero, al mismo tiempo, preparado. Si mañana la NASA anunciara haber descubierto un planeta a 100 años-luz mandando señales electromagnéticas propias de una civilización extraterrestre avanzada, no pasaría nada. La sociedad seguiría igual de loca como en la actualidad. Mira, a lo mejor, se cura algo, aunque solo sea por acongoje.

¿Cómo describiría la actual situación de la creencia ovni en el mundo y hacia dónde se dirige?

Vivimos un tiempo sin precedentes. Tras una intensa campaña por parte de un grupo de políticos influyentes de ambos partidos, de militares y oficiales de inteligencia, con el apoyo de los ufólogos más radicales, hoy tenemos al poderoso Departamento de Guerra de los Estados Unidos, con sus recursos ilimitados, tratando de investigar y llegar al fondo qué son los ovnis, ahora UAP. Y a la Administración Trump vaciando los archivos ovni de todas las agencias y desclasificándolos. Es indudable que todo ese personal supercualificado y todo ese millonario presupuesto de la AARO (la oficina dedicada al análisis de los avistamientos) servirá para algo. Yo estoy convencido de que llegarán a una conclusión definitiva acerca de la naturaleza del fenómeno. Y será pareja a lo que yo mismo he concluido. Vivimos ya en un tiempo de descuento: los creyentes desengañados por la ausencia de revelación y la sociedad enfrentada a la conclusión de que los ovnis no tienen nada que ver con los extraterrestres que, si los hay, están tan lejos que nunca llegarán aquí.

No hay duda de que su último libro UAP: Los ovnis del siglo XXI es su trabajo más ambicioso. ¿Puede resumir en pocas frases una obra de más de 700 páginas?

¿No querían una revelación? Este libro revela lo que ha hecho y demandado la cámara de representantes americana en torno a los ovnis en los últimos años, la legislación pro-UAP en vigor, la creación de una oficina en el Departamento de Guerra con un enorme presupuesto y personal para analizar los recientes avistamientos de pilotos civiles y militares, etc. También revela la historia de la NASA en el tema, la creación de un comité ad hoc para el estudio del fenómeno y su informe para el gobierno, una verdadera hoja de ruta de lo que habría que hacer y cómo, además de una valoración de la pobre calidad de la casuística. Revela una selección de informes que circulan en la comunidad ufológica española, cómo se han investigado y a qué resultados se ha llegado. Revela con gran lujo de detalle, como nunca antes se había explicado, como fue el proceso de desclasificación de los archivos ovni de Ejército del Aire español entre 1992 y 1999, en el que tuve el honor de participar como coordinador de un equipo multidisciplinar de asesores. Revela también cómo circula en la literatura sensacionalista en España una serie de aparentemente impresionantes episodios ovni, con pilotos, marinos, bases aéreas, barcos de la Armada, etc. que han sido debidamente valorados por las máximas autoridades de los ejércitos y que han probado ser más falsos que Judas, pero que siguen dándose por buenos en libros, podcasts, webs, etc. Revela lo que alguien ha denominado master class —y yo, curso acerado de ufología—: me refiero al capítulo Investigación Ovni. Léase ese capítulo y ahórrese años de consultas a libros y más libros; léase la bibliografía selecta y alcance una verdadera licenciatura. Finalmente, revelo la condensación, la síntesis de mi pensamiento tras seis décadas de investigación. ¿Qué son los ovnis?

Mi libro revela cómo circula en la literatura sensacionalista en España una serie de aparentemente impresionantes episodios ovni, con pilotos, marinos, bases aéreas, barcos de la Armada, etc. que han probado ser más falsos que Judas, pero que siguen dándose por buenos

UAP: Los ovnis del siglo XXI es también una reivindicación de la ufología seria, algo que los divulgadores científicos siempre han mirado por encima del hombro.

Ya decía Víctor Hugo que nada es serio por sí mismo sino por la forma en que es tratado. Un fenómeno que se supone es presenciado por millones de personas en todo el mundo desde hace más de ochenta años, merece ser estudiado. Ocurre que se le ha maltratado de forma inmisericorde, sensacionalista y vulgar, perdiendo en los medios científicos, académicos e intelectuales el prestigio que pudo haber tenido. La monetización del tema lo ha echado a perder. Pero es una materia valiosa para investigación para estudiosos de ciencias sociales y también de ciencias naturales y físicas, no en vano hay ya cientos de tesis doctorales sobre aspectos relacionados con los ovnis.

Ballester Olmos, con el astrofísico norteamericano J. Allen Hynek.

Ha servido de algo la desclasificación que se ha llevado a cabo en EEUU en los últimos años. Me da la sensación de que estamos igual que cuando el Libro Azul o el Informe Condon.

Entre mayo y julio de 2026 van ya cuatro lotes [releases] de documentos, informes, fotos, audios y videos desclasificados por la Administración Trump, con 334 expedientes con al menos una decena de miles de páginas. Eso sí, nada del otro mundo, y nunca mejor dicho. Lo que no era ya conocido por los especialistas, no revela nada extraordinario: casos y más casos con falta de información o con gran parte censurada de avistamientos susceptibles de explicación.

A mucha gente le puede resultar chocante que el mayor experto en ufología de nuestro país no crea en la existencia de los platillos volantes, pero siga publicando libros, artículos, reseñas… ¿Lo normal no sería dejarlo estar?

El entorno cultural de la ufología es enormemente pluricurricular. Mi trabajo ha abarcado análisis de casos, encuesta sobre el terreno, investigación estadística, histórico-biográfica, aspectos militares, casuística específica, fotográfica, geográfica, tipología, etc. He publicado 17 libros y más de 600 ensayos y considero que todavía queda mucho por hacer. El tema es inabarcable y de una gran complejidad. Por eso recomiendo que se siga estudiando bajo una estricta metodología científica.

¿Ha fracasado la ufología seria?

Lo cómodo, creer en lo fantástico, es más fácil y divertido que buscar la verdad, comprobar, verificar, contrastar hasta llegar a la cruda realidad. Pero la pregunta es: ¿es la ufología un entretenimiento, una forma de llegar a final de mes o un ejercicio intelectual? Para los que se encuadren en el primer grupo, es un hobby normalmente encuadrado en la fe infantiloide en visitas al espacio exterior. Los segundos —pocos, pero muy influyentes— serán debidamente juzgados por la historia. Y los terceros, independientemente de la conclusión a la que hayan llegado, merecen respeto.

Portada del libro.

Se ha codeado con los mejores. ¿De cuál guarda mejor recuerdo?

En el curso de los años he tenido la fortuna de relacionarme con las máximas autoridades científicas del mundo en esta materia y con los pensadores más influyentes: Aimé Michel, Jacques Vallée, Allen Hynek, Richard Haines, Hilary Evans… y muchos más. De todos ellos he aprendido mucho y he tenido un importante feedback, cada uno con su enfoque característico, pero a quien considero que fue mi mentor fue Vallée. Con él firmé varios trabajos cuando se hallaba en su etapa pre-Magonia, quiero decir, cuando su mente cientifista dominaba sobre su actual ambigua postura que define un fenómeno real, multidimensional, ligado profundamente a la conciencia. Vallée, Hynek y Haines han prologado tres de mis libros, un honor que nadie más me puede disputar (añádase una sonrisa a esta afirmación).

Los platillos volantes son un fenómeno que vale la pena estudiar, pero se ha maltratado de forma inmisericorde, sensacionalista y vulgar, perdiendo en los medios científicos, académicos e intelectuales el prestigio que pudo haber tenido. La monetización lo ha echado a perder

Usted participó en la desclasificación del Ejército del Aire de los expedientes ovni en España, un proceso que algunos califican de cortina de humo.

Todavía no se ha escrito todo lo que hay que explicar sobre cómo discurrió el proceso de desclasificación, pero puedo garantizar que quienes sostienen que el Ejército del Aire guarda expedientes o informaciones sobre ovnis que no han visto la luz están rotundamente equivocados. Pero en varias décadas se han perdido documentos y, sobre todo, hay informes que nunca llegaron al Estado Mayor del Aire, en donde se han mantenido escrupulosamente archivados los casos desde nada menos que 1962. Pero si no te llega algo, ¿cómo lo vas a hacer del dominio público, que ha sido el leit motiv de la desclasificación? La desclasificación española fue transparente y la labor del coronel Ángel Bastida y su sucesor, el teniente coronel Enrique Rocamora fue impecable.

En todo caso, algo de razón tienen esas voces: los archivos de la Guardia Civil aún no han visto la luz. Pero no porque los oculte, sino por falta de tiempo. ¿Esconden alguna sorpresa?

En realidad, si ha habido una Institución que ha sido más y prematuramente abierta con los investigadores de ovnis ha sido precisamente la Guardia Civil, que ya en los años sesenta distribuyó a los investigadores listas de casos ovni que le habían llegado y, en los noventa, tuve el honor de recibir la colaboración de la Dirección General de la Guardia Civil en mis investigaciones, en el curso de las cuales me ofrecieron asistencia e informaciones que todavía están pendientes de revisar y publicar.

El pionero de la ufología española Antonio Ribera, Ballester Olmos, y el astrónomo Jacques Vallée.

En 2009, en el congreso Spectra de València, presentó un informe demoledor sobre las distintas desclasificaciones que se habían realizado por el mundo, en el que desmontaba la tesis del encubrimiento. ¿Han cambiado sus conclusiones?

La tónica general del proceso seguido por muchos gobiernos, sobre todo europeos, en cuanto a información ovni, ha sido: por pura ignorancia clasificar como confidencial, secreto o reservado todo lo relativo al tema; almacenar —más que analizar, valorar o investigar— esos casos, para finalmente comprobar que esos fenómenos no tienen carácter militar ya que ni afectan a la seguridad nacional ni a la seguridad aérea, y que, además, no presentan ningún avance científico. En consecuencia, como hizo España, se han desclasificado toda la información para la consideración y valoración de unos y otros.

Sus diferencias con J.J. Benítez son míticas. En los últimos años, el navarro ha resuelto el asesinato de Kennedy, demostrado que los seres humanos coexistieron con los dinosaurios y las dinosaurias, el verdadero origen de la covid-19, y alguna otra proeza de la que ya no me acuerdo. ¿No cree que se ha quedado usted un poco atrás ante tan singulares logros?

No comulgo con esas cosas, pertenecen a un universo que no es el mío.

No soy el único que cree que tiene casi la obligación de dedicar un libro al proceso de la desclasificación. No solo a los datos, sino al proceso, al momento histórico en que se produjo. ¿Llegará?

Llegará. Me he impuesto ya un marco temporal para el cese de mi actividad de investigación. Esa será mi obra final.

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