Cómo subir hasta el Monte Cervino: el diente de piedra más famoso de Los Alpes

El Cervino desde el Lago Riffelsee.

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¿Desde Suiza o desde Italia? Esta es la primera de las preguntas que hay que responder cuando se habla del mítico Monte Cervino (Matterhorn desde el lado suizo). Antes de responderla hay que hablar un poco sobre este pico de piedra en forma de pirámide que supera en fama a las grandes cimas alpinas (incluida al mismísimo Mont Blanc, cúspide de esta parte del mundo). El Cervino es un pitón de 4.478 metros de altitud lo que lo aúpa al quinto lugar entre los dientes de esta sierra que comparten Francia, Italia, Suiza, Eslovenia y Austria. Pero es la montaña más hermosa de Europa y, la verdad, hay pocas como ella a lo largo y ancho del mundo. Dos localidades sirven de base para acercarse a los pies de este gigante fotogénico. Desde el lado italiano, el lugar de acceso es Cervinia, una anodina estación de esquí. Y desde Suiza, la base de operaciones se sitúa en Zermatt, uno de los pueblos más bonitos de Los Alpes. Empezamos a decantar la decisión. Pero es que, además, las mejores vistas sobre el Cervino se encuentran en el lado suizo. Si hay que elegir, nosotros lo tenemos claro. No sólo puedes ver la montaña en toda su grandeza sino que vas a disfrutar de Zermatt y Täsch, dos de las localidades alpinas más auténticas del área.

Llegar a Zermatt.- Si vas en vehículo privado tienes que saber que el último lugar al que puedes llegar es Täsch, a unos siete kilómetros. Zermatt es una ciudad libre de coches de motor, algo que se agradece. Las únicas formas de llegar son a través de taxis eléctricos, a pie o a través del espectacular tren de la compañía Matterhorn Gothard Bahn, que tiene el privilegio de hacer uno de los recorridos ferroviarios más bonitos de todo el mundo (Glacier Express). Las líneas que llegan hasta Zermatt empiezan en la ciudad de Fiesch (R42) y Visp (R41) ambas con parada en Täsch. Hacer este recorrido en tren es ya una de las mejores actividades turísticas que pueden realizarse en Suiza pero lo que te encuentras al borde de las cimas lo supera. En Täsch hay que alejarse de la carretera principal (repleta de hoteles y construcciones modernas) para encontrarnos con viejas casonas alpinas hechas con grandes troncos de madera protegidos con resina, techos de pizarra y varios siglos encima. En Zermatt tenemos lo mismo pero a lo bestia.

Esta población se ubica en el último tramo habitable antes de las rampas que llevan a las cimas y a los hielos del Glaciar Matterhorn, que es como se conoce al Cervino al otro lado de la frontera italiana (quiere decir Prado del Cuerno). En la ciudad tienes que echarle un vistazo al Museo Matterhorn (Kirchplatz; Tel: (+41) 27 967 41 00) que es el único en el mundo dedicado a una montaña. Aquí vas a conocer lo que el Cervino-Matterhorn significa para Zermatt y para la historia del alpinismo moderno que, según dicen, se inició aquí a mediados del XIX. Las expediciones montañeras y el auge del turismo de nieve desbordó los límites del pueblo pero aún pueden verse las casas antiguas de madera resinada en torno a la preciosa Iglesia de San Mauricio y, también, la silueta imponente del pico desde varios puntos de la localidad (el mejor es el mirador que está al final de la calle Mürini).

A los pies del gigante.- La mejor opción (sobre todo si se va a Zermatt para hacer una excursión de un día) para acercarse a las faldas del Cervino es el Matterhorn Glacier Trail, un camino de apenas seis kilómetros (en bajada) que tiene las mejores vistas sobre el pico. Y llegar hasta la Estación de Telecabina de Trockener Steg es toda una aventura. El teleférico sale desde la propia Zermatt y hace escala intermedia en la Estación de Furi desde dónde salen varias líneas. El sendero (que se puede hacer sin problemas con niños que estén acostumbrados a caminar) recorre un amplio trecho del límite inferior del Glacial hasta la estación de telecabina de Schwarzsee, desde dónde puedes volver a Zermatt vía Furi. Este camino es, sencillamente, alucinante. Pasa junto a varias lagunas glaciares y desde finales de primavera hasta el inicio del otoño pone de manifiesto el porqué del nombre de Prado del Cuerno. Uno de los puntos fuertes de la travesía es llegarse hasta el Gletschergrotte Matterhornfuss, restos del glaciar que forman aquí una bellísima cueva de hielo. Otro lugar muy bonito de ver es el Matterhorn Glacier Paradise, un parador mirador que se sitúa muy cerca de la frontera con Italia a más de 3.880 metros de altitud. Para llegar aquí hay que tomar la telecabina desde Trockener Steg hasta Klein Matterhorn. Aquí puedes ver una cueva de hielo y tomar algo aunque los precios son bastante altos.

La foto en mayúsculas y otros lugares desde dónde ver el Cervino.- La aguja de roca reflejada en el agua en un entorno de prados… El lugar se llama Lago Riffelsee y se llega a través de la estación de Telecabina de Furi  y una pequea caminata o desde la propia Zermatt mediante el tren cremallera que llega hasta el observatorio de Gornergrat (el billete ida y vuelta cuesta casi 34 euros). ¿Merece la pena subir hasta aquí? La verdad es que sí, aunque los precios sean los que son. La foto desde el Riffelsee es la foto del Cervino y llegarse hasta Gornergrat es una auténtica gozada. El trayecto te va a dar la posibilidad de ver la montaña desde los mejores puntos de vista. Otro lugar más accesible es el prado de Sunnegga (acceso desde Zerrmatt en telecabina) donde puedes hacer senderismo.

Ahorrar un poco.- Los precios de los funiculares, trenes, teleféricos y telesillas es una verdadera pesadilla para los viajeros que se acercan a las alturas suizas. Por ejemplo, subir hasta Matterhorn Glacier Paradise cuesta la friolera de 90 francos suizos, esto es unos 86 euracos. Algunos saltos más cortos cuestan en torno a los 15 euros y si uno va sumando pues la cuenta final es como para asustarse. Una manera de ahorrar es sacar la Swiss Travel Pass que permite descuentos de hasta el 50% en los sistemas de transporte y entrada gratuita a multitud de museos (el pase de cuatro días cuesta 281 francos suizos y el de 15 días 429). Otra tarjeta que ofrece descuentos es la Half Fare Pass (120 francos suizos y una validez de 30 días) que te permite ahorrar el 50% en los transportes públicos (barcos, trenes, telecabinas, buses…). También hay pases semanales por 280 francos suizos.

Fotos bajo Licencia CC: Roban Kramer; Dimitris Karagiorgos; Massimo Frasson; othree; Lander Ugarte; Miroslav Volek; shaochu7588

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