Guía de Sarajevo: El barrio otomano y la herencia Austrohúngara en la Jerusalén de Europa
El asedio más atroz del siglo XX en Europa. Si uno piensa en Sarajevo, las imágenes de francotiradores masacrando a la población civil o los largos convoyes de ayuda humanitaria de la guerra de desintegración de Yugoslavia nos vienen a la mente creando una idea de ciudad destruida. Un viaje por los Balcanes es una de las experiencias más intensas que pueden hacerse en el viejo continente. El peso de la historia se deja sentir en casi cada rincón: para lo bueno y para lo malo. La ciudad es lo suficientemente pequeña como para poder salir de ella conociéndola bien, pero también lo suficientemente grande como para tener que dedicar al menos dos días de estancia. Así que no es mala opción para una escapada urbana (hay vuelos directos desde Barcelona) o como escala de un más que aconsejable viaje por la región (añadiendo Mostar -el trayecto entre las dos ciudades es espectacular-, Montenegro y la costa Croata, por ejemplo).
Decíamos que aquí la historia pesa. Una buena manera de empezar a caminar Sarajevo es acercarse hasta la Plaza de Ad Mejdan y el Puente Latino para internarnos en el casco histórico (ver iconos azules en el mapa). ¿Y porqué cruzar el Río Miljacka por el Puente Latino? Para ver el lugar donde se produjo el atentado del 28 de junio de 1914 contra el Archiduque Francisco Fernando de Austria que sirvió como detonante de la Primera Guerra Mundial. Si giras la vista hacia la dereca puedes ver los minaretes de la Mezquita del Emperador -Careva džamija- (Obala Isa-bega Ishakovića) la más antigua de la ciudad (1457) y símbolo del inicio de la administración otomana de la ciudad. Como curiosidad hay que destacar que esta es la cúpula más grande del país. Desde aquí nos podemos meter de lleno en Baščaršija, el centro histórico de la ciudad.
La Jerusalén de Europa.- Cruzamos el Miljacka y empezamos a callejear por el laberinto de la ‘vieja’ Sarajevo, una jovencita si miramos los parámetros que suelen marcar la biografía de las capitales de Europa. Aunque por aquí ya andaban las gentes desde la Prehistoria, el nacimiento de la ciudad viene de la mano de las tropas otomanas que ocuparon los Balcanes en el siglo XV. Apenas unas décadas después de la caída de Constantinopla, los turcos ya dominaban toda la zona tras el colapso del Imperio Bizantino. El origen moderno de Sarajevo es una pequeña fortaleza otomana que poco a poco se convirtió en ciudad. Una ciudad multicultural desde sus inicios: musulmanes, ortodoxos cristianos, católicos y judíos se instalaron aquí creando un pequeño mosaico de culturas que son la razón de ese sobrenombre rimbombante: la Jerusalén de Europa. El Museo de Brusa Bezistan -un antiguo bazar dedicado al comercio de la seda-(Abadžiluk, 10) no sólo es el primero de los grandes monumentos que nos encontramos en el paseo: también es una buena oportunidad para explorar la historia de la ciudad. El edificio (siglo XVI) fue construido por orden del mítico Rustem Pasha, gran visir de Solimán el Magnífico, para alentar el comercio y es una maravilla de la arquitectura civil otomana. En su interior puedes ver un completo museo sobre la historia local.
Comercio. Las ciudades otomanas se articulan en torno a sus bazares y mercados. Y el gran mercado histórico de Sarajevo es Baščaršija, literalmente ‘Mercado Principal’. En esta plaza puedes ver otro de los símbolos de la ciudad: la Fuente de Sebilj. En torno al mercado creció la ciudad. Se dice que en los siglos XVI y XVII había más de 12.000 mercaderes censados en este enorme bazar y que hasta aquí llegaban mercaderes de todos los rincones de Occidente a comprar los artículos de lujo que llegaban desde Oriente. Uno de los rastros más curiosos y bonitos de aquella época gloriosa es la Calle del Cobre (Kazandžiluk), una callejuela que forma parte del entorno de Baščaršija donde aún pueden verse trabajar a los artesanos convirtiendo las láminas de metal en preciosos utensilios de cocina.
Sarajevo fue durante siglos el mayor mercado de los Balcanes. Y en torno al Mercado Principal se fueron construyendo los grandes edificios públicos de la ciudad. Íntimamente ligados a la vida y actividad del mercado están el Morica Han (Sarači, 77), antiguo caravasar que servía de almacén, caballerizas y alojamiento para los comerciantes que llegaban a la ciudad y los Baños de Firuz Bey(Mula Mustafe Bašeskije, 22). Otros edificios notables que puedes ver muy cerca de la gran plaza del mercado principal son la Mezquita Muslihudin Čekrekčija -Siglo XVI- (Kovači, 36), la Mezquita de Baščaršija -siglo XVI- (en plena plaza) y, sobre todo la Vieja Iglesia Ortodoxa (Mula Mustafe Bašeskije, 59), que es el templo cristiano más antiguo de la ciudad -siglo XVI- y que posee una de las colecciones de iconos más importante de toda la región balcánica.
La gran Mezquita de Gazi Husrev-Bey (Sarači, 8).- Esta mezquita es el gran monumento otomano de la ciudad y, a la vez, una de las mezquitas más grandes de toda la región. Fue construida en el siglo XVI siguiendo los cánones de los grandes templos islámicos de Estambul. Se atribuye al arquitecto persa Ali Tabrizi, uno de los grandes constructores de la edad de oro del Imperio Otomano junto al mítico Mimar Sinan. Es una de las grandes construcciones del periodo clásico y si impresiona por fuera, más lo hace en su interior (con una cúpula digna de las grandes mezquitas estambulíes). El complejo que podemos visitar hoy incluye una Türbe -mausoleo donde reposan los restos del propio Gazi Hüsrev Bey, uno de los artífices de las conquistas otomanas en la zona balcánica- y la antigua Madrasa Kuršumlija -escuela coránica conocida por sus techos de plomo- que hoy alberga el Museo Gazi Husrev Bey, dedicado al arte islámico clásico (uno de los imprescindibles que hay que visitar en la ciudad con piezas brutales). Ahí junto a la mezquita puedes ver otro de los edificios emblemáticos de la capital: la Torre del Reloj, una altísima construcción de ladrillo que data del siglo XVII.
La calle Ferhadija y la herencia austriaca.- Si avanzas por la calle Saraci hacia Ferhadija podrás ver una placa en el suelo que ejerce de frontera entre dos zonas de la ciudad totalmente diferentes. Dejamos atrás las casas de estilo otomano y nos adentramos en una pequeña Viena en miniatura con grandes edificios de corte clásico y modernista. En 1878 Austria toma en control de Bosnia Herzegovina e impulsa un ambicioso plan de urbanización que atrae a los más famosos arquitectos de Viena. El resultado es el entorno de esta calle que cuenta con muy buenos ejemplos de la arquitectura del nuevo siglo con ejemplos muy notables como la Farmacia Heinrich Schlesinger (Ferhadija, 27) o el Palacio Napredak (Maršala Tita, 58). Otro de los iconos de esta zona es la Catedral del Corazón de Jesús (Trg Fra Grge Martića 2) una imponente construcción neogótica que ejerce de matriz de la comunidad católica de la ciudad.
Atardecer en el Bastión Amarillo.- Subir hasta las antiguas murallas de la ciudad es un clásico de los atardeceres locales. El Bastión Amarillo es una de las plataformas de artillería que se añadieron a los muros en el siglo XVIII. Las fortificaciones no es que sean cosa del otro mundo, pero las vistas desde el Bastión Amarillo son espectaculares: aún más cuando se pone el sol. Ahí al lado está uno de los cementerios de la ciudad. Y en él hay un sentido mausoleo dedicado a las víctimas de la Guerra de Yugoslavia.
El mejor Cévapi de la ciudad en Ćevabdžinica Željo (Kundurdžiluk, 19).- En pleno centro y junto al Museo Brusa Bezistan se encuentra esta parrilla tradicional donde según los locales se come el mejor Cécvapi del país. Este plato tradicional a base de salchichas de carne picada servidas con cebolla y pan tradicional. Este lugar no sólo es bueno; también es muy barato para los estándares occidentales. Para comer buena comida tradicional balcánica una muy buena opción es Dveri (Prote Bakovića, 12) con una carta centrada en la gastronomía local con toques internacionales. Ojo que no se puede pagar con tarjeta.
Fotos bajo Licencia CC: ctj71081; Josefine Granding Larsson; Verica Prekic; Jocelyn Erskine-Kellie; Peter Collins; Thomas Hackl; Damien Smith; Patrick Rasenberg
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