Afrontar la EBAU durante la pandemia tras una adaptación exprés al teletrabajo: “Estoy un poco echado a mi suerte”
El coronavirus también ha puesto patas arriba el sistema educativo trastocando todos los planes de trabajo y evaluación que había estipulados. Sin embargo, aunque las administraciones están tomando medidas para reconducir y adaptar la formación académica a la situación excepcional en la que nos encontramos, existe un colectivo de estudiantes especialmente afectado y, por tanto, preocupado por su futuro a corto y medio plazo.
Se trata de los alumnos y alumnas de segundo de Bachillerato, una etapa crucial en sus vidas que, probablemente, marque el camino profesional que seguirán una vez terminados sus estudios. Y es que este año se tienen que enfrentar a la Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), es decir, la antigua Selectividad, y la nota que obtengan, tanto en la última parte del curso como en el propio examen, es determinante para tener acceso a la carrera que desean estudiar.
Ante este panorama, tanto estudiantes como profesores tratan de que las complicaciones generadas por la pandemia afecten lo menos posible al desenlace del curso y a la preparación de la prueba, que en Cantabria tendrá lugar, en principio, los días 8, 9 y 10 de julio en convocatoria ordinaria y las mismas fechas pero de septiembre para la extraordinaria.
Así todo, tanto unos como otros coinciden en que la suspensión de las clases presenciales les pilló “por sorpresa” y que han tenido que adaptarse de manera exprés al teletrabajo con herramientas para realizar videoconferencias totalmente nuevas para muchos de ellos y ellas.
“Estábamos desubicadas”
“Nadie se lo esperaba, fue todo muy repentino, casi de un día para otro”, señala Álvaro, estudiante de segundo de Bachillerato en el IES Valle de Camargo, en conversación con eldiario.es. “Nos pilló desprevenidos tanto a profesores como a estudiantes”, sostiene, recalcando que en un primer momento “no se tenía muy claro qué hacer”.
En la misma línea se expresan Paula y Andrea, dos gemelas que también están terminando este curso previo a la EBAU. “Al principio estaba un poco agobiada porque no me esperaba esto”, sostiene la primera de las hermanas. “Estábamos un poco desubicadas”, resalta la segunda. No obstante, subrayan que tras “una semana muy dura” se han ido acostumbrando.
“Los profesores nos van mandando poco a poco lo que tenemos que hacer y yo intento llevarlo todo al día para que no se me acumule todo el trabajo”, señala Paula, poniendo énfasis en que uno de sus principales “miedos” de cara a la prueba de acceso a la universidad es perder la práctica a la hora de organizar la distribución del tiempo en el examen. “En el instituto me estaba acostumbrando a organizarme los ejercicios para que me diera tiempo a todo”, explica.
“La primera semana fue tan dura que nos quejamos a los profesores para que se organizasen, que hablasen entre ellos y que no nos mandasen todo de golpe”, remarca Andrea. “El resto de semanas se ha ido relajando todo y estamos organizando videoconferencias para hacer algún examen”, afirma esta estudiante.
Así todo, cada profesor decide por su cuenta qué método utiliza para dar su asignatura, por lo que no en todas cuentan con clases a través de aplicaciones telemáticas. “Cada profesor hace lo que ve. Algunos están más encima y otros no tanto”, señala Álvaro, poniendo el foco en que cuando se avanza materia se encuentra “un poco perdido”. “Cuesta un poco enterarte porque es casi autodidacta”, subraya.
Con todo, hay alumnos que lo están llevando mejor que otros. Son los casos de Mario y Sergio, estudiantes del IES Villajunco de Santander y del IES La Granja de Heras, respectivamente. “Yo me considero afortunado porque en mi instituto los profesores no me mandan muchos trabajos”, expone Mario, detallando que “no suelen ser muy complejos”. “Solo cambian las asignaturas en las que no había trabajos antes, pero me he acostumbrado a hacerlos”, reconoce.
Por su parte, Sergio hace hincapié en la gran implicación de sus profesores. “Es algo que me parece necesario remarcar porque yo entiendo que es difícil”, explica, “porque si llevas muchos años dando clases de una forma muy concreta que no incluye internet, introducirte a un nuevo mundo de tecnologías no es fácil, denota que tienen vocación por su trabajo”.
Y es que para este estudiante, sus profesores están cercanos a ellos, no solo en el ámbito académico, sino “emocionalmente”. “Se preocupan mucho por cómo estamos anímicamente”, subraya, una reflexión que también comparte Mario: “Tengo suerte porque los profesores se preocupan por nosotros”, recalca.
No obstante, lo que más preocupa y tiene a todos más inquietos es la EBAU, el temario y el modelo de examen. “No tenemos del todo claro qué va a entrar y a veces estoy un poco echado a mi suerte”, asegura Mario. “A veces los profesores se enteran antes por la prensa de las novedades que de información interna, que es lo que deberían tener”, lamenta Sergio.
“Agobiados y preocupados”
Precisamente los profesores tratan de hacer más llevadera esta situación para los alumnos sabedores de la delicadeza de este curso. “Los alumnos están muy preocupados y agobiados”, asegura Pachi, profesor de Biología en el IES Muriedas. “Todos tienen expectativas ambiciosas, pero no saben de qué manera les va a afectar esta situación porque no estamos en disposición de poder aclarárselo”, reconoce, poniendo el foco en que cada instituto da el temario de sus asignaturas en un orden distinto, de manera que no se ha llegado a esta fecha con los mismos contenidos impartidos. “Eso genera circunstancias de falta de equidad e igualdad entre institutos y centros”, apunta.
“Los chavales están muy desconcertados porque las instrucciones no son claras porque no pueden serlo”, resalta Emma, jefa de estudios en el instituto de Viérnoles. “Corremos detrás de los acontecimientos, pero los paganos siempre son los alumnos”, lamenta, al tiempo que subraya que “la gente está intentando hacerlo lo mejor posible, cometiendo errores y aciertos”.
Así todo, hace énfasis en la dificultad de adaptarse a esta nueva forma de trabajar cuando el sistema educativo gira en torno a los exámenes. “Hay asignaturas en las que no tiene mucho sentido mandar trabajos, como Matemáticas o Física y Química”, afirma.
Esta profesora va más allá de este curso y pide que las universidades “relajen la exigencia” el año que viene, puesto que los alumnos de segundo de Bachillerato de este año llegarán sin haber recibido todos los contenidos, de manera que les será más complicado estudiar el primer año de carrera y se verán obligados, si suspenden, a pagar segundas y terceras matrículas.
Por su parte, Luis, tutor en el IES El Astillero hace hincapié en que tanto profesores como alumnos se adaptaron bastante bien “a un cambio tan drástico”. “En las primeras semanas hubo un poco de descontrol, pero pronto empezamos a estabilizarnos y empezamos a funcionar sin tantos agobios para el alumnado”, expone.
Luis pone sobre la mesa la desigualdad entre hogares que la crisis de la COVID-19 ha acrecentado. “La brecha digital es importante a pesar de que la Consejería hace el esfuerzo de proveer a aquellas personas que no tienen ordenador o conexión. Pero esa brecha palía la situación pero no la arregla”, detalla.
Y es que el hecho de haberse tenido que hacer “expertos en plataformas digitales que jamás habían oído nombrar” generó un estrés en todos, también en las familias, que sufren esta situación “por partida doble”, con los ERTE y despidos a los que hay que sumar una atención más especializada a sus hijos e hijas.
“Antes tenían academias o particulares y el apoyo más directo del instituto”, señala. “Ahora no llegamos a donde llegábamos, a pesar de que nuestra jornada laboral se ha doblado”, lamenta, concluyendo que también a ellos les afecta este nuevo escenario: “Supone trabajar a otro ritmo y con otras tecnologías para lo que no estamos preparados”, finaliza este profesional de la enseñanza.