CIUDAD REAL
Ismael Peña, juglar de los versos del pueblo
Todo lo que conocemos del mundo antiguo es fruto del trabajo acumulado de copistas, traductores, eruditos y arqueólogos. Si las voces de los que habitaron los palacios se vuelven frágiles con el paso del tiempo, las de las humildes apenas son un suspiro en la historia. Gracias a gentes como Ismael Peña, esas voces de “personas que a lo mejor no sabían ni leer ni escribir, pero que necesitaban expresar la pérdida, el amor, el trabajo en el campo, el acunar a un hijo o las rondas de mozos” siguen sonando en grabaciones y escenarios.
La frase forma parte de las palabras que dirigió el propio Ismael Peña, con sus 90 años recién cumplidos, a un auditorio del Teatro Ayala de Daimiel que acudió en masa a la llamada de la Asociación Folklórica Virgen de las Cruces para homenajear al cantante y etnógrafo segoviano en la 54.ª edición de su festival.
De elegante traje blanco, saludó desde la primera fila al comienzo del homenaje y desde allí siguió las actuaciones, los vídeos de agradecimientos, las palabras de José Manuel López Francia, histórico locutor de Radio Ciudad Real, y de José Ramón Pardo, histórico periodista musical, que fue el encargado de presentar la velada.
Fragmentos del documental 'Ismael, el juglar rebelde', dirigido por Ramón Moratalla, sirvieron como introducción biográfica, antes de que subieran al escenario Tierra, Semilla y Agua, grupo local, que abrió la parte musical con 'Romance de Rosalinda'. Con él empezó a escribirse un círculo que se cerraría al final de la velada. Y que completarían su intervención con “Sienta el hono”’, una canción de boda que también sonaría de nuevo sobre las tablas del Ayala.
Recordaba Pardo desde el escenario como conoció a Ismael allá por el año 68, cuando regresó de Francia tras conseguir el premio de la Academia Charles Cros por su disco 'Canciones del pueblo, canciones del rey', un trabajo que según ha contado en numerosas ocasiones, grabó sin equivocarse “ni una sola vez, lo cual le dio una frescura tremenda”.
El concierto continuó con la actuación de Sandalio Morales, cantautor ciudadrealeño, con 'Sala de espera', una canción que escuchaba en la radio en los setenta y que ya formó parte de su primera actuación y por el poema '¿Dónde vas, carpintero?' de Gloria Fuertes, musicado por el propio Ismael. Una adaptación de la que la propia Gloria comentó que “Pocas veces el compositor termina el poema del autor. El caso de Ismael, el compositor, el intérprete, el artista, ha puesto el último verso al poema con su música”.
Tras un primer bloque de videosaludos en el que participaron Vanesa Muela, el Nuevo Mester de Juglaría, Joaquín Díaz y Pedro Piqueras, que formó parte de 'La Banda del Mirlitón' durante un año, subió al escenario Medio Siglo Folk, de Argamasilla de Alba, para interpretar 'Una flor en la montaña', una nueva versión de 'Canto de Bodas' y 'Andando por la cañada', popularizada en la mitad de los setenta por el grupo Nuestro Pequeño Mundo. Completó el bloque el grupo daimieleño Arrabal, que formaron parte del cartel de la primer edición de este festival para interpretar 'De los álamos vengo', de Juan de la Encina en versión de Ismael Peña y la 'Seguidilla del Ajo', que dedicaron a su paisano Pablo García Rayo, histórico director del Museo Etnográfico de San Sebastián de los Reyes.
En un nuevo bloque de vídeosaludos a cargo de La Ronda de Motilleja, Jaraíz, Free Folk y Abrojo Folk, llegó el turno del grupo abulense Cigarra, que celebran este año sus 50 aniversarios, que interpretaron 'El arrabelito', recogido en el pueblo de Navalosa, además de la sintonía del programa de 'La Banda del Mirlitón' (1974-1977), del que lamentablemente sólo se conservan cinco episodios en RTVE Play.
Broche final
A pesar de que las cintas se borraron para ser reutilizadas, la huella de ese grupo de chavales que iban por los pueblos buscando canciones, caló en muchos rincones y fue la chispa que aglutinó a muchos jóvenes a recuperar las canciones de sus pueblos, no es por tanto casualidad, que muchas de estas formaciones estén ahora alcanzando los cincuenta años de música y amistad. Un concierto homenaje al que pusieron broche final Espliego, el grupo de Herencia, que interpretaron 'La Tarara', 'El limpiabotas' y 'El trovador'.
Seis actuaciones que fueron el aperitivo del momento más esperado de la noche, cuando Ismael Peña subió al escenario. Lo que fuera del escenario era un caminar vacilante se transformó sobre las tablas del Ayala cuando tomó el micrófono y arrancó su intervención con: “Queridísimos amigos, querida gente. Con el corazón lleno de emoción, debo decir”. Y dijo. Cinco minutos de charla lúcida, vital y plena de sabiduría.
Agradeció el homenaje y las muestras de cariño, “Es un sentimiento de pura sinceridad y de verdad. Al caminar por el pueblo he visto esa misma reacción en la gente de la calle. Es un sentimiento sincero que sale del corazón, de la misma manera que nacieron las canciones de la gente sencilla”. Y terminó con el compromiso de que “Eso es lo que me ha hecho trabajar toda la vida y pienso seguir buscando canciones e investigando mientras viva”.
Y se siguió obrando el milagro de la música. Se volvió a levantar el telón y sobre el escenario volvió a aparecer su mítica zanfona del siglo XVIII rodeada de todos los músicos que habían participado en la velada. El instrumento más amado de los más de mil que forman su colección y que han llenado su vida y los de tanta gente. Con Ismael y su zanfona interpretando 'Romance de Rosalinda' a coro con la treintena de músicos participantes y el público puesto en pie.
'Dame la mano' cantaba Ismael y de su mano llegaban Miguel Hernández, Antonio Machado, Pedro Salinas, Gloria Fuertes y todos los poetas que musicó, pero también la tía Juana y el tío Manuel, como símbolos del pueblo español, que no sabían lo que era el folclore ni lo hacían, pero en sus vidas “todo lo que se hacían estaba acompañado de canciones y bailes”. Cantemos y bailemos juntos. Gracias, Ismael.