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ENTREVISTA Autor de 'Los desnudos y los muertos'

Jerónimo Andreu: “Villarejo encontró en 'Interviú' un medio vulnerable dispuesto a publicar con pocos controles”

Neus Tomàs

31 de mayo de 2026 22:05 h

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Reconstruir la historia de Interviú sin quedarse solo con lo bueno (que lo hubo) o limitarse a subrayar su machismo o su falta de ética en algunas investigaciones no era un ejercicio sencillo. El periodista Jerónimo Andreu lo ha conseguido en 'Los desnudos y los muertos' (Península).

Interviú no se explica sin la figura de su editor, Antonio Asensio, y una redacción que pasó de fiscalizar a la policía a ser la revista preferida en las comisarías. De haber sobrevivido al cierre, en 2018, ahora cumpliría 50 años.

¿Cómo explicaría qué era Interviú a alguien que se informa a base de tiktoks?

Fue un proyecto muy comercial, porque esto lo montaron con la intención de ganar dinero, un poco aprovechando las grandes vetas que se podían explotar dentro de la prensa, que eran el sexo, los escándalos, los sucesos, la sangre... No era una revista de ideas ni con una vocación ideológica.

Antonio Asensio, José Ilario y Jerónimo Terrés identificaron muy bien qué interesaba al lector español y construyeron un producto perfectamente adaptado a eso. Fueron muy inteligentes leyendo el momento social.

Además, durante unos años hizo aportaciones periodísticas importantes: denuncias sobre la extrema derecha, la guerra sucia, el búnker franquista o la memoria histórica. Tuvo una utilidad social real. El problema llegó cuando España cambió y la revista no supo adaptarse. Su propuesta quedó anticuada estética, ética y periodísticamente. Interviú tuvo un auge muy fuerte y después una decadencia larguísima.

¿Quién fue Antonio Asensio? ¿Era el retrato del lector medio de aquella España?

Completamente. El secreto del éxito de Interviú fue la armonía perfecta entre su editor y el producto que estaban haciendo.

Cuando empezó a implicarse directamente en la revista, el proyecto creció muchísimo porque tenía un gran instinto. Construía una revista basada en sus propios intereses y gustos. Incluso su familia participaba indirectamente: opinaban sobre portadas, fotografías o colaboradores. La gente también te cuenta cómo su mujer, Chantal, decía si una portada funcionaría o si no le gustaba. Era un producto muy conectado con una determinada clase social emergente de la época.

¿Qué queda de aquel periodismo de batalla, además del archivo?

Bueno, ese archivo es un misterio. 

¿Un misterio?

El archivo se lo quedó Prensa Ibérica, está guardado y no se puede acceder a él. Debe ser uno de los archivos más importantes de la prensa española porque tiene un valor histórico tremendo, pero no se puede consultar porque no está dentro de la línea de negocio... 

¿Ha intentado consultarlo para el libro y no ha podido? 

No, porque está en cajas.

Más allá de la hemeroteca, ¿queda algo de aquel tipo de periodismo? 

Todavía quedan algunos rescoldos. Muchos veteranos de Interviú dicen que hoy disfrutarían investigando casos actuales como el de Ábalos con la misma agresividad de entonces.

La diferencia es que ahora el periodismo vive debates éticos mucho más presentes. En Interviú había pocos frenos. Algunos reporteros consiguieron grandes exclusivas, pero también existían prácticas muy cuestionables para obtener información o tratar a las fuentes.

Hay que entender que España estaba construyendo entonces los límites de la política, el discurso público y el periodismo. Muchos periodistas venían del exilio o de ambientes militantes y entendían el periodismo como una herramienta política. Igual que te digo que para Asensio eso no era un proyecto ideológico, para ellos sí, ellos querían cambiar el país.

¿La ética periodística era secundaria?

En muchos casos sí. El objetivo principal era publicar información que tuviera impacto político y ampliara los márgenes de libertad.

Eso provocó errores graves. Uno de los ejemplos más conocidos fue el caso de Xavier Vinader, cuando publicó una acusación muy seria sobre grupos de extrema derecha, solo a partir de la información de un policía infiltrado, sin contrastarla suficientemente. Uno de los señalados mandó una carta negándolo y asegurando que la revista le ponía en peligro. Interviú no rectificó ni la publicó. ETA le mató a él y a otro de los mencionados.

En 'Interviú' había pocos frenos. Algunos reporteros consiguieron grandes exclusivas, pero también existían prácticas muy cuestionables para obtener información o tratar a las fuentes.

La redacción que describe parece bastante caótica.

Lo era. Existe mucha mitificación sobre las redacciones antiguas: alcohol, humo, noches eternas… Tiene cierta épica, pero probablemente poca gente querría trabajar hoy en un ambiente así.

Había muchísimo exceso: alcohol, tabaco, drogas y enfrentamientos constantes. También mucho ego y competitividad. Se mitifican las redacciones antiguas porque hay mucha poesía, la gente bebiendo y todo eso. Pero luego te preguntas si a ti te gustaría trabajar en ese ambiente.

Aun así, de ese caos salieron investigaciones muy importantes.

¿Cuáles fueron las grandes aportaciones periodísticas de Interviú?

Toda la invención del género de la memoria histórica tiene mucho valor. Durante la Transición, la revista publicó investigaciones fundamentales sobre torturas, extrema derecha… Hicieron una labor de control del Estado, fueron los primeros que publicaron cosas sobre los GAL o el asesinato de Yolanda González. También fueron los primeros en publicar sobre la trama Gürtel, cinco años antes que El País y El Mundo.

Además, tenían algo poco habitual: cubrían historias de corrupción local en pueblos y ciudades pequeñas que no interesaban a los grandes periódicos.

En el libro explica cómo Interviú pasó de fiscalizar a la policía, por ejemplo explicando qué ocurría en el cuartel de Intxaurrondo, a convertirse casi en una revista policial.

Sí, y es uno de los procesos más interesantes. En sus inicios tenían contactos con grupos de extrema izquierda o ambientes antifranquistas. Con los años, esas fuentes perdieron importancia y la información policial se convirtió en el gran motor de muchas exclusivas.

Los reporteros cultivaron muchísimo las relaciones con policías y comisarías. Interviú acabó siendo muy valorada dentro de ciertos sectores policiales. La revista cumplía todos esos códigos que a los policías les encantaban.

Uno de los directores de Interviú fue Agustín Valladolid, que había sido el jefe de comunicación del Ministerio del Interior muchos años y hombre fuerte de Rafa Vera y Barrionuevo. Cuando él llega, rehace la plantilla, se deshace de todos los viejos y ficha gente dentro del concepto que tiene del periodismo.

En sus inicios, sus periodistas tenían contactos con grupos de extrema izquierda o ambientes antifranquistas. Con los años, esas fuentes perdieron importancia y la información policial se convirtió en el gran motor de muchas exclusivas.

¿Qué papel tuvo Villarejo en los últimos años de la revista?

Hay un momento en que la revista ha perdido muchas fuentes, para mucha gente está denostada y, de lo poco que tiene es José Manuel Villarejo. Fue una fuente muy importante, como lo fue para muchos medios. La diferencia es que otros periódicos tenían más contrapesos internos. 

Cuando metí con el libro una de las cosas que quería saber es si Villarejo había utilizado Interviú como una terminal mediática y él lo dominaba, porque hay gente que tenía esa impresión, incluso dentro de la revista o si no, si simplemente Villarejo había actuado en Interviú como en otros sitios y lo que pasa es que se había encontrado que era una gacela coja y que le compraba todas las mercancías escacharradas. Mi impresión es que pasó esto último.

No creo que Villarejo controlara la revista, pero sí encontró un medio muy vulnerable y dispuesto a publicar informaciones con pocos filtros.

De todos los personajes que tuvieron relación con el editor de Interviú, uno de los que aún sigue en activo es Miguel Ángel Rodríguez. Entonces amenazó a Asensio con quitarle su canal de televisión, Antena 3, y ahora a elDiario.es nos dijo que nos trituraría. El periodismo ha evolucionado, pero hay personajes que no lo han hecho.

El periodismo ha evolucionado, pero los mecanismos de poder siguen siendo muy parecidos. Miguel Ángel Rodríguez siempre quiso controlar totalmente los medios. Asensio, en cambio, tenía una posición más inestable: fundó su empresa con créditos y dependía constantemente de negociar con unos y otros. Eso le daba cierta independencia, aunque también lo obligaba a hacer favores y mantener equilibrios complicados.

Asensio refleja bien la evolución política y social de España: primero, en la etapa del PSOE hegemónico, todo giraba alrededor de los socialistas; después, cuando ese dominio se rompe, se acerca a la derecha. Pero en Catalunya también dependía de Pujol, que entonces mantenía buena relación con Moncloa, así que Asensio jugaba continuamente a marcar distancias y acercamientos según le convenía.

Esa ambigüedad no le gustaba a Miguel Ángel Rodríguez, que quería lealtad absoluta. Cuando Asensio estaba en Antena 3, Rodríguez pensó que controlaría los informativos, pero Asensio tenía demasiados intereses repartidos y trató de escapar de ese control. Entonces Rodríguez le advirtió que iba a “crujirle”. Finalmente, Asensio salió muy perjudicado de Antena 3: aparecieron denuncias anónimas en la Fiscalía y acabó vendiendo la cadena a Villalonga, dentro del proyecto del PP para crear un gran grupo mediático. Es decir, las amenazas no solo existieron, sino que terminaron materializándose.

¿Quién fue el mejor director de Interviú?

Diría que los tres primeros directores representan la etapa más brillante: Álvarez Solís, Darío Giménez y Álvarez Puga. Y luego Ignacio Fontes, que probablemente fue el director más representativo del mejor Interviú: un periodista muy querido dentro de la revista y con una visión periodística exigente, incluso trabajando en un medio sensacionalista.

Ahora no sé si le pongo en un compromiso: ¿Y el peor?

No es por el compromiso, es porque igual es cruel. No sé, ahí estuvo Cabero, que fue el que hizo el ERE. Él venía de la radio y le interesaba poco la prensa. Estuvo también Paco Mora, que tenía muchos contactos dentro de la Guardia Civil y el Ejército. A Asensio en ese momento le interesaba alguien así. Creo que a esos dos directores se les podría atribuir la decadencia. 

La revista nunca supo desprenderse de los desnudos.Tenían miedo de perder a sus lectores tradicionales y no sabían cómo reinventarse. Mientras la sociedad cambiaba, ellos seguían atrapados en el mismo modelo

¿El gran problema de Interviú fueron los desnudos?

Sí, la revista nunca supo desprenderse de ellos. Tenían miedo de perder a sus lectores tradicionales y no sabían cómo reinventarse. Mientras la sociedad cambiaba, ellos seguían atrapados en el mismo modelo.

La decadencia fue muy larga. Se pasaron casi dos décadas publicando desnudos de concursantes de Gran Hermano. La evolución de esas portadas explica perfectamente la evolución de la propia revista: de la provocación política y cultural inicial a un modelo completamente agotado.

¿Fue un milagro que sobreviviera 42 años? Nunca se adaptaron a la transición digital.

Sí. Nunca entendieron del todo internet ni los cambios tecnológicos, pero el gran problema fue editorial. La revista no supo reinventarse. Incluso muchos redactores reconocían que ya les daba vergüenza llevarla en público.

Interviú sobrevivió demasiado tiempo intentando mantener vivo un modelo que pertenecía a otra época.