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Acampados en la fiesta

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Desde aquel 9 d’octubre de “la fiesta no acaba nunca¨ no se vivía un día de los valencianos con tantos elementos para la polémica. La festividad nos atropella con mucha gente durmiendo en la calle por necesidad y por reivindicación. Llega en una semana marcada por el adelanto electoral y en un mes que para siempre será el del aniversario de la DANA, mientras Carlos Mazón sigue aforado y las víctimas siguen aparcadas para quienes gobiernan, solo pendientes de lo que dicten los tribunales, porque ellos ni homenajean perjudicados incómodos ni castigan negligentes propios.

Vamos al 9 d’octubre sin Ricardo Costa, pero con David Serra influyendo en el Palau de la Generalitat. Celebraremos con un presidente al que su partido no quiere como candidato. Si lo considerara la mejor opción ya lo habría designado, con congreso incluido. La oveja negra autonómica sigue estando en la Comunitat Valenciana, ante la incredulidad de casi todos, dentro y fuera de su partido. El informe que hemos ido conociendo en los últimos días calla más de lo que dice, si no, no tiene explicación que la designación de Pérez Llorca se retrase tanto. Por mucho que su entorno le diga lo contrario, Vicent Mompó, que ya maniobró, vuelve a hacerlo, pero no es la razón, como no es lo que ha escrito el investigador. Pese a lo que digan María José Catalá y los suyos, le encantaría ser ella. Cogió la rueda de Mazón en su día para estar bien colocada cuando llegara el momento. Puede parecer que no es ahora, pero tampoco lo será más adelante si otro candidato gana unas elecciones. Fiar tu ascenso a la derrota de los tuyos no es buena estrategia con las encuestas entre el empate y la victoria. La partida, buena o mala, es ahora. No siempre se puede elegir el mejor momento para ir a la disputa.

Las circunstancias marcan tanto la situación que ahora se ha cruzado el bandazo de Pedro Sánchez y la convocatoria estatal. Más elementos en liza. Con el adelanto autonómico, que Llorca rechaza en público, pero que Génova teme, el President tiene un arma más. Puede convocar elecciones, justo cuando menos lo quiere Feijóo. O, al menos, puede amenazar con hacerlo. Sería un golpe muy duro. Solo la posibilidad ya está haciendo daño. Podría darse la paradoja de que el partido favorito en todos los comicios se pelee por la fecha de la votación autonómica y por el candidato, hasta el último día de cada decisión. Además, la candidatura al Congreso le ofrece a Llorca una magnífica opción de despejar rivales a Madrid. Falta saber si va a tener tan poca influencia en la confección de la papeleta como está teniendo en el resto de decisiones. Será también un mensaje en cuanto veamos nombres y familias. La candidatura nos va a dar muchas pistas sobre quién manda y quién mandará en el PPCV. En cualquier caso, Pérez Llorca va a poder demostrar si el partido bajo su tutela, aunque sea provisional, es capaz de alcanzar los votos que necesita para que Feijóo gobierne. Eso le pondría en bandeja la designación, aunque fuera por eliminación. En ese punto, les conviene no olvidar que su socio de ultraderecha no necesita candidato ni listas. Sube por inercia y a golpe de caricia y mimetización de los populares con ellos.

Estamos ante el fin de año de las oportunidades para todos. En algunos partidos había quien quería hacer movimientos en las municipales y en las autonómicas antes de llegar a las generales, pero ahora ya no da tiempo. Hay que darle la vuelta. Del 9 de octubre al 29 de noviembre, los partidos se han encontrado con más de un regalo. Las decisiones que muchos no tomaban por sí solos se las anticipa el nuevo calendario. Diana Morant ya sabe hasta cuándo será ministra, incluso, en funciones. Después, pase lo que pase, será candidata a tiempo completo. Falta saber si ponerla ante el espejo será mejor o peor que la dualidad actual. Parecido le puede ocurrir a Pilar Bernabé, quien aparece incluso en las quinielas para entrar en la lista, algo que podría tener un mensaje interno y externo. Mientras, en Compromís parece que, al menos de momento, han entendido la situación global, antes de bajar al detalle que puede provocar las habituales disputas. Todas las formaciones que integran la coalición han decidido abrir el frente. Claro, en este caso es fácil. Son la fuerza hegemónica y solo tienen que esperar que los demás se dejen llevar por su imán. Veremos cuando haya que ser generosos, con los de dentro y los de fuera, cómo se escribe el cuento. Estaremos atentos a los separados Alberto Ibáñez y Àgueda Mico. También a los movimientos que impliquen a Mónica Oltra, otra de las que anticipa quebraderos de cabeza por el cambio del calendario electoral. Tanto para Compromís como para el resto de formaciones de izquierdas, lo mejor es trabajar con fecha de entrega. Han demostrado que sin plazo divagan hasta la extenuación y enfadan a los suyos y a sus potenciales votantes. La resultante de las conversaciones no va a ser mejor por hablarlo durante meses que si se cierra en unos días. Los problemas y las medidas por las que abogan están señalados y son, en gran medida, coincidentes. Las batallas de nombres y porcentajes es mejor que sean rápidas para no ahuyentar a los simpatizantes más sensibles. Aquí ya sabemos lo que es cambiar un gobierno progresista por otro de derecha porque votos de la izquierda se han quedado sin representación. Podemos, los más rápidos eligiendo candidata, tienen ahora la oportunidad de demostrar cuánto les importa frenar la ola ultra, especialmente en territorios en los que han perdido en las últimas convocatorias toda su representación. 

El acelerón político y la fiesta popular llegan cuando en la calle hay gente indignada en un Estado sin acceso real a la vivienda. Estamos ante el 9 d’octubre de la acampada en las plazas, como la del Ayuntamiento de València. Aquí también hay humus y cuchillos y tampoco entre esas tiendas de campaña se enriquece uranio. María José Catalá tiene una oportunidad magnífica de demostrar si es concejala de fiestas o alcaldesa de todo y todos. La fiesta es importante para muchos, pero la acampada le ha pillado sin vallar el recinto de mascletaes. Ahora, otra vez, el reloj corre y hay que ser audaz. El enfrentamiento político no es solución. Aunque le cueste, debería demostrar mano izquierda, si la tiene. Con solo la derecha, quizás haga campaña, pero no tendrá el día que merecen los valencianos. Los que gustan del ruido, la pólvora y los himnos y banderas y los que, en su día a día, necesitan que les solucionen los problemas que no les dejan vivir o, al menos, que no les abran la puerta a quienes se los generan. El 10 de octubre hay que seguir viviendo, aunque sea en campaña electoral.