Que no eclipsen tus derechos

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Este 12 de agosto, a última hora de la tarde, media España va a levantar la vista al cielo. Por primera vez en más de cien años, un eclipse total de Sol cruzará la península de oeste a este y aquí, en la Comunitat Valenciana, lo veremos casi en su plenitud. Durante poco más de un minuto, la Luna se colocará justo delante del Sol y el día se hará noche. Después, la luz volverá. Así funcionan los eclipses: duran lo que duran y terminan solos, porque los rige la física, no la voluntad de nadie.

Hoy también es el Día Internacional de la Juventud. Y desde Aposta Jove queremos decir algo incómodo: hay sombras que llevan mucho más de un minuto cubriéndonos, y esas no terminan solas. Esas las mantiene alguien. Y a ese alguien hay que nombrarlo.

Llevamos años escuchando que somos la generación mejor formada de la historia. Lo que no se dice tanto es que somos también la generación a la que peor le está pagando esa formación quien tiene la obligación de pagarle: empresas que renuevan contratos temporales como quien renueva una suscripción, que convierten la jornada parcial en papel mojado, que sustituyen puestos de trabajo por becas. Eso no es mala suerte generacional, es un modelo de relaciones laborales que a algunos les sale muy rentable y que solo cambia si alguien lo empuja a cambiar, en la mesa de negociación colectiva y en el Parlamento.

Está el eclipse de la vivienda, quizás el más largo de todos y el más político. Emanciparse antes de los treinta se ha convertido casi en una excepción y no en la norma, y no es porque a la juventud valenciana le falten ganas de independizarse. Es porque durante años se ha dejado la vivienda en manos del mercado sin contrapeso público suficiente, mientras los salarios crecían a otro ritmo. Cuando el precio de un piso eclipsa un sueldo, lo que queda a oscuras es el derecho constitucional a una vivienda digna, y eso no se arregla solo: se arregla con parque público de vivienda, con regulación de precios y con rentas dignas.

Está el eclipse del tiempo. El derecho a desconectar existe sobre el papel, pero en muchos primeros empleos la disponibilidad total se da por hecha, como si formara parte del sueldo sin que nadie la haya pactado ni compensado. Y está el eclipse silencioso, el que menos se nombra en los discursos: el del desgaste. La ansiedad y el agotamiento asociados a la precariedad no son un rasgo de carácter de esta generación, son la consecuencia directa de un mercado de trabajo que se ha diseñado, decisión a decisión, sin pensar en quien lo sostiene.

Podríamos quedarnos ahí, mirando la sombra, esperando a que pase como pasa la del eclipse de esta tarde. Pero la diferencia entre un fenómeno astronómico y la precariedad es exactamente esa: el primero se explica con física, la segunda se explica con decisiones. Decisiones empresariales que priorizan el beneficio a corto plazo sobre la estabilidad de las plantillas jóvenes. Decisiones políticas que durante demasiado tiempo han mirado hacia otro lado en vivienda o en inspección de trabajo. Convenios que se negocian con fuerza pero no se conocen, por interés en que las personas trabajadoras no sepan sus derechos. Y lo que se decide, se puede desandar, si hay quien lo exige con la fuerza suficiente para que escuchen.

Por eso desde Aposta Jove no nos conformamos con señalar la sombra. La combatimos, y lo hacemos donde de verdad se tuerce el rumbo de las cosas: en la negociación colectiva, exigiendo que los convenios recojan salarios y condiciones dignas para quien empieza; en la calle y en las instituciones, reclamando políticas de vivienda que no dejen a la juventud fuera del mercado; en cada centro de trabajo, acompañando a quien no sabe si su contrato es legal o se enfrenta solo a un despido injusto. Formamos a la próxima generación para que entre al mercado laboral sabiendo cuáles son sus derechos, no descubriéndolos a base de golpes. Porque el sindicalismo no es nostalgia de otra época, es la herramienta más práctica y más política que existe para que un derecho escrito en una ley deje de ser papel y se convierta en algo que de verdad se disfruta.

Cuando la Luna tape el Sol, merece la pena mirar al cielo. Es un espectáculo que no volveremos a ver en la Comunitat Valenciana en toda una vida. Pero cuando la luz vuelva, en un minuto, proponemos usar esos segundos de oscuridad compartida para algo más: para exigir que se hable, con la misma atención con la que miramos el cielo, de todo lo que llevamos demasiado tiempo dejando en la sombra sin que nadie asuma su responsabilidad.

El Sol siempre vuelve a salir solo. Nuestros derechos no deberían depender de esperar a que alguien, algún día, decida aplicarlos por generosidad. Se organizan, se negocian y se exigen.

Que no eclipsen tus derechos. Organízate.