Botón de ancla
Pedro, ahora a Jordi Wild
Personalmente, las entrevistas a Pedro Sánchez se me hacen gola. Hay que reconocer que es ingenioso y tiene puntos muy buenos, pero esa actitud suya de ir por la vida como si fuera el presidente de Happylia cansa un poco. Cuando se sienta en un plató, está más pendiente de quedar bien ante los suyos que de intentar llegar a los otros, que no son fantasmas como en la película de Amenábar, sino gente que no le va a votar. El programa tuvo 4,4 millones de espectadores –Rosalía, en el mismo sofá, 2,7– y, en total, más de 7 millones conectaron en algún momento con RTVE. La sacada de miembro fue de tal calibre, que hasta la casi escritora Ana Rosa Quintana dijo en su programa que “va a ganar las elecciones. No tengan ustedes ninguna duda”. Dijo ganar, no que esté en situación de formar gobierno. Pero el sapo se lo tuvo que tragar, aunque fuera para intentar movilizar a los suyos para evitarle ese disgusto.
Pero hay un pero. Siempre tiene que haberlo. Amén de someterse a las preguntas de Broncano, que tocó todos los temas pero con humor, debe atreverse a torear en otras plazas. Una de ellas es el canal de Jordi Wild que, con sus 15 millones de seguidores, se merece todo el respeto. Sí, es el ídolo de los gymbros, sus análisis suelen tener la profundidad de un charco, y está claramente escorado a la derecha. Por eso, y porque de esos 15 millones de seguidores unos 14,9 (y que no me quede corto) han cantado al menos una vez “Pedro Sánchez, hijo de puta”, el Perro debe ir.
A The Wild Project no le han regalado sus seguidores, se los ha ganado. Su fórmula funciona: lleva a un invitado, le pregunta y en lugar de interrumpirle antes de empezar (como hace Broncano) les deja que se explayen. Ahí, los invitados van a hablar de su libro, a contar anécdotas entre falsas y muy maquilladas, y a dejar caer alguna cuñadez. Cuando el invitado vale la pena, funciona como un reloj suizo. Se puede criticar al presentador y al programa —como a todos— pero no tirarlo por tierra. Solo hay que tener en cuenta una cosa: el inclito ni es periodista ni dice serlo, pero como comunicador es mejor que muchos que van por la vida en plan Estrellita Castro.
Para estas elecciones, Wild lanzó una invitación a los cabezas de cartel de los partidos más importantes a pasar por taquilla: si uno se negaba, se suspendían todas. Y advertía “no sería una entrevista/masaje como en otros sitios, y que, con todo el respeto del mundo, le iba a preguntar [a los candidatos] por temas delicados sí o sí”. En seguida, Abascal y Feijóo dieron el sí quiero –saben que juegan en casa– y Ada Colau tardó más (con el cacao que llevaba el Frente Amplio, se entiende), pero aceptó. Tras darle muchas vueltas Sánchez se ha sumado a la procesión. Bien hecho.
Wild tiene cosas buenas, y algunas muy buenas, pero nunca ha hecho una entrevista en plan malote, como la que se cree que va a hacer. Que diga que hará preguntas incómodas “no como los otros” demuestra que no ha visto una entrevista electoral en su puta vida. Tampoco tiene el conocimiento enciclopédico sobre política que hace falta para ser rápido y ganar en el cuerpo a cuerpo. El Perro, en cambio, va sobrado en todas estas mañas y, cuando hace falta, también sabe recurrir al sentido del humor. Teniendo en cuenta lo que aguanta un día normal en el Congreso, al plató de The Wild Project puede ir en bermudas.
Esa entrevista va a influir más en las elecciones que la de Broncano. Primero, porque pocas veces los seguidores de Wild han visto a alguien de izquierdas refutando todos los lugares comunes que abundan en sus entrevistas. Si aguantan hasta el final –en caso de que la disonancia cognitiva no les provoque un ictus- van a escuchar por primera vez que las pensiones son sostenibles, que los inmigrantes no viven de las paguitas, que si se bajan impuestos a los ricos no van a ver ni un euro o que con Franco tan, tan, tan bien no se vivía. A cada uno que convenza, a cada uno que haga dudar, lo puede convertir en un votante en un caladero en el que nunca soñó pescar. Sentarse con Jordi Wild lo humanizará ante gente que le odia y cuya imagen del presidente es la que les llega por los memes.
Y lo dicho por Jordi Wild, también vale para Pablo Motos y El Hormiguero... si le invitan. El utielano tiene las virtudes de Wild, pero también sus defectos: se creen capaces de improvisar un Intxaurrondo (lo digo por Silvia, no por el general Galindo), pero no pasan de reporteros Tribuletes. Más que por sus entrevistas (recordemos las de la Pantoja o Abascal), pasara a la historia de la comunicación por sus masajes. Como comunicadores, un diez; como periodistas, muy raspaditos. Sánchez, con Trancas y Barrancas como maestras de ceremonias, tiene mucho que ganar y nada que perder ante una audiencia de extremo centro.
¿Y debería ir a Horizonte? A ese lodazal, ni en ouija.