Los toldos

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De los guionistas del Ventorro y los creadores de frases como “se comprende lo que el fuego quiere hacer” y “vamos a intentar que las condiciones meteorológicas no cambien” (Carlos Mazón y Juanfran Pérez Llorca) llega la instaladora de toldos María José Catalá. Una alcaldesa superada por un tsunami de calor que solo sorprende a quienes, en lugar de trabajar, se ponen de perfil ante los problemas.

València lleva tres años perdidos en la lucha contra el cambio climático. Los mismos que lleva gobernando la ciudad la coalición PP-Vox. Si hoy el Saler cuenta con cañones antiincendios, es gracias al gobierno anterior. Punto. El actual no solo no ha aportado nada, sino que ha tumbado todos los proyectos de renaturalización de plazas y calles. Y ahora, sobrepasada por la realidad, la alcaldesa anuncia que colocará toldos donde debería haber plantado árboles.

Y esto lo dice la Catalá de 2026 porque la que estaba en la oposición criticó con vehemencia la remodelación de la plaza de la Reina, donde el reto era sortear la losa del aparcamiento. La realidad es que mucho criticarla, pero sigue tal y como la encontró. Ahora habla del proyecto de San Agustín como el modelo… cuando es el mismo proyecto que dejaron embastado los socialistas desde Urbanismo. Como todos los que han desaparecido de la agenda de este Ayuntamiento, empeñado en que no quedara ni rastro de la Capital Verde Europea.

Qué malo es el sectarismo y cómo empequeñece. De la plaza del Ayuntamiento solo sabemos que tendrá mesas y sillas nuevas (subvencionadas con dinero público) y ahora unos toldos. Todo combinará, seguro. Porque lo único que preocupa a esta Alcaldía es la apariencia.

Pero el cambio climático no es una cuestión de estética. Las muertes por golpes de calor no son ficción. Los incendios, tampoco. En cambio, los toldos de Catalá sí son el reflejo de la improvisación ante la emergencia. De la falta de conciencia. Del intento de tapar los efectos por no actuar contra las causas. Y así sentimos el crepitar de las llamas en la Vall d’Uixó y vemos cómo quienes fingen abatimiento recortan en el presupuesto de Emergencias. No tienen dinero para prevención mientras aumentan la partida de festejos. Alardean de bajar impuestos a la par que piden más recursos porque los que tienen no les llegan.

España entera en manos de gobiernos autonómicos negacionistas hasta de sus propias competencias. Pero solo quien no quiere saber ignora que son tan responsables de los montes como de la Vivienda, la Sanidad o la Educación.

Es imposible impedir que ‘alguien’ pegue fuego al monte. Que una tormenta eléctrica desencadene un infierno. Lo que sí se puede hacer es prevenir para que ese fuego no se descontrole y devore el patrimonio natural. Todavía me sorprende escuchar a gente decir: “Mientras no haya pérdidas humanas”. ¡Qué poco valoramos la naturaleza! En cada incendio desaparecen especies de plantas y árboles y mueren animales e insectos fundamentales para garantizar nuestra supervivencia. ¡No podemos ser tan miopes!

Y por si no teníamos bastante con el sufrimiento de las miles de personas evacuadas, de nuevo llega la desinformación. Como en la pandemia, como en la dana. Cada vez que ocurre una tragedia, los buleros salen de sus madrigueras para sembrar la confusión y la desconfianza, especialmente, en los profesionales que están dejándose la piel en cada incendio. Así que vayan por delante las gracias a los bomberos, a Protección Civil y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pero enfrente están los irresponsables. Quienes nunca se hacen cargo de nada. Los que se pasan los días gritando que les gusta la fruta y piden que el frutero ponga todos los recursos porque ellos solo se dedican a ir de fiesta en fiesta. Desde los Sanfermines, en día laborable, hasta la final del Mundial, sin aclarar la procedencia de las entradas ni el pago del viaje. No sé cómo lo consiguen, pero siempre encuentran una excusa mientras a ti te acusan de absentista.

Corren tiempos difíciles en los que los ‘bajaimpuesto-negacionistas-climáticos-anticientíficos-y-antiecologistas-difusores-de-bulos’ no son una opción. Es más, tenemos que huir de ellos. Arrinconarlos políticamente. Es indignante que campen a sus anchas mientras los montes arden y aumentan las muertes como consecuencia del cambio climático. Las olas de calor cada vez serán más feroces y con esta gente no estamos preparados para combatirlas.

En València, los solares de los barrios y los accesos a la ciudad son vertederos al aire libre. Rotondas como la del Saler son cajas de cerillas a la espera de que salte una chispa. La maleza seca ha convertido parques como el de Benicalap en polvorines mientras las concejalías de Catalá juegan al ‘tú la llevas’ en lugar de asumir responsabilidades. Septiembre llegará, el calor persistirá y nuestros hijos e hijas volverán a unas aulas sin climatizar. En otoño lloverá y el Ayuntamiento no habrá llevado a cabo las obras que la Torre necesita. Pero eso sí, Catalá habrá instalado cuatro toldos donde ya deberían estar creciendo los árboles.