BOTÓN DE ANCLA
¿A las puertas del caso ‘Sol Films’?
Para la educación pública o prevención de emergencias no hay, pero para fastos fatuos, de los que duran menos que la nota de prensa que los anuncia, parece que sobra. La última ocurrencia de la Generalitat es regalarle a una productora cinco millones de euros (con la excusa de que es prima lejana de Disney) y, por si fuera poco, presentar a bombo y platillo (un mono atado a una cadena no hubiera desentonado en un ambiente tan festivo) un plan, puro humo, de una productora ignota que, dice, se va a gastar entre 18 y 24 millones en cada una de las 20 películas que va a rodar en la Ciudad de la Luz en la próxima década. Dos por uno del engaño. No me reía tanto desde que faltó Fofó.
Vaya por delante que ojalá el recinto se convirtiera en una de las capitales europeas del cine, una especie de estudios Pinewood pero en la terreta. Pero eso no va a pasar. No mientras Navarra o Canarias tengan unas instalaciones más modernas y, sobre todo, mejor fiscalidad. No ocurrió ni siquiera cuando abrió sus puertas, el único momento en el que realmente pudo haber marcado la diferencia, en aquel lejano año 2000. Literalmente, el siglo y el milenio pasado. Tuvo momentos de gloria, aunque efímera, como cuando J.A. Bayona utilizó su piscina ‘Toi’ gigante para rodar Lo imposible. Que yo recuerde, seguro que me equivoco, esa balsa, que iba a ser la seña de identidad de la Ciudad de la Luz, ya solo se utilizó para un par de anuncios. En realidad, salvo algunos títulos (como el citado, Prometheus o Astérix en los juegos olímpicos), tampoco se puede decir que llegara a ser un centro de peregrinaje del audiovisual mundial.
Eso sí, mientras duró la Ciudad de la Luz dio para algunas anécdotas curiosas, como que Gerard Depardieu aprovechó su estancia en Alicante para hacer la ruta de los puticlubs o que, un día, se presentó sin avisar Quentin Tarantino pero no le dejaron entrar. De todas, las más conocidas son sin duda cuando el Tribunal Supremo ordenó a la Generalitat pagar 15 millones por haber okupado por la patilla parte del terreno sobre el que se construyó, y cuando la Comisión Europea declaró ilegales 265 millones en ayudas y hubo que chapar la paraeta. De los cien títulos que, decían, se iban a rodar allí, solo se materializó la tercera parte, y no estamos hablando precisamente de blockbusters, sino de algunos truños como La fría luz del día, una de las últimas de Bruce Willis.
Pero, ya se sabe, lo que no es tradición es plagio. Así que la Generalitat, a falta de trolas nuevas, tira de las antiguas. Y así, en una semana, nos han vendido que el complejo reverdecerá viejas glorias que nunca llegó a tener. Trolas, que no se las cree ni la consellera de Industria, Marián Cano, como que va a venir una productora de presunto chica y nabo y, en un alarde de generosidad, va a rodar nada menos que 20 películas en diez años y se dejará entre 18 y 20 millones por título. Por lo visto, no hay más sitios en el mundo. Teniendo en cuenta que de esas 20, calculo por lo bajo, 15 ni siquiera están en la fase de ideas estaríamos ante un paso nuevo en la historia del noveno arte: primera buscas los estudios y luego ya harás las pelis. Sobre la mesa, por supuesto, Good Films no ha puesto un euro, y no parece que lo vaya a hacer salvo que de puro good parezcan morons. Yo solo digo, puede que me equivoque, pero de las 31 películas que ha producido hasta ahora —y uso de referencia su propio listado— no creo que haya una sola que alcance los 18 millones.
Y luego está lo de Enredados, una adaptación con personajes reales de la peli de Disney de mismo título. Cinco millones de euros se ha metido en el bolsillo la productora Sol Films —ayer malagueña, hoy valenciana— para que se ruede aquí. No sabemos si toda la peli —que me extrañaría mucho— o solo cuatro planos. Da igual, los lereles ya se los han embolsado. De todo, lo más extraño, es que no haya alguien poniendo la mano. Con la duda nos quedamos que de si, dentro de unos años, no habrá un caso Sol Films, con una factura a pagar a escote.
Podría oler a apuesta segura que detrás esté Disney que, recordemos, palmó la friolera de 140 millones con Tomorrowland: El mundo del mañana, que también se rodó por estos lares. De ahí que dar cinco millones a un rodaje de futuro incierto, con la cantinela de que va a salvar el audiovisual valenciano, es para cogerlo con pinzas (o ponérselas en la nariz). El sector, en la Comunitat, se reparte cada año poco más de esa cantidad (6,7 millones de euros), lo que hace pensar que si se trata de salvarlo, quizás primero tenían que haber preguntado a los interesados si querían salvarse así.
Las cifras del anuncio del retorno económico de la operación son tan disparatadas que ni el IVIE se atrevería a tanto
Y luego, cual colofón fallero, llega el festival de ingenio y gracia: el anuncio del retorno económico de la operación. Las cifras son tan disparatadas que ni el IVIE se atrevería a tanto. Por cada euro público invertido, nos dicen, caerán del cielo ocho de capital privado. Si fuera verdad, hacemos mil pelis en dos años no solo podríamos poner aire acondicionado en todas las aulas de la red pública, sino que podrían mandar a los alumnos en taxi a la Antártida para que se protejan de la canícula.
Por si fuera poco, hablan de 2.500 contratos caídos del cielo y, last but not least, entre 200 y 600 millones en valor publicitario. Y todo por cinco millones. Si los madrileños se tragaron los de una Fórmula 1 a coste ‘cero’ no deberíamos ser menos.