Lasaña de berenjenas: la receta de esta comida fácil, saludable y nutritiva, paso a paso

Si elegimos ingredientes equilibrados, la lasaña puede convertirse en un plato saludable, sabroso y reconfortante al mismo tiempo. Al prepararla con berenjenas, conseguiremos una opción más ligera que la tradicional, con láminas de pasta y carne. Esta versión vegetal no tiene nada que envidiar a la original y conserva toda su personalidad: el aroma a horno, las capas y el gratinado. En este caso, se sustituye la carne por una de las hortalizas mediterráneas con más carácter.

La lasaña es uno de los iconos gastronómicos por excelencia de Italia, pero su origen tenemos que buscarlo en la antigua Grecia. Su nombre proviene del laganum o lagana, el recipiente en el que se cocinaba la lasaña, una receta elaborada a base de finas capas de masa rellenas. En el siglo I d.C. ya hay referencias a este plato en De re coquinaria, de Apicio. En aquella época, la preparación se basaba en unas láminas de masa hechas con harina y agua intercaladas con carne o pescado.

La receta siguió evolucionando a lo largo del tiempo. Si buscamos un registro escrito, tenemos que esperar a 1287 en Bolonia. En el Memoriali Bolognesi encontramos una referencia a la lasaña en un poema. Pero la primera receta más parecida a la actual se encuentra en el Liber de Coquina (manuscrito anónimo de 1300) redactado en Nápoles, donde se habla del plato De lasanis, detallando láminas de pasta cocidas en agua que se intercalaban en capas con especias y abundante queso rallado.

La llegada del tomate desde América elevó este plato a joya culinaria. Y la versatilidad de su estructura, a capas, ha dado pie a reinventarlo y adaptarlo a un estilo de vida más saludable, como esta versión con berenjena.

Ricas en fibra y con antioxidantes

La berenjena no se caracteriza por ser la hortaliza más rica en nutrientes. Es cierto que si la comparamos con otras verduras su aporte nutritivo y energético es más modesto. Pero eso no quiere decir que sea un ingrediente poco relevante nutricionalmente. La berenjena, tal y como recuerdan desde la Fundación Española de Nutrición (FEN), también está cargada de virtudes:

  • Tiene un alto aporte de fibra: la berenjena es fuente de fibra, “pero más localizado en su piel y las semillas”, explican desde la FEN, favoreciendo tanto el tránsito intestinal, como el equilibrio de la microbiota.
  • Es fuente de antioxidantes: según la FEN, en la piel de la berenjena encontramos la nasunina, una antocianina que tiene acción antioxidante. Es la responsable de su color morado y no es fácil encontrarla en otros alimentos. Tiene también un alto contenido en flavonoides, un escudo contra el envejecimiento celular.
  • Mejor, cocinada: La berenjena contiene solanina, un alcaloide considerado tóxico pero no hay por qué alarmarse, ya que al cocinarla desaparece. Como aconseja la FEN, es recomendable consumirla con su piel, pues es donde más propiedades concentra.

La receta, paso a paso

La berenjena es una planta muy mediterránea. Para desarrollarse necesita mucho sol. Su temporada natural se concentra en los meses de más calor: de julio a septiembre, cuando alcanzan su punto de madurez, su sabor está en su mejor momento, así como sus nutrientes y además podemos comprarla a precios muy competitivos. Cuando las metas en la cesta de la compra, fíjate en que su piel esté firme y brillante, con un color morado vivo y sin manchas o partes blandas. Anota los ingredientes para una lasaña de berenjenas para cuatro comensales:

  • Tres berenjenas grandes
  • Unos 400 gramos de salsa de tomate casera
  • 250 gramos de queso mozzarella fresco
  • Otros 80 gramos de queso tipo parmesano
  • Un par de dientes de ajo
  • Para condimentar: albahaca fresca, pimienta molida, orégano y sal

Para la bechamel:

  • 40 gramos de harina y la misma cantidad de mantequilla
  • Medio litro de leche entera
  • Un poco de sal, pimienta negra y nuez moscada

Lo primero que haremos será deshidratar las berenjenas. Para ello, las lavamos bien, las cortamos en láminas finas y las depositamos sobre un colador. Las dejaremos reposar una media hora con sal gruesa para que pierdan el agua que contienen y se cocinen mejor al horno. Pasado ese tiempo, las aclaramos bien con agua y las secamos con papel de cocina. Seguidamente, encendemos el fuego y calentamos una sartén con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Sellamos las berenjenas vuelta y vuelta. Unos dos o tres minutos por lado, y dejamos sobre papel absorbente para que suelten la grasa.

Vamos con la salsa de tomate. En la misma sartén, con un poco de aceite de oliva doramos los ajos cortados en láminas. Añadimos la salsa de tomate, corregimos acidez si fuera necesario con una pizca de azúcar, y adicionamos el orégano, la sal y la pimienta. Cocinamos al menos diez minutos y al apagar el fuego añadimos la albahaca fresca para aromatizar la salsa.

Continuamos con la bechamel. Para ello, derretiremos la mantequilla en una sartén, añadimos la harina y removemos sin parar durante unos dos o tres minutos para que no se quede cruda. Con la leche tibia, la iremos añadiendo poco a poco a la mezcla sin parar de remover para que no se formen grumos. El fuego tiene que ser lento. El proceso nos tomará unos diez minutos. Cuando espese añadimos las especias.

Mientras montamos la lasaña, podemos calentar el horno a 180 °C. Vamos a escoger una fuente apta para horno y la cubriremos con una primera capa de tomate, sobre la que depositaremos otra de berenjena, por encima colocaremos otra capa de mozzarella desmenuzada y finalizaremos con la de bechamel. Repetimos el proceso hasta finalizar con una capa superior de berenjena, que cubriremos con un poco más de mozzarella y el parmesano.

Llevamos la fuente al horno durante una media hora. Cuando queden cinco minutos puedes activar la función de gratinado para que se dore el queso. Una vez transcurrido el tiempo, sacamos del horno, y la dejamos reposar diez minutos de forma que se asienten los sabores y sea más fácil de cortar. Podemos servirla con unas hojas de albahaca para darle un toque de aroma y color.