“Limpiar, hidratar y proteger”: Un experto indica cómo lavarse el pelo en verano para que no quede seco y apagado
En verano parece que el pelo está resplandeciente, al menos en las fotos de las vacaciones. Pero lo cierto es que después de semanas de playa, sol y piscina, está apagado, reseco, con las puntas abiertas, y más difícil de peinar que en junio. Ese deterioro no es inevitable ni ocurre de golpe. Es el resultado de no entender qué está ocurriendo en la fibra capilar durante el verano y de perpetuar algunos hábitos que, con las mejores intenciones, empeoran el problema.
“El verano es la época del año que más castiga el cabello”, afirma el experto peluquero Daniele Sigigliano, director de Blow Dry Bar. “No es solo el sol, es la suma de varios factores: los rayos UV, el calor, el cloro, la sal del mar y el viento”.
Cada uno de esos factores ambientales actúa de forma diferente. “Los rayos UV degradan la queratina, que es la proteína principal del cabello, y además aceleran la oxidación del color. El resultado es un pelo más apagado, más seco y con menos brillo”, explica Sigigliano. La queratina es la proteína que da resistencia y elasticidad a la fibra capilar, y su degradación progresiva es lo que explica la textura áspera y quebradiza que aparece a final del verano.
El agua, tanto la del mar como la de la piscina, afecta al pelo de formas distintas. “El agua del mar deshidrata la fibra capilar, mientras que el cloro elimina parte de la protección natural del cabello y, en los rubios o cabellos decolorados, incluso puede modificar el tono”, señala el experto. El cloro no solo irrita la piel, sino que actúa como un agente oxidante que debilita los enlaces internos de la fibra capilar, haciéndola más porosa y menos capaz de retener humedad, de ahí que aumente la sequedad.
“Cuando todo esto se acumula durante varias semanas, es cuando aparecen las puntas abiertas, el encrespamiento, la pérdida de elasticidad y la rotura. El verano no estropea el cabello en un día, lo hace poco a poco, con cada baño y cada exposición al sol”, comenta Sigigliano.
Los errores y mitos más extendidos para el pelo
El primer malentendido es pensar que en verano conviene lavarse menos el pelo para protegerlo. Sigigliano defiende exactamente lo contrario: “Después de la playa o de la piscina, el cabello acumula sal, cloro, arena, sudor, protector solar y contaminación. Si no eliminamos esos residuos, permanecen sobre la fibra capilar y siguen dañándola”.
El segundo error, muy frecuente, es aclararse solo con agua después del baño. “El agua ayuda a retirar parte de la sal o del cloro, pero no elimina completamente los residuos minerales ni los restos de protectores solares”, comenta Sigigliano. El agua sola no es suficiente para eliminar los depósitos de cloraminas que se forman cuando el cloro reacciona con los residuos orgánicos del cabello, ni para disolver los filtros UV de los protectores solares que se hayan podido quedar adheridos.
El tercero es el mito de que conviene lavarse el pelo con agua de mar. “Es cierto que puede aportar textura o volumen durante unas horas, pero no es un tratamiento para el cabello”, explica Sigigliano. “Si dejamos que la sal permanezca mucho tiempo sobre la fibra, el pelo termina deshidratándose y perdiendo flexibilidad”.
Cómo lavarse y proteger el pelo en verano
La recomendación principal de Sigigliano es actuar con rapidez: “Después de la playa o de la piscina hay que aclarar el cabello cuanto antes y, siempre que sea posible, lavarlo con un champú específico para eliminar los restos de sal, cloro y productos solares”. La temperatura del agua también importa. Lavar el cabello con agua muy caliente abre la cutícula capilar (la capa exterior de escamas que protege la fibra), lo que facilita la pérdida de humedad después del lavado. En verano, cuando la fibra ya está más porosa de lo habitual por la exposición al sol y el cloro, el agua fría o tibia al final del aclarado ayuda a cerrar la cutícula y a que el cabello retenga mejor la hidratación.
Para el lavado, los champús suaves específicos para verano o los formulados para cabellos teñidos o tratados, tienen efectos distintos a los productos que usamos el resto del año, ya que se les añaden compuestos que eliminan los residuos sin resecar en exceso. Después del champú, el acondicionador o la mascarilla “dejan de ser un extra y pasan a ser imprescindibles”, afirma Sigigliano.
Si el cabello está muy seco por el sol, una mascarilla hidratante aplicada una o dos veces por semana aporta un extra de protección que el champú no puede dar por sí solo. Si además hay daño químico previo (mechas, coloraciones, alisados), una mascarilla reparadora reduce las posibilidades de rotura.
También hay algunas medidas de prevención para proteger el cabello. Antes de entrar al mar o a la piscina, mojar el cabello con agua dulce hace que la fibra ya esté saturada de humedad y absorba menos agua salada o con cloro. Fuera del agua, cubrir el cabello con un sombrero o pañuelo durante la exposición prolongada al sol reduce la degradación de la queratina por los rayos UV. Por último, aplicar un aceite o protector solar capilar antes del baño forma una barrera que impide la penetración del cloro y la sal.
Sigigliano resume el cuidado del verano en tres palabras: “Limpiar, hidratar y proteger. Muchas personas invierten tiempo y dinero en hacerse un color precioso antes de las vacaciones, pero luego se olvidan de cuidarlo. Dedicar cinco minutos al cabello después de cada día de playa o piscina puede marcar la diferencia entre volver en septiembre con un pelo sano, brillante y fuerte, o con un cabello seco, apagado y muy dañado”, concluye.