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La D.O. Chufa de Valencia reivindica su sello como garantía de calidad y arraigo territorial frente a la “publicidad engañosa”

La D.O. Chufa de Valencia reivindica su sello como garantía de calidad y arraigo territorial frente a la “publicidad engañosa”.

Raquel Lavara

València —

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La chufa es un tesoro natural del Mediterráneo con Denominación de Origen en Valencia. Este pequeño tubérculo cultivado principalmente en la huerta valenciana, fue introducido durante la época árabe y representa la dedicación, la cultura y la historia de una zona protegida que durante siglos ha sabido cultivar y cuidar este producto autóctono español de kilómetro cero.

En los últimos años se ha convertido en un producto emblemático de la gastronomía valenciana y se ha consolidado como un “superalimento”, conocido especialmente por ser el ingrediente principal de la horchata. Además, desde hace un tiempo han surgido nuevos derivados, como la harina y el aceite de chufa, gracias a sus propiedades nutricionales y su versatilidad.

La chufa destaca por sus propiedades nutricionales: es rica en fibra, fuente de vitamina E y vitamina C y contiene antioxidantes que ayudan a combatir el envejecimiento celular y a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Asimismo, aporta por cada 100 gramos de producto, 23,7 gramos de grasas saludables y 6,1 gramos de proteína.

Su creciente popularidad, sin embargo, ha propiciado la entrada en el mercado de chufa importada que compite en los mismos lineales sin que el envase aclare siempre su procedencia.

Por esta razón, desde la Denominación de Origen (D.O.) denuncian que algunos productos utilizan referencias visuales o mensajes vinculados a la valencianidad sin contar con la certificación oficial, lo que puede confundir al consumidor. El vicepresidente del Consejo Regulador, Antonio Gimeno, considera que existe una “publicidad engañosa que juega con los límites de la legalidad para parecerse al producto certificado”.

Según el Consejo Regulador, toda la chufa certificada por la D.O. se vende para elaborar productos derivados, lo que confirma que la demanda existe y que el mercado absorbe la totalidad de la producción. No obstante, el sector afronta un reto estructural: la falta de relevo generacional, la baja productividad y la invasión de especies foráneas están reduciendo la superficie cultivada.

La entidad reclama también una mayor claridad por parte de supermercados y grandes superficies para que el consumidor pueda identificar sin ambigüedades qué productos llevan el sello de la D.O. y cuáles no. “Detrás de cada sello hay 240 agricultores, decenas de comercializadoras y elaboradores. No es solo una etiqueta, es el resultado de un trabajo colectivo que merece ser reconocido y protegido”, afirma Gimeno.

Francesc de Borja Espinosa, presidente del CRDO de Chufa de Valencia, anima a los consumidores a buscar este sello de calidad, no solo para apostar por un producto de calidad, sino también para sostener el paisaje, la economía y a los agricultores valencianos. “Lo que buscamos es que el consumidor sea consciente de lo que consume”, menciona.

La D.O. Chufa de Valencia protege y promociona la chufa cultivada en la huerta norte de Valencia, garantizando su calidad, autenticidad y origen. Su sello certifica que el producto cumple los requisitos más exigentes, desde el cultivo hasta la elaboración. Además, el cultivo está limitado a 339 hectáreas repartidas en 27 municipios de la huerta valenciana, todos ellos amparados por la entidad.

Por su parte, los productores que certifican su chufa con la D.O. cuentan con el respaldo de una institución que vela por la protección del producto y trabaja para mejorar su posicionamiento en el mercado internacional.

Desde el Consejo Regulador advierten de que “solo el sello de la DO certifica de forma objetiva el origen del producto”, por lo que animan a los consumidores a fijarse en este distintivo al realizar su compra.

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