Toyota contenta a Trump con más inversión en EEUU y el traslado de producción de México

Trabajador de una fábrica de Toyota de EEUU

Toni Fuentes

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Toyota ha dado un importante golpe de efecto en plena ofensiva de Donald Trump para repatriar la producción industrial a Estados Unidos. El fabricante japonés invertirá 3.600 millones de dólares en ampliar su complejo de San Antonio (Texas), donde construirá una nueva planta de ensamblaje y trasladará parte de la producción de la popular pick-up Tacoma que actualmente se fabrica en México.

El anuncio de Toyota encaja plenamente con la estrategia del Gobierno estadounidense, que ha intensificado la presión sobre los fabricantes de automóviles mediante aranceles a los vehículos, el acero, el aluminio y numerosos componentes con el objetivo de incentivar la fabricación dentro de las fronteras del país.

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La inversión permitirá levantar un nuevo edificio junto a las instalaciones que Toyota ya posee en San Antonio. La nueva línea de producción comenzará a operar en 2030, incrementará la capacidad de la fábrica en unas 150.000 unidades anuales y supondrá la creación de más de 2.000 empleos.

Uno de los movimientos más significativos será el traslado progresivo de la fabricación de la camioneta mediana Tacoma desde la planta de Baja California, en México, hacia Texas durante un periodo aproximado de cuatro años. No obstante, Toyota mantendrá la producción de este modelo en su fábrica de Guanajuato, por lo que no abandonará completamente la fabricación de la pick-up en territorio mexicano.

La compañía subraya que la decisión responde a su estrategia de fortalecer un sistema productivo “arraigado localmente y competitivo”, además de reforzar su compromiso de convertirse en “la mejor empresa de la ciudad”, contribuyendo al desarrollo económico y al empleo de la comunidad donde opera.

Un anuncio que refuerza el discurso de Trump

La inversión ha sido recibida con entusiasmo por la Casa Blanca. Un portavoz de la Administración aseguró que se trata de “uno de los muchos anuncios impulsados por la agenda de aranceles, desregulación y recortes fiscales” promovida por Donald Trump desde su regreso a la presidencia.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, confirmó además que el proyecto podrá beneficiarse de una subvención estatal de 20 millones de dólares, además de otros incentivos públicos destinados a atraer inversión industrial.

La decisión supone, además, un cambio de rumbo respecto a la estrategia seguida por Toyota hace apenas una década. En 2020, el fabricante trasladó precisamente la producción de la Tacoma desde San Antonio hasta Guanajuato, manteniendo únicamente parte de la fabricación en Baja California. Ahora el movimiento se invierte parcialmente para responder al nuevo contexto político y comercial estadounidense.

Sin renunciar a Norteamérica

Pese al traslado de parte de la producción, Toyota insiste en que mantiene intacto su compromiso con toda la región norteamericana. La compañía reiteró su apoyo a las operaciones que desarrolla tanto en México como en Canadá y Estados Unidos, al tiempo que pidió a la Administración Trump que prolongue el acuerdo de libre comercio entre los tres países, considerado clave para el funcionamiento de la cadena de suministro de la industria del automóvil.

El fabricante ya produce en San Antonio las camionetas Tundra y varios SUV, y este mismo otoño pondrá en marcha una nueva planta de ejes traseros de unos 46.500 metros cuadrados, reforzando aún más el peso estratégico del complejo tejano.

Una relación cada vez más estrecha

El anuncio también refleja la buena sintonía que Toyota mantiene con la Administración Trump. El pasado año, el presidente de la compañía, Akio Toyoda, llegó a aparecer públicamente con una gorra “Make America Great Again” y una camiseta de la campaña Trump-Vance, un gesto que fue muy celebrado por el presidente estadounidense y que, al mismo tiempo, provocó críticas entre organizaciones ecologistas.

Toyota también ha logrado que Washington flexibilice diversas normativas relacionadas con los estándares de emisiones y algunos requisitos para los vehículos eléctricos, aunque reconoce que la política arancelaria de Trump también le ha supuesto asumir miles de millones de dólares en costes adicionales.

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