Entrevista
Alberto San Juan: “Que la Iglesia encubra sus abusos es una trama corrupta. Tapar un delito es delito”
Solo un día antes de que el papa León XIV pise suelo español, se estrena en salas La luz, la última película de Fernando Franco que aborda los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica. Lo hace, además, desde un punto de vista que el cine no ha explorado todavía, el de un cura que cometió delitos en el pasado y decide contarlos e intentar redimirse. El cineasta, con su habitual estilo austero y adulto, plantea una película que habla sobre la impunidad y sobre una institución que prefiere esconder o encontrar una cabeza de turco en vez de afrontar un problema sistémico.
La coincidencia en el tiempo de la visita papal y el estreno del filme podría parecer coincidencia, pero su protagonista, un Alberto San Juan que vuelve a brillar como el cura abusador, confiesa que no es así. Que lo que querían con esta historia —el mejor guion que ha recibido, según él— era abrir el diálogo y que la gente se preguntara cómo es posible el silencio que se extiende hasta nuestros días de un problema que sigue sin afrontarse con rotundidad.
(Esta entrevista se realizó antes del anuncio del papa León XIV de que se reunirá con víctimas de abusos de la Iglesia Católica. El Vaticano ha comunicado esta decisión horas antes de su llegada)
La película aborda los abusos en la iglesia desde un punto de vista inusual, el del cura abusador, ¿qué pensó cuando leyó el guion?
Fernando Franco, como en sus anteriores películas, escoge un personaje y la cámara va con él. En este caso con el personaje que yo interpreto, Manuel, el sacerdote y abusador. Pero creo que el punto de vista es el de la cámara, que es un ojo que no juzga, no el de Manuel. Si fuera una novela estaría narrada, creo yo, en tercera persona, no en primera persona. De hecho, el personaje, incluso para mí, que una vez terminada la película ya me convierto en un espectador, es misterioso y me cuesta decidir si me lo creo o no, si me creo o no la sinceridad de su arrepentimiento, de cuáles son sus verdaderas motivaciones, si es reparar el dolor de sus víctimas o si es su forma de sobrevivir en esa situación.
Por otro lado, creo que el tema te diría que no son los abusos en sí, sino cómo gestiona la institución de la Iglesia católica en España los abusos sexuales que histórica y sistemáticamente han venido produciéndose en su seno a lo largo de la última década. Por la información que hay, parece que no solo ha sido sistemático y continuado, sino que ha habido encubrimiento de los mismos. Si yo tuviera que decir cuál es el tema de la película creo que sería la impunidad del poder a la hora de ejercer la violencia.
En España es un tema que nos toca de cerca. Pasamos de no tener ningún caso a ser uno de los países con más casos porque se habían encubierto, ¿cómo puede tocar a la sociedad este tema en un momento dónde parece que se está revisando todo esto?
Bueno, yo creo que gracias a la labor de los medios de comunicación, y quiero nombrar a Julio Núñez y a Íñigo Domínguez, que son dos periodistas que llevan desde hace casi una década haciendo un trabajo investigación muy serio sobre este asunto y que han sacado a la luz muchos casos, se ha podido tener una percepción del problema más cercana a la realidad. De alguna manera se ha mostrado insostenible la teoría de que se trataba de casos aislados. De pronto se ve que esto tiene una dimensión muy grande y que no solo se producían los abusos, sino que se encubrían sistemáticamente. Y por eso me resulta muy sorprendente, ya no hablo como cineasta, sino como ciudadano, que no sea la propia Iglesia la que tome la iniciativa para hacer la luz en este territorio tan oscuro que alberga en su seno.
La película coincide con la visita del Papa.
Estoy realmente sorprendido de que el papa León XIV no vaya a tener un encuentro con las víctimas en su visita a España cuando son tantos los casos en la Iglesia española, tal y como le han pedido los colectivos de víctimas. Y en caso de tenerlo lo que se ha dicho es que será en privado. A puerta cerrada. Una vez más, cerrando las puertas, no dejando ver el tema. Me parece sumar dolor, me parece revictimizar. No entiendo esta actitud de decir ‘la Iglesia está haciendo todo lo que puede hacer’. No, no es así. Escuchad a las víctimas. No es la Iglesia quien tiene que decir si está haciendo todo lo que puede hacer, son las víctimas. Y las víctimas dicen que no es así. Entonces démosle voz. Que no lo haga el Papa me parece muy sorprendente.
Imagino que el timing de que coincida es una casualidad…
No, es intencionado. Por supuesto. Sí, porque evidentemente es una de las conversaciones pendientes necesarias, urgentes y graves de la Iglesia. En estos días va a formar parte de la conversación, y en la medida en que la Conferencia Episcopal y el propio equipo del Papa traten de mantener silencio al respecto, ese silencio va a resultar muy sonoro. Porque ese precisamente ha sido el problema y es lo que se critica, el silencio, el ocultamiento, el encubrimiento. Y de esto habla la película, que no emite un juicio, no es una película de tesis, no lo podría ser, siendo dirigida por Fernando Franco. Y te puedo decir que la película es de un rigor exhaustivo. Todo lo que aparece está fundamentado en hechos reales publicados en prensa, contados por víctimas e incluso reconocidos por la propia Iglesia en el informe del Defensor del Pueblo.
Por su parte, ¿como actor ha investigado o estaba todo claro en el guion?
Yo había leído informaciones desde mi posición de ciudadano y de persona que vive en sociedad. Pero cuando me incorporo a la película, Fernando ya ha escrito un guion que es el mejor que me ha llegado jamás, en serio. Y Fernando ya previamente había hecho un trabajo muy exhaustivo de documentación. Para mí fue muy fácil porque él me guio. Me dijo “Lee esto, ve estos documentales, ve estas películas, habla con estas personas”, y eso es lo que hice.
Sin hacer spoiler, a su personaje la gente católica le juzga más severamente por decir la verdad que a la Iglesia por encubrirlo.
Esto es algo que se repite en distintos ámbitos de crimen, corrupción y abuso. Aquel que ha participado de la trama y, porque le pillan o porque se arrepiente, sale y dice basta, normalmente paga él. Hemos visto en España, en distintas historias, que paga el juez que investigaba, que paga la persona que se atrevió a contar, el funcionario que se atrevió a decir. Mi personaje, Manuel Monsalve, en un momento le responde a un periodista: “¿No le parece extraño que nos resulte más llamativo un cura que confiesa el daño que ha hecho públicamente a otro que lo calla y permite que ese sistema de abuso y encubrimiento siga funcionando?”. Nos llama más la atención eso. Y vemos en la película que cuando él confiesa públicamente empiezan a surgir críticas contra él como individuo, no contra la institución.
La película aborda de alguna forma la corrupción, en este caso en la Iglesia, pero que puede ser trasladable a otros ámbitos.
La película de Fernando tiene una cosa muy buena y es que utiliza el género del thriller para contar una historia y para abordar un problema muy complejo y una violencia heredada. Heredada en el sentido de que viene de muy atrás, que no ha dejado de suceder y que ha estado silenciada. Y sí es una trama corrupta, es una trama criminal. Encubrir un delito es delito. Y cuando se hace no una vez por parte de una persona, sino dos, tres veces, cuatro, es un sistema. Esto no es que lo haya hecho uno, porque se le ha ocurrido, es que funciona así. Es un funcionamiento mecanizado.
La luz también plantea una pregunta muy espinosa, ¿qué hacemos con aquellos que han cometido un abuso?, ¿hay una reinserción para ellos?
Esto sería la gran pregunta si un día cesara la violencia en la sociedad, qué se hace con toda la violencia acumulada hasta entonces. Yo no tengo respuesta para eso, pero personalmente no creo en la cárcel. Ni creo en la impunidad. Tampoco en ese concepto no tan preciso que es el perdón. Creo, como dice Fernando Franco, que el perdón solo lo pueden otorgar las víctimas. Yo no puedo participar en el perdón a un agresor. Será la persona a la que ha agredido la que tenga que decir lo que sea. Lo que sí insisten las víctimas, una y otra vez, es que el perdón por sí solo tiene muy poco valor si no va acompañado con actos consecuentes como mantener encuentros permanentes con las víctimas, un canal de comunicación permanente abierto con ellas y una información transparente al respecto.
Ha mencionado el perdón, que en la Iglesia es un concepto un poco tramposo, porque uno puede hacer lo que quiera, pedir perdón, rezar un par de padrenuestros y seguir adelante.
No es para nada lo ideal. Pero, sin embargo, es algo que sigue en las conversaciones: “Discúlpate, pide perdón”. Yo creo que es muy importante, además de ese perdón, recibir a la víctima, darle toda la atención posible y con la mayor representación institucional posible. Ha de haber un reconocimiento público por parte de la Iglesia de la dimensión del problema. Ha dicho un obispo ahora que no solo es que el tema exista, sino que van muy lentos a la hora de afrontarlo. A mí, como parte del equipo que ha hecho esta película, no me interesa juzgar la actitud de la Iglesia, sino llamar a la reflexión sobre de qué manera están actuando. Te lo digo como ciudadano asombrado de que no se toma la iniciativa. Encima una institución histórica de poder, de la cual habría muchas cosas que analizar y decir del papel que han ido jugando en distintos sistemas políticos, regímenes, situaciones y circunstancias históricas, pero cuya base son los Evangelios y predican el amor. Quiero decir, que el Ibex 35 no predica el amor, o sea que es coherente buscar la rentabilidad económica por su parte. Pero en el caso de la Iglesia, una actitud coherente exigiría otra actitud.
¿Como actor se había puesto el hábito antes?
No, no, no. Nunca me había puesto las ropas de un sacerdote.
¿Cómo es, da algo como performativo?
Totalmente. Evidentemente, a un actor le encanta disfrazarse, porque en parte disfrazarse es ver las cosas desde otro lugar y es un ejercicio muy saludable y además divertido. Nunca me había tocado hacer esto, pero ayuda muchísimo, porque además la Iglesia, para mí, de lo más atractivo que tiene es la puesta en escena de la liturgia y la vestimenta. Toda la parte escénica.
Su personaje podría ser cualquiera, el vecino de al lado. Me recordó en eso un poco a La zona de interés, al señalar que no son monstruos, que son gente como nosotros.
En la vida no hay unos buenos y unos malos, porque entonces todo el problema sería identificar a los malos y apartarlos. Todos somos capaces de lo mejor y lo peor, y doble cuidado hemos de tener en esta sociedad que está montada sobre el abuso, sobre un poder jerárquico y todo un entramado de relaciones de poder en donde suele haber una parte opresiva y una parte oprimida. Entonces, doble esfuerzo el de aquel que en la sociedad del abuso no quiere participar en ninguna forma de abuso. Es muy fácil envilecerse en una sociedad vil, en un orden social vil. Esta película retrata un aspecto, no diría la Iglesia en su conjunto, ni muchísimo menos, sino un aspecto de una parte de la Iglesia, una parte significativa, que toca a las altas jerarquías de la Iglesia no solo en España.
España es un país donde la presencia de la Iglesia católica sigue muy fuerte, es algo casi intocable, y encima en un momento donde parece que se vive un regreso a esos valores católicos ¿han hablado de cómo puede recibirse en este momento?
El objetivo es que se reciba y sea objeto de reflexión, que sea estímulo para la conversación y el pensamiento compartido sobre esta cuestión que afecta a miles de personas que en su infancia fueron abusadas sexualmente y rotas por dentro, en lo más íntimo. Según cuentan todas y cada una de las que he oído, es una herida irreparable con la que se puede llegar a convivir con una vida más o menos saludable. Pero es de una crueldad excesiva cuando no se tienen recursos para asumir algo así. Ya ha habido proyecciones y sé que hay gente de la Iglesia que tiene el discurso de que ya están haciendo todo lo que tienen que hacer, pero yo diría que no, porque solo el hecho de que el Papa no vaya a tener un encuentro con las víctimas del cual luego se informe de forma transparente, pues me parece hacer más grande el silencio, hacer más grande la ignorancia de la desatención de este dolor. Luego hay gente que esperaría más dureza de la película, pero eso está muy bien porque Fernando Franco no ofrece un discurso cerrado, sino un relato abierto que será interpretado de tantas formas como espectadores la vean.