Del buenorro de Jude Law al huidizo de Nanni Moretti: los papas cinematográficos que no visitaron España
El papa León XIV visitará España del 6 al 12 de junio. Un viaje que tendrá paradas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria y que paralizará las ciudades debido al operativo de seguridad desplegado en las ciudades y los opulentos eventos organizados para agasajar la llegada de Francis Prevost, nombre anterior a su llegada al poder eclesiástico como sustituto del papa Francisco. Un acontecimiento que, por si fuera poco, se junta en Madrid con otros eventos como la Feria del Libro y el concierto de Bad Bunny.
La llegada del Papa ha concentrado la atención mediática, y es que la figura del líder de la Iglesia siempre ha levantado bastante fascinación. También en el cine, donde los pontífices han sido protagonistas o secundarios de varias historias. Los directores han indagado en sus relaciones con el poder… e incluso la mafia. Francis Ford Coppola lo hizo en la tercera parte de El padrino (1990), donde crea un Juan Pablo I ficticio que, sin embargo, tiene mucho que ver con las teorías de la conspiración en torno a un papa real.
El Cardenal Lamberto de El padrino III es un trasunto del Cardenal Luciani. Ambos comparten no solo el nombre como papa, sino una muerte prematura tras poco más de 30 días en el poder. Mientras que en la realidad eso provocó multitud de teorías de la conspiración sobre un posible asesinato, Coppola directamente cuenta que el papa fue envenenado por los banqueros que veían en él una amenaza a sus corruptelas.
La presencia del papa en el cine se podría dividir entre aquellos absolutamente ficticios, y aquellas películas que han abordado la figura real de alguno de los pontífices. En el primer grupo destacan, como es lógico, los cineastas italianos. Es difícil abordar la vida social y política del país sin que entre la religión católica de una forma u otra. Dos de los cineastas recientes que han abordado directamente esta figura son Paolo Sorrentino y Nanni Moretti.
El primero le dedicó una serie que planteaba un papa atípico. Joven (menos de 50), el primer americano en llegar al trono papal (algo que ahora ha logrado León XIV) y muy conservador. Sorrentino provocó con su habitual estilo visual y eligió a Jude Law para interpretar a Lenny Belardo, que elige el nombre de Pío XIII como pontífice en The Young Pope (2016) y su secuela, The New Pope (2020). Una serie que mostraba a un papa cachas y sensual al que el cineasta incluso mostraba desnudo. De hecho, la segunda temporada se promocionó con un tráiler que volvió a conmocionar a los más conservadores: Jude Law con un minibañador blanco andando por la playa mientras todo el mundo se giraba para observar su cuerpo.
Lo de intentar provocar a los más puritanos con el papa lo ha vuelto a hacer Sorrentino en su último filme La Grazia (2026), donde el presidente de la República al que da vida Toni Servillo se reúne con el pontífice para pedirle consejo. Un papa negro, con rastas, pendiente y de corte progresista que sirve como contrapunto del que había retratado en su serie.
Moretti convirtió al papa en su protagonista en Habemus Papam (2011), la mítica frase que un cardenal grita al mundo desde el balcón de San Pedro para confirmar que el cónclave ha concluido con éxito y antes de presentar quién ha sido el elegido. En la fantasía de Moretti, el nuevo Papa —con los rasgos de Michel Piccoli— tiene una crisis de ansiedad que le impide salir al balcón. La ley del Vaticano dice que hasta que no lo haga no concluye la elección y que, por tanto, nadie puede abandonar el lugar.
Los cardenales llaman a un psicólogo para abordar la crisis y lograr que el papa acepte un cargo que no quiere, pero este terminará huyendo y paseando por Roma intentando dilucidar qué hacer mientras los cardenales hacen creer al mundo que el papa sigue en su habitación y ellos se dedican al ocio y a actividades míticas del cine de Moretti como el voleibol.
También es ficticio otro clásico del cine religioso, Las sandalias del pescador (1968), dirigida por Michael Anderson, basada en la novela de Morris West y con Anthony Quinn como el cardenal Kiril Lakota, un preso político soviético liberado que es nombrado papa por sorpresa y que mediará para solucionar un conflicto geopolítico.
Un cónclave con giro final
Uno de los fenómenos cinematográficos de finales de 2024 y comienzos del año siguiente fue Cónclave. La adaptación de la novela de Robert Harris dirigida por el alemán Edward Berger fue un éxito que se alargó durante meses y que incluso coincidió en salas con la muerte del papa Francisco en abril de 2025. El cónclave para elegir el nuevo pontífice hizo que la gente acudiera a ver este thriller cuya trama se desarrolla durante la elección del nuevo papa, lo que sirve para establecer un tira y afloja de poder en donde las dos facciones de la Iglesia (la más progresista y la más conservadora), que se enfrentan por el puesto más deseado.
La película comienza con el papa muerto y cuenta la organización del cónclave que da título al filme, pero concluye con un giro final que desvela la identidad real del nuevo elegido y que podría desafiar las normas anquilosadas de toda la Iglesia católica. La muerte de un papa y el posterior cónclave también centraban Ángeles y demonios (2009), la adaptación de la novela de Dan Brown y secuela de El código da Vinci con Tom Hanks como protagonista.
El duelo ideológico entre la parte conservadora de la Iglesia y la que busca renovarla es también el centro de Los dos papas (2019), la película de Fernando Meirelles que fantasea con el encuentro entre dos pontífices reales, Benedicto XVI (con los rasgos de Anthony Hopkins) y el que fuera su sucesor, el papa Francisco, al que interpreta Jonathan Pryce. Ambos fueron nominados al Oscar por este filme de Netflix.
El carisma del papa Francisco ha hecho que, a pesar de haber sido pontífice hasta hace poco, sea uno de los más retratados por la ficción. Junto a Juan Pablo II es otro de los pocos que tiene un biopic sobre su vida. El cineasta nacido en España, pero criado en Argentina, Beda Docampo Feijóo fue el encargado de contar su vida, para lo que tuvo la ayuda de otro argentino ilustre, Darío Grandinetti, que se puso el hábito para ponerse en la piel de Jorge Bergoglio en Francisco. El padre Jorge (2015).
El cine se ha fijado hasta en papas del siglo XVI, como Julio II. Su encuentro con el artista Miguel Ángel (aquí con la cara de Charlton Heston) y el encargo para pintar la Capilla Sixtina —con sus consecuentes roces y enfrentamientos— es el centro de otro clásico papal, El tormento y el éxtasis (1965), dos palabras que podrían describir a la perfección lo que les espera tanto los ciudadanos ateos como a los católicos en estos días de calor y visita papal.
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