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Lucía Solla Sobral, en el FIC: “La precariedad te lleva a no poder dejar una relación por no tener a donde ir”

Francisco Gámiz

Rivas-Vaciamadrid —
27 de junio de 2026 22:07 h

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Es fácil identificar la violencia cuando viene acompañada de gritos, portazos o amenazas explícitas, pero reconocerla se complica cuando llega disfrazada de atenciones constantes o una buena relación con el entorno de la víctima. Dispuesta a desarmar los mecanismos invisibles de la sumisión y a reivindicar la importancia de dar voz a quienes sufren maltrato, la escritora Lucía Solla Sobral ha puesto el foco en los límites del dolor y la supervivencia emocional sobre el escenario del Festival de las Ideas y la Cultura en Rivas. “Siempre nos hacen creer que somos las responsables como si no hubiese un agresor, y eso genera mucha culpa y vergüenza. Lo silencia”, ha declarado.

La autora de Comerás flores (2025) ha aprovechado la conversación con Laura García Higueras, redactora de Cultura, para acercar al público la experiencia de mujeres que han sufrido violencia machista. Es algo que hace en su novela a través del personaje de Marina, pero para ello tuvo que documentarse previamente con personas que han pasado por ello. “Creen que son las únicas que están pasando por eso y se sienten tontas al creer que están solas, pero, en cuanto empecé a observar comportamientos, me di cuenta de que los de ellos se repiten muchísimo. Parece que hay un manual no escrito para ser un maltratador”, ha detallado la escritora.

Asimismo, Solla Sobral ha señalado que el sentimiento que se repite en las mujeres es el de “culpa”, lo que la impulsó a escribir la obra “con mucha rabia”. Durante el proceso, la autora se dio cuenta de que sobre la víctima no solo afecta la violencia del abusador, ya que la clase social también tiene un papel importante. “La precariedad influye en el hecho de que cuando quieras irte de una relación, no puedas hacerlo porque no tener a donde ir, no solo porque el agresor fue capaz de romper tu red, sino porque quizá no tienes dinero para alquilar un piso”, ha apuntado, añadiendo que, “cuantas más herramientas tengas, va a ser más fácil detectarlo a tiempo o salir, pero no es igual salir de una relación si no llegas a fin de mes que si tienes mucho dinero”.

Por otro lado, la escritora ha explicado cómo las series y las películas, independientemente de su época, pueden repercutir en la normalización del machismo. “Hay mucho contenido que todavía perpetúa ese amor romántico que te da a entender que es la solución a todos los problemas, haciéndote ser de una forma que no eres”, ha contado la autora de Comerás flores. Su novela propone un discurso diferente: “Siempre se dice que la escritura es terapéutica. Me divertí mucho escribiendo porque me lo paso genial con la escritura, pero lo que sí está siendo terapéutico es la lectura. Que las mujeres lo lean y se sientan refugiadas o comprendidas hace que todo esto sea bienvenido”.

Las consecuencias de la bulimia

Entre las consecuencias de quienes sufren violencia de género está la bulimia, uno de los temas esenciales de la obra. “En una relación de maltrato las mujeres son más propensas a sufrir un TCA. Es terrible la cantidad de tutoriales que consiguen saltarse las normas de las redes y que te dan trucos para vomitar. Tenemos la imagen social de que quienes sufren TCA son adolescentes y víctimas de las redes sociales, pero hay personas con 40 o 50 años que estamos a un paso del TCA. Si piensas en la comida como un premio o una compensación, algo está mal, pero es tan sutil que no pensamos en ello”, ha argumentado Solla Sobral. Esto se suma “que te dejen sin energía como superviviente”. “Nos movilizamos menos porque llegamos a casa derrotadas”, ha indicado.

Además de la bulimia, la escritora ha puesto énfasis en la gente que se queda a un lado porque no sabe gestionar que un ser querido esté pasando por esto. Esas personas son la familia y las amigas, y no siempre conocen que una situación de violencia machista está ocurriendo. “Quería mostrar cómo un maltratador no es tan evidente aunque desde fuera lo parezca, puesto que no sabes nada de esa persona, no lleva un letrero ni es un maltratador las 24 horas del día. Y no solo conquista a la pareja, también al entorno, por lo que la gente no tiene por qué sospechar”, ha dicho. “La única forma de entender que algo va mal es ver cuánto está adelgazando la víctima, pero como socialmente está bien vista la delgadez, nadie lo ve raro”, ha agregado.

En un momento del encuentro, Estefanía, una espectadora, ha intervenido para preguntar a Lucía Solla Sobral sobre por qué la amiga de Marina desaparece. Ella montó un club de lectura en 2024 y, algo que hicieron para ellas mismas, acabó siendo para una veintena de personas. “Tenía ganas de saltarme la realidad y que hubiese esa heroína que te prepara para el final de la película, pero es que no funciona así”, ha contado la autora. “Contraté un psicólogo para trabajar en el personaje de Marina. A él le llegué a preguntar qué podemos hacer como amigas la solución es esperar. Pasarte 12 años a que tu amiga logre dar una señal para que puedas decirle que estás ahí y que no las vas a juzgar... Para ellas es más fácil huir de ti que afrontar esa realidad”, ha añadido.

Una de las experiencias más bonitas de Solla Sobral ha sido la de llevar Comerás flores a la prisión, por lo que la artista ha animado a sus compañeros a ir a prisiones porque lo considera “fundamental”. “[Los reclusas] están muy solos, abandonados. Te vas de allí sintiendo que no haces lo suficiente, pero fue muy especial. En un club de lectura con 20 hombres, ver cómo entendían la lectura y cómo empatizaban o no juzgaban a la víctima fue increíble”, ha comentado la escritora. “En el caso del grupo con las mujeres también fue maravilloso, pero me fui con bastante tristeza. Cuentan sus historias, lo que vivieron, y te vas con el corazón encogido”, ha declarado, destacando que “e importante que no nos olvidemos de que también existen y de que tienen voz”.

Tras el éxito de la obra, la autora ha confesado que no piensa mucho en el buen recibimiento que ha tenido. “Lo escucho, pero lo olvido”, reconoce. “No me paro a pensar en todo lo que está pasando porque entonces no lo disfrutaría y me volvería loca”, ha alegado, pero piensa aprovechar la “suerte” que ha tenido en su incursión en el mundo editorial. “Por supuesto que hay una parte de esfuerzo y de saber escribir, pero hay una parte de suerte: que el editor abra ese correo, que decida leer ese manuscrito... Hay muchos componentes que van más allá del trabajo”, ha explicado. “Lo más difícil, que es ese primer paso, ya está dado, pero lo más difícil es hacer una carrera de esto. Lo voy a intentar”, ha sentenciado.