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Auge y ocaso de Perez Hilton, el bloguero tóxico que un día fue el rey de internet

Una retransmisión en directo a través de TikTok se convirtió la noche del martes en un escenario inesperado de horror. Durante más de media hora, Mario Armando Lavandeira Jr., mundialmente conocido como el bloguero Perez Hilton, se mostró en streaming desorientado, errático y totalmente cubierto de lo que parecía sangre, sin control ni censura por parte de la plataforma china, más restrictiva en términos de lenguaje.

Fueron los propios seguidores de Perez Hilton quienes, temiendo por su salud, alertaron a la policía y los servicios de emergencias, que se presentaron en su casa de Miami mientras el directo todavía no había sido cortado. Actualmente, permanece hospitalizado en un centro médico donde profesionales de la salud mental evalúan su estado, del que únicamente ha trascendido a través de su equipo que “puede comunicarse”.

Aunque sigue contando con una gran comunidad, Perez Hilton ya no es el hombre que una vez ostentó el poder de encumbrar o destruir carreras en Hollywood desde su blog, y en su crisis actual hay una lectura de cómo ha sido la evolución de internet. También es necesario retroceder a los años 2000 y a cómo era internet entonces para entender lo que representaba este icono del corazón.

“Es casi el primer bloguero de gossip de la historia de internet, pero tenía una manera de hacer las cosas muy negativa. Era bastante maligno y tóxico, hacía comentarios superdespectivos”, lo define sin dudar Estela Cebrián, podcaster de Las Amigas Estupendas junto a Virginia de la Cruz y redactora de la revista Lecturas. A principios de siglo y con apenas 25 años revolucionó el mundo del corazón, recién nacido el formato blog, con perezhilton.com, que tomaba el nombre de forma satírica de la famosa heredera Paris Hilton, y llegó a ser considerado como la biblia de los cotilleos. “Era prácticamente como el Gossip Girl real de internet”, compara en referencia a la serie adolescente la analista de cultura de internet Janira Planes, quien por su edad no llegó a vivir el fenómeno en toda su intensidad.

Cebrián recuerda que el bloguero fue uno de los principales responsables del acoso mediático que sufrió Britney Spears durante su colapso en 2007: “Él era uno de los que más la azuzaban porque su manera de comunicar era muy despectiva y se burlaba mucho. Se reía de los cuerpos, del físico, no había límites”.

“Todo el mundo iba a Perez Hilton para ver lo que había pasado la noche anterior. Yo me acuerdo de despertarme los domingos e ir al blog a ver qué había pasado esa semana con las celebrities”, recuerda Lucía García-Cabrera, de 36 años, consumidora habitual de cultura pop y, durante esos años, del contenido de Hilton. “Tenía una opinión mucho más fuerte que el resto de páginas o incluso que las revistas sensacionalistas tipo The Sun, su contenido era eso llevado a lo más loco. La manera en la que hablaba de las celebrities era completamente demencial”, valora en referencia a la total deshumanización.

Cuando Britney Spears sufrió un colpaso en 2007, 'él era uno de los que más la azuzaban porque su manera de comunicar era muy despectiva y se burlaba mucho. Se reía de los cuerpos, del físico, no había límites'

Un ejemplo de la influencia de Hilton, cuyo blog llegó a registrar casi 250 millones de páginas vistas en un solo mes en 2009, es que incluso la academia ha estudiado su impacto. La socióloga Rebecca Tiger analizó su caso en la publicación Perez Hilton y el cuerpo de las celebrities(2013), en la que habla de cómo el blog y su audiencia construían la imagen pública de los famosos, convirtiendo la apariencia física en objeto de escrutinio, especialmente en el caso de las mujeres. Otro trabajo titulado ¿Cómo lo hace Perez?: Evaluando la transparencia y la credibilidad en la blogosfera, de Melissa Voynich, examinaba la credibilidad en 2008 que los usuarios atribuían a Hilton. La relevancia del bloguero no residía únicamente en sus cifras de lectores, sino en su capacidad para transformar la relación entre personajes famosos, medios y público en una era todavía sin redes sociales.

Con el nacimiento de Twitter en 2006, su popularización masiva hacia 2009, y el estreno de Instagram en 2010, el reinado de Perez Hilton empezó a tambalearse. “Con Instagram y Twitter la gente empezó a seguir directamente a las celebridades y ellas mismas compartían imágenes, ya no era necesario recurrir a las fotos de Getty Images de la noche anterior”, explica Lucía García-Cabrera. Así, la decadencia de Perez Hilton fue en parte consecuencia de un cambio tecnológico que permitía por primera vez al público consumir la vida de sus ídolos sin intermediarios.

Pero a esa evolución de internet también se sumó un giro cultural natural: la toma de conciencia y rechazo hacia el acoso despiadado que exhibía Perez Hilton. “Cuando empecé a ver las cosas que publicaba de Britney Spears fue cuando ya dejé de seguirlo, fue un punto y final ver cómo se aprovechaba de la fama de una persona que lo estaba pasando realmente mal, aunque también hubo muchos conflictos con Lady Gaga, con Linsey Lohan, con Nicole Richy cuando empezó a perder mucho peso y él la llamaba cadáver... además era especialmente crítico con las mujeres”, comenta García-Cabrera. También sacó de manera forzosa del armario a actores que no habían hablado públicamente de su orientación sexual.

“Por suerte hemos avanzado bastante y se están dejando atrás este tipo de maneras de comunicar. En los 90 y 2000 estaba bien visto reírse de los famosos, pero ahora la sociedad ya no acepta comentarios despectivos”, reflexiona Estela Cebrián. “Hilton es una figura que siempre estará ligada a una época bastante oscura de internet y del periodismo en realidad”, sentencia.

Tenía una opinión mucho más fuerte que el resto de páginas o incluso que las revistas sensacionalistas tipo The Sun, su contenido era eso llevado a lo más loco. La manera en la que hablaba de las celebrities era completamente demencial

“La forma de generar contenido no es que haya cambiado especialmente, ha cambiado el medio en el que se comunica: antes era la fiebre de los blogs y ahora es TikTok”, considera por su parte Janira Planes, para quien el bloguero supuso un punto de inflexión a la hora de profesionalizar el cotilleo digital de manera personal. “Perez Hilton fue quien marcó un antes y un después en internet para hacerlo de manera masiva; ya no solo en foros, sino en un canal propio”, defiende. Para la analista, el ecosistema actual de creadores de contenido de “salseo”, entre los que encontramos a Javi Hoyos o Nuria Marín, “salvando mucho las distancias, bebe de este formato de exponerse a ese momento de atención, de generar expectativas”.

Consciente de su pérdida de relevancia, el bloguero trató de llevar a cabo una redención pública y en 2020 publicó TMI: My Life in Scandal, unas memorias en las que entonaba el mea culpa. “Al final me percaté de que las cosas que escribía de verdad le hacían daño a la gente, y mucho”, escribió un Perez Hilton que se disculpaba especialmente por haber sido cruel con los hijos de los famosos y por su trato a estrellas como Ariana Grande.

“La gente no lo percibió como algo honesto, sino más bien un intento de hacer todo lo posible para volver a captar la atención cuando ya no se le hacía tanto caso”, opina García-Cabrera, que tiempo atrás había sido asidua a su contenido. Él mismo ha reconocido en numerosas ocasiones haber sido plenamente consciente del daño causado sobre otras personas al no respetar ningún tipo de ética periodística.

En el internet actual el nuevo rey es el algoritmo, un sistema de visibilización de contenido personalizado que cambia de funcionamiento en cuanto los influencers creen que pueden descifrarlo. En este contexto, que paradójicamente puede ser igual de alienante, la fama de Perez Hilton se quedó atrapada en el tiempo. El hecho de haber forjado una identidad centrada en la necesidad constante de generar contenido no supone para Planes, nativa digital, “nada extraordinario”, aunque le reconoce como un posible pionero. “Siento que estamos mucho en la era del periodismo en primera persona, donde el propio ‘periodista’, aunque ninguno de ellos se quiere llamar periodista, acaba siendo el centro de la noticia”, reflexiona sobre esta ruptura de la regla clásica del periodismo de que el informador no debe ser protagonista. Cebrián, por su parte, apunta que aunque Hilton intentó adaptarse a las nuevas plataformas, la relevancia de su personaje se vio superada.

La relevancia del bloguero no residía únicamente en sus cifras de lectores, sino en su capacidad para transformar la relación entre personajes famosos, medios y público en una era todavía sin redes sociales

La hospitalización de Perez Hilton tras su crisis retransmitida en directo cierra un círculo trágico en la cultura de internet. Un hombre que llegó a facturar hasta 45.000 dólares semanales por su paquete publicitario más grande en su mejor momento de popularidad, gracias a la difamación y exposición de crisis ajenas, y terminó retransmitiendo su propia debacle en TikTok.

La web Celebrity Net Worth, que estimaba recientemente su patrimonio en 20 millones de dólares, hoy calcula que no supera los 3 millones. Él mismo había mencionado encontrarse bajo mucha presión debido a una reciente mudanza de Las Vegas a Miami por motivos familiares y se cree que una hospitalización previa de 21 días hace meses debido a una sepsis pudo haberle supuesto problemas económicos adicionales debido al sistema sanitario estadounidense, predominantemente privado. Perez Hilton también es padre soltero de tres hijos por vientre de alquiler, una práctica de adopción ilegal en España. En los últimos meses, además, aseguraba que había encontrado a Dios y que este le había salvado, apunta Lucía García-Cabrera, que observa con tristeza la deriva del personaje.

Perez Hilton, uno de los hombres más poderosos de internet antes de que existieran los influencers, es hoy prácticamente un desconocido para la generación Z. Su historia, la de un atention monster o persona que necesita atención constante, recuerda que el precio a pagar por la economía de la exposición en internet es, en muchos casos, la propia estabilidad. Mientras se recupera en Miami, todavía con pronóstico reservado, internet sigue girando.