“Vendí mis cromos para comprarme un piso”: inmersos en la era dorada del coleccionismo
Más allá de ferias de antigüedades, librerías de viejo, domingos de rastro madrileño o mercadillos a los que acuden devotos de sellos, monedas, animes o vinilos, el coleccionismo vive una nueva edad de oro gracias a la dimensión virtual, las redes sociales o las subastas digitales. En el vasto universo de internet, plataformas especializadas como Todocolección, Discogs o Catawiki conectan objetos codiciados con sus potenciales compradores.
Las entradas de un concierto de los Rolling, un escurridizo cromo de Messi o una peculiar bolsa vacía de Cheetos pueden transformarse en una verdadera obsesión para quien las busca. Su escasez y rareza imbuyen a estas piezas de un aura especial, una luminosidad magnética por la que merece la pena gastar decenas, cientos, o en ocasiones miles de euros. El coleccionista es un animal incansable y el vendedor —casi siempre, también coleccionista—, un cazador de tesoros, tasador profesional y fanático de su disciplina. Los expertos lo confirman: se nace y se muere coleccionista, y la fascinación por una subcultura —ya sea Pokémon, los Madelman, los Beatles o los manuscritos medievales— suele provenir de los primeros años de nuestra vida: la infancia y la adolescencia, etapas que siempre laten muy vivas en las vitrinas y estanterías de quien colecciona.
Más vivas que nunca
Desde Todocolección, la plataforma más famosa entre los coleccionistas y la mayor comunidad online de habla hispana de compraventa y subastas de antigüedades, arte, libros y coleccionismo, aportan datos de su ecosistema. Al día se suben 61.755 artículos de media a la plataforma —casi 1,8 millones cada mes—, y en cada jornada se venden alrededor de 10.871 lotes.
“Las modas del momento son los cromos de fútbol, el universo Pokémon y las monedas antiguas, mientras que los grandes clásicos atemporales son los libros de segunda mano y descatalogados, antigüedades, juguetes antiguos y arte”, aseguran fuentes de la comunidad, donde en 2025 se vendieron objetos tan curiosos y dispares como un cronógrafo de carga manual por la friolera de 20.000 euros, un lienzo de Carlos de Haes titulado La serenidad de lo eterno por casi 12.000 euros o un banderín de fútbol del Atlético de Bilbao de 1967 por 7.676 euros.
En 2025, en Todocolección se vendieron objetos tan curiosos y dispares como un cronógrafo de carga manual por la friolera de 20.000 euros o un banderín de fútbol del Atlético de Bilbao de 1967 por 7.676
En las entrañas de la plataforma puedes encontrar desde bolsas de Matutano promoción Pokémon con precios superiores a los 1.000 euros hasta muñecas francesas Jumeau, camisetas de deporte firmadas, carteles publicitarios —uno de las Fallas valencianas de 1929 se vendió en 2025 por 4.500 euros—, breviarios, objetos militares o juguetes modernos y antiguos, desde los populares Funko Pop a los eternos Playmobil o los minúsculos Polly Pocket. Dicho de otro modo, no hay casi nada que no puedas encontrar.
¿Por qué coleccionamos? Ay, la nostalgia
Cabe preguntarse por qué el coleccionismo vive una etapa de esplendor en esta era hiperdigital, donde la música se puede escuchar gratis y las plataformas como AliExpress, Temu o Shein permiten comprar juguetes, moda o muebles a precios irrisorios —eso sí, a cambio de un grave peaje medioambiental y adictivo—. ¿Por qué la gente gasta tanto en algo tan pequeño como un cromo, una pegatina, una figurita de Disney o una cinta de cassette? “El coleccionismo tira de la nostalgia. Empezamos a coleccionar lo que nos gusta de chicos y lo completamos cuando tenemos solvencia económica, en la edad adulta”, cuenta Daniel Jiménez Sánchez, vendedor de cromos de fútbol. Coleccionista desde los tres o cuatro años de edad, hoy es autónomo y lleva un lustro dedicándose por entero a ello, con unos 80.000 lotes a la venta.
Coleccionar también implica una alegría adulta y la evasión de los problemas y cuestiones cotidianas. “Yo soy médico de familia y el coleccionismo es una afición que te mantiene la mente ocupada”, explica Javier López Aguilar, más conocido como El Dragón Dorado, coleccionista de juguetes y también vendedor. En su caso, se centra en los juguetes vintage de su infancia, los de las décadas de los 70 y 80, como Madelman o Scalextric. Javier subraya el ecosistema que orbita alrededor de este hobby. “Sales a buscar juguetes, quedas con amigos, vas a comidas, acudes a mercadillos y ferias, restauras, y además te puedes ganar un dinerillo extra”, señala. En su caso, no es la fuente principal de ingresos.
También implica soltar para seguir avanzando. “Todo coleccionista tiene problemas de espacio”, se ríe. Tiene dos trasteros y un cuarto con vitrinas, este último con sus favoritos, el 20% de su colección. “Toda colección tiene sus santos griales”, relata el médico, aludiendo a las piezas especialmente complicadas de conseguir. En su caso, saca pecho de los Madelman Misión Campaña y Misión Safari, ejemplares verdaderamente escasos en el mundo y que pueden valer 2.000 o 3.000 euros. Vende en Todocolección y Vinted —otro paraíso de las joyas retro— y tiene un canal de YouTube dedicado a esta pasión.
Javier López aporta otra pista sobre la inmortalidad del coleccionismo. “Lo principal es el camino, no la colección”, destaca. “La gente se queda con el dato llamativo de las piezas caras, pero igual te hace más ilusión una pieza de 555 euros que una de 6.000 porque es la que llevabas buscando desde chico”, recalca. El apego emocional es, en su opinión, el factor más importante. “Para saber si tienes un tesoro, y no basura, en el desván, que te lo tase un experto”, recomienda, aconsejando completar la tasación con herramientas digitales como el Orientaprecios de Todocolección. En el momento de escribir este reportaje, tiene 735 lotes a la venta en la plataforma: el más caro, un Madelman Corsario en caja original que puede ser tuyo por 600 euros.
Cromos de miles de euros o rarezas de los Beatles: un trabajo como otro cualquiera
En el caso de Daniel Jiménez, el ímpetu coleccionista se ha convertido en un trabajo a tiempo completo, buena muestra de la profesionalización del coleccionismo deportivo. “Ahora mismo tengo a una persona contratada y me planteo otra”, relata, defendiendo que paga IVA, IRPF e impuestos, algo que –dice– gran parte de los vendedores eluden hacer. Especializado en cromos de fútbol ESTE (previos al 2001), “los de toda la vida”, su perfil de comprador es un varón con trabajo fijo y solvencia económica, a caballo entre los treinta y los cuarenta. Le dedica muchas horas y compra grandes volúmenes para abastecer su tienda online: de rastro, herencias, coleccionistas de alto nivel o exvendedores. “Los grandes chollos no existen. Yo compro a gente que ha coleccionado en serio”, asegura.
“La gente no se imagina cuánto interesa. Hay poco vendedor y mucho comprador. Yo mismo vendí mi colección personal para comprarme mi piso”, revela Daniel, que tomó esa decisión a raíz de la DANA de Valencia, pensando en los estragos que causa un desastre de ese calibre. “Tenía todos mis cromos en el trastero de mis padres y pensé en lo difícil de asegurar ese material si pasase algo parecido”. Por el momento, detalla que las aseguradoras no avanzan en este ámbito. “El problema principal es que no hay catálogo de precios profesional ni tampoco peritos, como sí sucede en otros sectores especializados”. En su caso, desguazó su colección y la puso a la venta en su propia tienda. Estaba valorada en unos 40.000 euros. “Tenía desde 1979 en adelante todos los cromos de ediciones ESTE sin pegar, con errores y fichajes, incluso los álbumes vacíos de fábrica”.
Jiménez se dedica sobre todo al cromo suelto. En la actualidad tiene 102.000 referencias en venta. “Así la gente completa sus álbumes, y dan más beneficio”. Hasta ahora vendía solamente a través de internet, pero está a punto de inaugurar la primera física especializada en cromos de fútbol antiguos. “Es la única en Sevilla y Andalucía, posiblemente también de España. Hay una en Barcelona y otra en València, pero son de cromos modernos”. Su local abrirá sus puertas entre mayo y junio.
Las modas van por rachas: una venta muy preciada fueron los primeros cromos Messi como canterano en 2004. Los últimos los vendió hace un año por 2.700 euros. “La pieza que más me llena haber vendido es una de Javier Clemente, del año 97, la rareza de la edición porque lo destituyeron en la octava jornada y solo llegaron a vender el cromo en algunos puntos de Bilbao o Madrid”. Se vende a 1.700 euros. “Cuando lo anuncias, se vende instantáneamente”. Ha aprendido que el mercado da vueltas. “Está falleciendo una generación de compradores, por eso los 70 ya se están devaluando, mientras que los 2000 se están poniendo de moda”, asegura. Al preguntarle si admite regateos, es tajante: “Yo no puedo regatear las naranjas en el Mercadona ni la cerveza en el bar de abajo”. Su facturación mensual es ejemplo del estado de gracia del coleccionismo: 20.000 euros todos los meses. “Para mí sigue siendo un disfrute y un hobby”, asegura.
“La gente no se imagina cuánto interesa. Hay poco vendedor y mucho comprador. Yo mismo vendí mi colección personal para comprarme mi piso', revela Daniel Jiménez, cuyos ingresos mensuales con los cromos (20.000 euros) son ejemplo del estado de gracia del coleccionismo
Miguel Navarro, nacido en Montevideo y residente en Barcelona desde comienzos de siglo, es coleccionista de los Beatles desde siempre –“a los 13 o 14 me empezó a picar el bichito”–, y ha hecho del coleccionismo musical una profesión. Está especializado en la memorabilia en torno al grupo de Lennon y compañía: pelucas, guitarras, figuritas, púas o carteles. Tuvo una tienda en el barrio gótico y hoy vende sus piezas a través de eBay, Vinted o Todocoleccion. “Ya no me dedico a coleccionar. He aprendido el desapego material: te das cuenta de que todo es efímero. Lo terrenal no te lo puedes llevar al otro barrio”.
La mayor joya que vendió —y que lo llevó a salir en las noticias y numerosos medios— fueron cinco entradas consecutivas de sillón de pista de 450 pesetas cada una de una familia que fue a ver a los Beatles a la plaza de toros Monumental. “Es extremadamente raro encontrar tantas seguidas. Una sola de esas entradas vale 700 u 800 euros hoy”. Relata que los tickets de conciertos, el material de promoción o las fotografías de los de Liverpool, Elvis, Queen, Bowie o los Rolling son “pequeños santos griales para los fans”. Incluso la hemeroteca: “Por ejemplo, los periódicos de la época en la que se murió Freddy Mercury”. Navarro también tiene tesoros de la música nacional: “Hay nichos específicos de cliente, como los de Marisol o Nino Bravo”. Cuando le pregunto qué es lo más raro que ha visto coleccionar, señala los sobres de azúcar o las pegatinas de la fruta. “Es un mundo muy loco que a veces roza el fetichismo”.
Oldie but goldie: anticuarios y librerías de viejo
Lo digital también ayuda a la parte más ‘antigua’ del negocio: el de los anticuarios de arte o las librerías de viejo. “Las plataformas van muy bien porque los coleccionistas tienen una gran variedad de artículos de todas las temáticas para poder comprar y esto es una ventaja sobre las tiendas”, señala Ángel de Excentric Art, empresa con más de 50 años dedicada a la compraventa de obras de arte, antigüedades, joyas y objetos de coleccionismo. Venden a coleccionistas, anticuarios, curas, políticos y algún museo. “Lo más curioso que vendí fue un antiguo museo de taxidermia hace años. Tenía muchos animales anormales como vacas de dos cabezas o animales de cinco patas”, relata. En la actualidad tienen 8.000 lotes a la venta en Todocoleccion, con piezas que van desde una medalla rara de Napoleón a un óleo sobre tabla de San Antonio de Padua del siglo XVIII.
El interés por el pasado también empapa proyectos de generaciones más jóvenes, como Erik y Sara, de la librería Antigularia. Vienen de la arqueología y su gran pasión son los libros, por lo que una librería anticuaria casaba ambas disciplinas. “Comenzamos durante el confinamiento, como un hobby y también una forma de ganar un extra”, cuenta Sara. Su entusiasmo por el libro antiguo abarca la encuadernación, el olor, los grabados o el grado de detallismo. “Nos especializamos en libros antiguos bonitos, raros y curiosos, haciendo especial hincapié en la literatura de mujeres, relata Sara. ”Algunos me los quedo: le tengo especial cariño a Éxodo de Silvia Mistral“.
Lo más curioso que vendí fue un antiguo museo de taxidermia hace años. Tenía muchos animales anormales como vacas de dos cabezas o animales de cinco patas
A través de Instagram venden a gente más joven, con predominio femenino, y a través de Todocoleccion, a un perfil más masculino, a partir de los cuarenta. “Las redes sociales son una herramienta para acceder al libro antiguo”. ¿Temáticas? De todo: feminismo, libros y arte oriental, todo lo relacionado con lo paranormal o astronomía. También revistas. “Por ejemplo, dos años completos de la revista Vogue de la Segunda Guerra Mundial”, anota. “Tenemos cosas de 10 euros y hemos tenido cosas de 6.500, detalla. ”Hemos tenido cosas preciosas, como una edición de La hija del Rey de Egipto con doce acuarelas originales“. Solo tienen tienda online, una muestra de que se puede ser ”antiguas pero modernas“ gracias a las plataformas.
Palpar, oler y sentir: el retorno de lo analógico en un mundo saturado de estímulos
Otro segmento muy vivo es el del coleccionismo de discos en formato físico: las ventas de la música en vinilo escalaron un 31% en España en 2025. Según datos recogidos por Promusicae, la patronal de las discográficas, en nuestro país se despacharon 2,18 millones de discos el pasado año. De los 41,7 millones del físico, el vinilo supone ya un 69% de las ventas, con un incremento del 30% en las unidades vendidas, aupadas por el éxito del plástico en las nuevas generaciones, que contemplan las piezas como objetos de culto y piezas creativas para conectar con los artistas, incluso aunque no tengan tocadiscos.
La plataforma especializada líder es Discogs, que en 2025 batió todos sus récords con más de 114 millones de artículos añadidos a sus colecciones, unos 2,2 millones por semana según su informe anual. Es el mayor volumen de actividad en un solo año en los 25 años de historia de Discogs, superando el récord anterior de 105,7 millones de artículos añadidos en 2024. Un coleccionista promedio tiene 191 artículos subidos al portal digital, con un valor cercano a los 500 euros. Los lanzamientos más coleccionados de todos los tiempos en el portal son una reedición en vinilo de 180 gramos de Nevermind de Nirvana en 2015 y una edición en picture disc de Reputation de Taylor Swift en 2017.
Desde Angelita Records, con tienda física de discos en Vilanova i la Geltrú y prolífico perfil en Discogs —tienen más de 9.000 referencias en venta—, confirman el repunte del vinilo. “La gente joven, que son nativos digitales, están reconectando con el formato físico. Hay un boom de chavalas superjóvenes que se van solas a las ferias y a las tiendas”, celebran. Su tesoro personal son los discos de rumba de artistas nacionales de los 60. “A veces da igual que algo valga un euro si es lo que estás buscando”. Como anécdota, conoció en persona a Tito, un cantante de rumba que acudió a la tienda y al que le faltaban sus propios discos. Le ayudaron a encontrarlos. “Uno se llamaba Elena Bombón”. De vez en cuando, llegan rara avis. “Tuvimos el Catch A Fire de The Wailers, un disco que se abre en formato zippo, una edición especial que se vende a 200 euros”.
Hacen hincapié en el valor de las plataformas: “Discogs representa el 50% o el 60% de nuestra faena”. Y además, diluye las fronteras y acerca la música a cualquier parte. “Vendí un disco de Mecano a Estados Unidos”, relata. Desde Angelita están convencidos de que el vinilo nunca pasará de moda. “Si llegase el Apocalipsis y nos dejase sin luz, nos inventaríamos la forma de escuchar discos”.