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El abandono de una de las zonas más vulnerables en el barrio de Las Fuentes de Zaragoza: “Todo ha ido a la deriva”

Grupo de viviendas Andrea Casamayor

Candela Canales

11 de junio de 2026 23:27 h

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Viviendas envejecidas, problemas de accesibilidad, deficiencias en las redes de saneamiento, falta de mantenimiento y una población cada vez más envejecida y vulnerable. El grupo de viviendas Andrea Casamayor, en el barrio zaragozano de Las Fuentes, se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de las dificultades que afrontan algunos de los entornos residenciales más antiguos de la ciudad. Vecinos, entidades sociales y expertos coinciden en señalar que la situación requiere una intervención integral que vaya más allá de actuaciones puntuales.

Construidas en los años cincuenta como viviendas sindicales durante el franquismo, estas casas pasaron posteriormente a manos de la Diputación General de Aragón. Según explica la presidenta de la Asociación Vecinal Las Fuentes, Pilar Catalán, cuando la DGA decidió vender las viviendas a sus ocupantes, los vecinos cedieron los espacios exteriores, dando inicio a una situación administrativa que, décadas después, sigue generando problemas. “Desde entonces todo ha ido a la deriva, no había nadie que se hiciera cargo de los exteriores de las viviendas”, resume Catalán. La situación se ha traducido en años sin inversiones significativas en una zona donde las infraestructuras muestran signos de deterioro.

La representante vecinal describe edificios que arrastran problemas estructurales desde hace décadas. “Son unas casas que se han quedado muy desfasadas”, señala. Muchas carecen de ascensor pese a contar con cuatro alturas, presentan importantes carencias de aislamiento térmico y acústico y conservan redes de saneamiento antiguas que han provocado incidencias recurrentes. Uno de los episodios más graves se produjo el pasado verano, cuando afloraron aguas fecales en una de las zonas del grupo de viviendas. “Los técnicos detectaron una insalubridad tremenda”, recuerda Catalán. Aunque se realizaron algunas actuaciones de urgencia, sostiene que el problema de fondo continúa sin resolverse.

Un problema que va más allá de los edificios

Las dificultades de Andrea Casamayor no se limitan al estado físico de las viviendas. Un estudio impulsado desde la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza ha analizado aspectos como la accesibilidad, la convivencia, la seguridad, la vivienda o los servicios disponibles en la zona, y se ha identificado una combinación de problemas urbanos y sociales. El sociólogo Chabier Gimeno, impulsor en este proceso, considera que lo que ocurre en Andrea Casamayor refleja dinámicas que están apareciendo en otros puntos de Zaragoza. A su juicio, la crisis de acceso a la vivienda está provocando desplazamientos de población dentro de la ciudad que terminan repercutiendo en barrios como Las Fuentes.

“La manifestación por la vivienda acabó en Aloy Sala-Tenerías. Todo lo que pasa ahí repercute en Las Fuentes norte”, explica. En su opinión, Zaragoza está experimentando procesos similares a los que ya se observan en grandes ciudades españolas: “Vamos a recibir lo que otros sitios de la ciudad están expulsando”, advierte. Gimeno relaciona esta situación con el aumento de los precios del alquiler, la presencia de grandes propietarios y la dificultad para acceder a una vivienda digna. “Hay mucha tensión. Es un ejemplo de lo que está pasando en otros sitios de la ciudad, en todos los sitios donde hay este tipo de bloques, alquileres imposibles, hacinamiento, multipropietarios y grandes tenedores”, afirma.

Gripo de viviendas Andrea Casamayor

El sociólogo alerta también de que, ante la falta de políticas públicas suficientes, los conflictos sociales pueden acabar desplazando el foco de los problemas reales. “No es un bulo. Cuando a alguien le azuzan contra el vecino se degrada la convivencia”, señala. A su juicio, la respuesta no puede limitarse a medidas punitivas ni a discursos centrados exclusivamente en la seguridad. “El conflicto es la ausencia de políticas públicas”, sostiene. En este sentido, considera que la rehabilitación física de los edificios debe ir acompañada de medidas sociales. “La convivencia se ha tornado un tema prioritario”, reconoce, pero insiste en que “hace falta acompañamiento social” para evitar que las tensiones se cronifiquen.

Un barrio envejecido que reclama servicios

La situación se ve agravada por el progresivo envejecimiento de la población residente. La presidenta vecinal lamenta que una de las zonas con más personas mayores del barrio carezca de equipamientos específicos para atender sus necesidades. “En esa zona donde todo es gente mayor no tenemos ningún centro de convivencia”, denuncia. Muchos residentes tienen dificultades para desplazarse hasta otros equipamientos del barrio debido a problemas de movilidad y a la falta de ascensores en los edificios.

Las reivindicaciones vecinales también incluyen mejoras en instalaciones deportivas, espacios públicos y equipamientos comunitarios. “Somos un barrio que está al lado del centro, en veinte o veinticinco minutos andando estás en la plaza de España, y realmente estamos muy olvidados”, lamenta Catalán. Recuerda también el proyecto en la antigua fábrica de Giesa, donde se va a desarrollar la ciudad del cine Distrito 7, que ha generado una intensa polémica por la privatización de la formación profesional que se va a impartir aquí: “Este presupuesto no es para el barrio, no nos da servicio al barrio, es un servicio para la ciudad al completo. Lamentamos que se lo den a centros privados, es una zona en la que nos habría ido bien alguna instalación para el pueblo, tenemos muy poco espacio para expandirnos”.

La concejal socialista y presidenta de la Junta Municipal de Las Fuentes, Marta Aparicio, considera que la situación de Andrea Casamayor requiere una actuación urgente por parte de las administraciones. La edil ha reclamado al Gobierno municipal que impulse políticas públicas para revitalizar la zona mediante una intervención integral que combine actuaciones urbanísticas, sociales y comunitarias, una demanda que, asegura, comparten los propios vecinos.

Aparicio sostiene que el deterioro afecta tanto al espacio público como a las propias viviendas. “No puede ser que, en esta ciudad, cada vez más, haya ciudadanos de primera y de segunda”, afirma. Según denuncia, el entorno presenta “deficiencias y grave deterioro” con aceras y pavimentos en mal estado, problemas de limpieza y carencias en las redes de saneamiento y abastecimiento, a lo que se suma una población envejecida, edificios con barreras de accesibilidad y una elevada concentración de hogares con bajos ingresos. “Estamos hablando de los vecinos que más necesitan la intervención del Ayuntamiento”, subraya.

“Es la zona más degradada del barrio”, resume Pilar Catalán. Una realidad que, según advierten quienes mejor conocen el entorno, corre el riesgo de agravarse si no llega una intervención que afronte simultáneamente los problemas urbanísticos y sociales acumulados durante décadas.

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