La larga agonía del último grupo terrorista de Europa
“Los radicales no tienen cojones para despegarse de la tutela de ETA”. “ETA no ha tenido la lucidez ni la valentía política de ver que los tiempos han cambiado dentro y fuera del País Vasco”. “ETA, en esta huida hacia delante, va a provocar su fin”. Julen Madariaga, quien habla así de contundente en una reciente entrevista publicada por el diario El País, tiene autoridad para hacerlo. Hace 50 años, el 31 de julio de 1959, fue una de los seis personas que fundaron ETA. En este medio siglo, Madariaga apenas ha variado sus ideas independentistas, pero ya no comulga con las bombas como método para conseguir ese objetivo. “La situación no podía seguir así, y mi decisión de dar el puñetazo encima de la mesa diciendo ¡basta ya!, ¡hasta aquí hemos llegado!, coincide con el atentado contra Gregorio Ordóñez (un concejal del PP asesinado en 1995). Para mí, la brújula de la dirección etarra había enloquecido”, asegura.
En el año 2000, Madariaga participó en otra fundación, la de Aralar. Este partido político que se escindió de Batasuna –la rama política de ETA, que ha sido ilegalizada por los tribunales– defiende la independencia del País Vasco pero condena la violencia terrorista. Sus dirigentes, que antes fueron importantes líderes de Batasuna, hoy viven bajo la amenaza de sus antiguos compañeros, que les tachan de traidores. En las últimas elecciones autonómicas, este año, Aralar duplicó su número de votos y obtuvo cuatro escaños en el Parlamento vasco.
La división en el entorno de ETA no sólo es política, una constante en la historia de una banda que ha sufrido numerosas escisiones. También ha llegado al mismísimo núcleo militar. La colaboración con Francia y la presencia de varios infiltrados en su organización han descabezado por tres veces a la banda en los últimos 18 meses. En lo que va de año, ya han sido detenidos más de 50 presuntos terroristas.
ETA se encuentra inmersa en una compleja crisis interna, dividida entre un sector muy joven y cada vez más radical, que ha llegado a la jefatura de la banda mucho antes de lo normal, debido a las numerosas detenciones policiales. Los duros defienden redoblar el terror con atentados como los de los últimos días, cuanto más sangrientos mejor, para obligar al Gobierno español a una nueva negociación política. Frente a ellos, los líderes etarras más veteranos argumentan que, tras tres intentos frustrados, esa posibilidad ya no existe: “No va a haber nuevo proceso de negociación política (...). No valen las declaraciones de tregua, el que quiera llamar a la puerta y que se le abra, que retuerza los cañones de sus pistolas”, escribía el importante preso etarra Txema Matanzas en una reciente carta interceptada por la Policía.
Tras la ruptura de la última tregua, a final de 2006, los dos grandes partidos españoles han pactado dejar el terrorismo fuera del debate político; el frente al fin es unitario y tanto izquierda como derecha han acordado rechazar una nueva negociación. “La democracia ha dado tres oportunidades a ETA y ETA ha desperdiciado las tres. Ya no habrá más”, aseguró hace unos meses Zapatero, en una muestra de esa nueva estrategia.
En los últimos cuatro años, desde que ETA rompió la última tregua, la banda terrorista ha asesinado a 11 personas; 3 en lo que va de año. Durante el 2000 fueron 23. En 1980, el año más sangriento de este medio siglo de historia, ETA mató a 92 personas, una cada cuatro días. El último grupo terrorista de la Europa democrática agoniza, mientras sigue matando.
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Este artículo aparecerá publicado mañana en el diario argentino Clarín, junto con otra nota sobre el atentado de hoy.