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Álava repara el pasado esclavista de su museo de Bellas Artes: “Que la memoria de quienes sufrieron no se borre”

El Museo de Bellas Artes de Álava, sito en Vitoria, alberga importantes obras del arte vasco de los dos últimos siglos y cuadros de pintores de renombre, como Sorolla y Haes, que se retrotraen hasta los siglos XVIII y XIX. Pero también recuerda un pasado más oscuro de Álava, pues desde 1941 tiene su sede en un palacio erigido por la familia Zulueta, cuyo patriarca, Julián de Zulueta, amasó una fortuna en Cuba gracias al tráfico de esclavos. La Diputación, a través de una obra de Irati Antia, ha querido dotar al espacio de contexto, con una escultura y una placa informativa inauguradas este lunes que echan la vista atrás y brindan luz sobre las actividades de Zulueta allende los mares.

La artista, que ha viajado a Cuba y recabado testimonios de descendientes de esclavas que estuvieron sometidas a la tiranía de Zulueta, ha presentado su obra como un “primer paso” que desea que suponga la apertura de un diálogo y que permita que se sumen nuevas voces y nuevas miradas. Para dar comienzo a ese diálogo, ha incorporado la voz de Eneida Villegas, tataranieta de una de las mujeres africanas que fueron esclavas de Zulueta en Cuba. “La escultura no es solo una obra de arte, es un acto de memoria y de justicia”, se ha podido escuchar decir a esta mujer en un mensaje grabado en la ciudad cubana de Colón. Se alegraba de que la obra de arte sirva para transformar el sufrimiento de “miles” de personas en un símbolo que obliga a afrontar una “historia dolorosa”.

“Mirar, conocer mejor y reflexionar”

La socialista Ana del Val, diputada foral de Cultura y Deporte, ha subrayado que la pieza estrenada este lunes y que ahora recibe a los visitantes a su entrada al museo, es mucho más que una escultura; es, en sus propias palabras, una “intervención” que ayuda a “mirar, conocer mejor y reflexionar sobre una parte de la historia”. En la placa que la acompaña, se puede leer: “Este palacio procede de la herencia de Julián de Zulueta, que amasó su fortuna mediante la trata de personas africanas y su explotación esclava en Cuba. Placa conmemorativa en recuerdo de las víctimas de este crimen”. La instalación nació de una moción de Elkarrekin, que se granjeó el apoyo de PNV y PSE-EE en el acuerdo presupuestario para este año.

La historia del palacio, ha proseguido Del Val, es “compleja” y ha quedado durante años orillada. De hecho, la forma de la obra, titulada 'Rastro', conecta cuatro elementos en cuatro planchas, según ha explicado también la artista: Álava, la costa africana, Cuba y el océano Atlántico; los cuatro ejes de la actividad esclavista de Zulueta. En el centro, se destaca el cepo, instrumento por excelencia de la tortura a los esclavos. “Esta es una de las ideas más interesantes de la obra: transformar un objeto de opresión en un objeto de memoria”, ha añadido Del Val.

Tiene, sin embargo, una doble función: además de cepo, es también un espacio por el que mirar al otro lado y con el que reflexionar sobre con qué lente se ve el pasado. “Es importante preguntarnos de dónde vienen nuestros privilegios, qué lugar ocupamos en esta historia y cómo podemos evitar que ciertas violencias y desigualdades sigan reproduciéndose, especialmente en este momento en el que los discursos de odio están cogiendo cada vez más fuerza”, ha incidido Antia.

Mediante un código QR, la placa redirige también a una página web (se puede leer en este enlace) que brinda más contexto sobre el tráfico de esclavos acometido por Zulueta. “Formalmente eran personas trabajadoras contratadas; en la práctica, sin embargo, sus condiciones de trabajo y de vida eran a menudo muy similares a la de las personas esclavizadas: largas jornadas de trabajo, alimentación deficiente, vivir en barracones y malos tratos”, se dice en uno de los párrafos. “Tenemos tres elementos que se completan: la placa, que nos recuerda; la escultura, que nos hace reflexionar, y el código QR, que nos permite conocer más”, ha apostillado la diputada foral.

No es la única huella que queda de la herencia de Zulueta. Antes de que se erigiese el que se conoce como palacio Augustin-Zulueta, ya se había construido en el paseo de la Senda, a tiro de piedra, el palacio Zulueta. Si el primero fue para Alfredo, hijo del patriarca, el segundo fue para Elvira, la hija. El proyecto del que ahora alberga el museo corrió a cargo de los arquitectos Julián Apraiz, vitoriano, y Francisco Javier de Luque. El Colectivo Contrapunto Decolonial, que este lunes ha plantado a la diputada por desencuentros en la tramitación de la iniciativa, ha llegado a referirse al edificio como “Museo de las Feas Artes” por su pasado.