Dos espacios, una misma mirada: la Sala Vaquero Poblador instala el arte contemporáneo en el corazón de Badajoz
La Sala Vaquero Poblador es, en buena medida, una declaración de principios. Un espacio público que la Diputación concibe como parte de su responsabilidad cultural: abrir puertas, acompañar a las y los creadores y acercar propuestas artísticas a la ciudadanía desde una provincia eminentemente rural, donde garantizar el acceso a la cultura implica también situarla en lugares reconocibles y accesibles, allí donde la vida cotidiana transcurre sin grandes ceremonias.
No es únicamente un lugar al que acudir para ver una muestra. Es un proyecto cultural con dos sedes en pleno centro de la ciudad y una programación que se despliega durante todo el año entre lenguajes, generaciones y formatos diversos, como si la Sala respirara a través de quienes la habitan.
Su historia contemporánea arranca en mayo del año 2000, cuando se inaugura la ampliación del edificio de la Diputación sobre la base del antiguo Casino de Badajoz. Aquel estreno, con una retrospectiva del pintor Miguel Ángel Bedate, marcó el inicio de un espacio que cuatro años después adoptaría el nombre de Antonio Vaquero Poblador, pintor y director de la Escuela de Artes y Oficios fallecido en 2004. El Pleno de la institución acordó por unanimidad convertir la sala en un homenaje permanente a su figura, como si el edificio quisiera conservar algo de su manera de mirar.
Desde entonces, aquel espacio inicial ha crecido hasta convertirse en una infraestructura cultural con dos sedes y una única identidad. Una se encuentra en el Palacio Provincial, en la calle Obispo San Juan de Ribera, en pleno Casco Histórico. La otra está en El Hospital Centro Vivo, en la calle Pedro de Valdivia, uno de los grandes espacios culturales de la Diputación. Dos escenarios distintos y complementarios, con programaciones paralelas y continuas, que funcionan como dos ritmos de una misma respiración.
Y esa ubicación importa porque Badajoz es la ciudad más grande de Extremadura y su centro concentra buena parte de la vida cultural de la región. Instalar allí una sala pública dedicada al arte contemporáneo es también una forma de defender que la cultura forma parte de la vida cotidiana, incluso en un territorio marcado por la ruralidad, donde cada gesto de apertura adquiere un valor añadido. Su responsable, Francisco García Fernández lo tiene claro: “Nos importa mucho la promoción y la divulgación del arte desde la Sala Vaquero Poblador como parte de un compromiso más amplio con otras manifestaciones culturales. La Cultura es para nosotros un derecho de ciudadanía que facilitamos desde una administración pública como la Diputación de Badajoz”.
Dos espacios que funcionan como uno solo
El Palacio Provincial aporta la dimensión institucional y el vínculo con el Casco Histórico. El Hospital Centro Vivo, por su amplitud, permite asumir proyectos de mayor escala, instalaciones y propuestas que necesitan otro tipo de relación con el visitante. Pero ambos forman parte de una misma Sala Vaquero Poblador, que se despliega sin jerarquías entre lo íntimo y lo expansivo.
La programación reciente demuestra hasta qué punto esa dualidad funciona. En el Palacio han convivido exposiciones individuales de Víctor Pinto, Teresa Crespo, Carmen de Matos o Ricardo Cases con muestras de premios internacionales de pintura y con la exposición anual de Artistas del Casco Antiguo. En El Hospital Centro Vivo han encontrado su lugar propuestas como las de Ruth Morán, la Bienal Internacional del Alentejo, la colección de arte africano Pi Fernandino o proyectos fotográficos vinculados al Festival Negativo.
No existe un único modo de ocupar la Sala: puede hacerlo una exposición de pintura, una instalación audiovisual, una muestra fotográfica, una escultura, una acuarela o una propuesta multidisciplinar. En 2024, por ejemplo, el Palacio acogió las acuarelas de Isidro Belloso, la pintura de Javier Arizabalo, la escultura de César David y la obra de Simón Ferrero, mientras que el conjunto de la programación incorporó fotografía, arte objetual, instalaciones y otros lenguajes.
Esa variedad no es una casualidad ni una forma de llenar un calendario, sino una de las señas de identidad del proyecto. No hay un perfil único de artista. Ni por edad, ni por disciplina, ni por trayectoria. Conviven creadores noveles y consagrados, artistas de la región y autores de otros territorios, propuestas figurativas y lenguajes contemporáneos. La Sala se mueve entre ellos como quien recorre un mapa sin fronteras.
Del papel a la escultura, de la fotografía a las instalaciones
Es evidente que la Sala nunca ha entendido la pintura como un límite. Desde sus primeros años ha acogido una diversidad de soportes y materiales que permiten hablar de una panorámica real de las artes visuales. La escultura tiene un lugar propio —como demostró la exposición de César David, con obras en hierro, acero corten y acero inoxidable— y la fotografía ocupa un espacio consolidado. También han pasado por sus salas acuarela, cerámica, instalaciones, obra sobre papel y propuestas que exploran materiales y técnicas muy diferentes.
Ya el año pasado, esa diversidad volvió a quedar reflejada en una programación que combinó cinco exposiciones colectivas y una decena de trabajos individuales. La presentación del calendario hablaba de luz, color, geometría, folclore, antigüedad, transparencias, reflejos y distintos formatos y materiales. La Sala no pretende decirle al visitante qué debe entender por arte contemporáneo: le ofrece posibilidades para que encuentre la suya, como quien abre una ventana y deja que cada mirada decida su propio recorrido.
Una sala que también sale de Badajoz
Y todo esto tiene consecuencias. El crecimiento del proyecto ha permitido que su nombre circule fuera de Extremadura. Y hay un escenario especialmente significativo: ARCO Madrid. En 2024, la Sala acudió por primera vez a la Feria Internacional de Arte Contemporáneo con un stand propio en IFEMA. Era la primera vez que una institución pública extremeña participaba en ARCO con un espacio propio. La propuesta reunió obras de diez artistas vinculados a Extremadura y combinó pintura, escultura, obra objetual e instalación.
La experiencia tuvo continuidad el año siguiente, con una selección centrada en la obra reciente de Lourdes Murillo, María José Gallardo y Alejandro Calderón. La lógica es la misma que en Badajoz: la Sala mantiene su identidad mientras cambian sus protagonistas. No se trata de trasladar literalmente una exposición, sino de llevar a uno de los grandes escaparates del arte contemporáneo una selección plural de creadores extremeños, como quien graba una conversación y la hace resonar en otro lugar. García Fernández se siente especialmente orgulloso de ello: “Nos encanta que nuestra Sala esté representada allí, y más aún con tan buenos artistas de Extremadura, tanto emergentes como ya consagrados”.
Una cultura pública que también se mide en visitantes
La respuesta ciudadana ayuda a entender la dimensión del proyecto. En 2023, los dos espacios de la Sala alcanzaron cifras récord: alrededor de 18.000 visitantes en el Palacio Provincial y 200.000 en El Hospital Centro Vivo. En 2024, las cifras ascendieron a 18.200 y 240.000 respectivamente. Las diferencias responden a la naturaleza de cada espacio: El Hospital Centro Vivo es un gran centro cultural y social con una programación más amplia, mientras que el Palacio Provincial mantiene su función específicamente expositiva. Pero ambos forman parte de una misma estrategia: situar el arte en lugares accesibles y próximos a la ciudadanía. La entrada libre y gratuita elimina, además, una de las primeras barreras de acceso.
Esa vocación se hace especialmente visible durante la Noche en Blanco de Badajoz, cuando ambos espacios se convierten en puntos de referencia del recorrido cultural por el centro de la ciudad. En la edición de este año miles de personas visitaron las salas durante una noche que superó los registros anteriores, como si la ciudad entera quisiera experimentar qué sucede cuando el arte se vuelve parte del paseo nocturno.
Extremadura como punto de partida, no como frontera
Otra de las claves de la Sala es su relación con Extremadura. Desde sus inicios, el proyecto ha asumido una perspectiva provincial y regional, con el compromiso de dar espacio tanto a creadores noveles como a artistas consagrados. Eso no implica cerrar la programación sobre sí misma. Al contrario: la presencia de artistas portugueses, la colaboración con proyectos internacionales y la participación en ARCO muestran una concepción de la cultura en la que Extremadura funciona como punto de partida.
La cooperación con Portugal es una de las expresiones más claras. La programación de El Hospital Centro Vivo ha incorporado la Bienal Internacional del Alentejo y la obra de artistas como Maria Leal da Costa.
La Sala puede mirar hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo. Puede atender a un artista que empieza su trayectoria y mostrar la obra de un creador consolidado. Puede acoger una propuesta vinculada al Casco Antiguo y llevar a ARCO una selección de artistas extremeños. Puede presentar pintura tradicional y una instalación sonora o tecnológica. Esa capacidad de convivir con lo diverso es, en sí misma, una forma de territorio.
Antonio Vaquero Poblador, un nombre que define el arte
Llamar así a la Sala no fue un gesto decorativo, sino una forma de situar su sentido. Vaquero Poblador, nacido en Badajoz en 1933 y fallecido en 2004, fue una de las voces que renovaron la pintura extremeña en la segunda mitad del siglo XX: un expresionista atento a las influencias, comprometido con la enseñanza y con una manera de mirar que dejó huella en la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí, donde impartió Paisaje desde 1984 y que más tarde dirigió. Convertir su nombre en emblema es reconocer esa herencia. Mantenerla viva, en cambio, exige algo más: sostener un espacio donde la tradición se transforma, donde el legado no se conserva en vitrina, sino que se despliega en nuevas formas de experimentar.
Quizá la mejor definición de la Vaquero Poblador esté en que hay una apuesta real por la calidad y por la capacidad del arte para generar interés.
Dos puertas abiertas en el centro de Badajoz
Con esta trayectoria, la Sala Vaquero Poblador se ha convertido en una infraestructura cultural que permite medir cómo una institución pública entiende su responsabilidad con la cultura. Dos espacios, una identidad. Dos puertas abiertas en pleno centro de Badajoz desde las que la Diputación proyecta una idea sencilla y ambiciosa: que el arte contemporáneo no es patrimonio de unos pocos, que no necesita códigos de acceso y que una institución pública puede generar las condiciones para que artistas y ciudadanía se encuentren.
Desde aquel primer espacio inaugurado en 2000 hasta los dos escenarios actuales, la Sala ha crecido en metros, en visitantes, en artistas y en lenguajes. Pero quizá su mayor crecimiento haya sido otro: el de haberse convertido en un lugar que acompaña la vida cultural de la ciudad, un espacio que no solo muestra obras, sino que sostiene una conversación continua entre quienes crean y quienes disfrutan observando. Un lugar que no se limita a abrir sus puertas, sino que ha aprendido a formar parte del paisaje artístico-cultural-emocional de la provincia de Badajoz y por extensión de toda Extremadura.