Un ‘Rincón de pensar’ sobre el optimismo: “Quedarse en el derrotismo es comprar todos los boletos para caer por el precipicio”
¿Hay motivos para el optimismo? Es la compleja pregunta en torno a la que ha girado el “El rincón de pensar” de la quinta edición del Festival de las Ideas y la Cultura (FIC), en el que han participado en directo, desde Rivas Vaciamadrid, la jurista Maria Eugenia Palop, la socióloga y politóloga Cristina Monge y la empresaria María Álvarez, autora del libro Hijos del optimismo.
La conversación, moderada por la directora adjunta de elDiario.es, Neus Tomàs, impulsora de este espacio que ya se ha convertido en un clásico del festival, ha abordado desde la incertidumbre sobre el futuro hasta la brecha generacional o la crisis de la vivienda.
“No no sobran los motivos para el descontento”, ha comenzado diciendo Cristina Monge, que también ha dicho que el pesimismo es una imagen que se está instalando “de forma muy interesada” y que impide ver que “otro mundo es posible” y que hay otras formas de avanzar en el feminismos o las formas de gestionar la energía, por ejemplo. “Existen un montón de iniciativas que generalmente no tienen tanta visibilidad, pero que nos muestran que, efectivamente, otro mundo es posible”.
“Quedarse en el derrotismo –ha señalado– es súper fácil, no hay que hacer nada y es comprar todos los boletos para caernos por el precipicio, para que los peores augurios se cumplan. Sin embargo, yo estoy más en la línea de construir la esperanza”.
Monge recordó que el famoso lema ‘No hay alternativa’ fue “la bandera de enganche de [Ronald] Reagan y [Margaret] Thatcher que luego dio lugar al neoliberalismo” y que “se nos ha metido como un virus en el sistema operativo de la sociedad y nos hace ver que es así, cuando es todo lo contrario”.
Para María Eugenia Palop, el pesimismo se asocia a la nostalgia y a la melancolía: “Pero si nos instalamos en el discurso de las pérdidas, de la victimización, en el agravio y en los apegos heridos, lo que tenemos servido es un chivo expiatorio [...] Eso genera incertidumbre, desasosiego, miedo”.
Palop ha explicado que cuando se buscan los “culpables” de estas pérdidas se apunta a “los migrantes o al feminismo o a los ecologistas”. Se trata, según ella, de generar esa sensación de “vivimos peor que antes y nos van a quitar lo que tenemos”. De estos argumentos se aprovecha la extrema derecha, ha opinado la jurista, porque la izquierda no ofrece “enclaves seguros respecto de eso” y “ha sido perezosa” porque “ha comprado la arquitectura y la gramática de la extrema derecha”.
“Starmer, que se acaba de marchar, se fue a felicitar a Meloni por haber cerrado los puertos”, ha ejemplificado.
Un miedo, ha reflexionado Palop, “–sea más o menos imaginario, más o menos real– hay que entenderlo, respetarlo y actuar frente a eso”. Y ha añadido: “No basta la esperanza, hay que ofrecer seguridad”.
Monge ha coincidido en que “efectivamente, si somos sociedades miedicas, necesitamos dar seguridad”, pero ha precisado que tiene que ser un concepto “propio de la izquierda, desde valores progresistas”.
Feminismo y crisis de la vivienda
Con mejores índices de pobreza extrema, mortalidad infantil y esperanza de vida, la empresaria María Álvarez ha opinado que “el mundo no está peor, sino que es más complejo y difícil de entender” y que lo que percibimos, en realidad, son riesgos.
“El optimismo no es pensar que todo va a ser de color de rosa, sino saber que cuando las cosas son difíciles, tenemos capacidad de enfrentarnos a ellas, no solo como sociedad, que nos lo hemos demostrado muchas veces en los últimos años, sino también como personas”.
En los minutos finales, en los que se han tocado temas como los feminismos o la crisis de la vivienda, Monge ha apuntado que uno de los “pendientes” de las feministas, “por errores propios y por provocaciones de los otros” es que “no hemos conseguido hacer llegar el mensaje clave de que en una sociedad feminista, todos y todas –nosotras y ellos– viviremos mejor porque es una sociedad más igualitaria”.
“El feminismo, ha lamentado, se ve como un juego de suma cero, yo gano y tú pierdes para que yo gane”. Ante este escenario, la socióloga ha emplazado al público masculino: “Tenéis, chicos, señores, un arma fundamental, que son las conversaciones con los amigos en el bar tomando el café o la caña: parad los pies al chiste machista, al comentario machista y sexista, a la brutalidad de turno. Parad los pies al colega. Eso es revolucionario”.
María Álvarez ha retomado la reflexión sobre el feminismo para vincularla con la crisis de la vivienda: “Los hombres no son culpables por haber nacido hombres, pero sí son responsables de su condición, del poder, de la situación privilegiada que tienen en el mundo. Y los boomers no son culpables de la brecha generacional, pero sí tienen que entender que hay una desigualdad [respecto a las generaciones más jóvenes]”.
Aunque las tres invitadas han coincidido en que la juventud actual no vive peor que los boomers o que sus padres, también han concordado que el problema de la vivienda es “estructural”.
“Tiene muchas derivadas urbanísticas, empresariales, políticas y financieras”, ha afirmado Monge, que ha estimado un período de “por lo menos diez años” para resolver la crisis “aunque se vayan dando pasos”.
El apunte jurídico lo ha puesto Palop, que a explicado que “la vivienda aparece como un derecho en nuestra Constitución, pero no es un derecho” porque aunque esté formulado en la Constitución, “si no hay una ley que lo regule, ni siquiera es justiciable, ni siquiera puedes ir a un juzgado a decir ‘se ha vulnerado mi derecho a la vivienda’”.
Palop ha insistido en que no es una cuestión generacional y que “no es verdad que los culpables sean los boomers”.
“Hay que coser los vínculos entre las generaciones, no plantear choques [...] Necesitas mirar a las generaciones con cariño”.
Álvarez, que ha puesto el punto final a una recopilación de reflexiones a tres bandas, ha apuntado que “hoy la sociedad es dual: una parte de la población es propietaria del país y la otra trabaja para pagar, como si fuera un siervo a la otra”.
“El problema de esto no es de condiciones de vida, es que la democracia es insostenible”, ha concluido la escritora. “Esa desigualdad –ha cerrado– la tenemos que trabajar todos, sin enfrentarnos, sin hacer bandos, pero con la responsabilidad de todas las partes”.