Del famoso que se desintoxica al “yonki” de la calle: cómo el sensacionalismo y las redes distorsionan el relato sobre las drogas

Esther Ballesteros

Mallorca —
15 de octubre de 2026 18:21 h

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Las adicciones aparecen en los medios con frecuencia cuando se convierten en un suceso, protagonizan un episodio especialmente llamativo o dejan al descubierto sus consecuencias más visibles. Mucho menos habitual es que ocupen reportajes capaces de profundizar en los factores sociales, económicos y psicológicos que intervienen en su desarrollo. Es una de las cuestiones centrales del coloquio 'Periodismo ético, responsabilidad social en la comunicación“, celebrado este jueves en en el marco de las V Jornadas de Intercambio Profesional de Projecte Home Balears.

El debate, llevado a cabo en la sede de la Fundació Sa Nostra y moderado por el periodista David Oliver, ha reunido a Angy Galvin, doctora en Periodismo y directora de elDiario.es en Balears; Ángeles Durán, doctora en Comunicación, presidenta de la Asociación de Periodistas de las Islas Baleares (APIB) y profesora del CESAG-Comillas, y Antoni Parets, director de Comunicación y Proyectos de Projecte Home Balears. Bajo el lema general de las jornadas, 'Comprender la adicción desde una mirada integradora', los participantes han reflexionado sobre la responsabilidad de los medios a la hora de representar el consumo de drogas, evitar el estigma y explicar un fenómeno que no puede reducirse a decisiones individuales.

“Yo creo que no se explica suficiente o no se explica bien”, ha aseverado Durán durante su turno de palabra, en el que ha defendido una cobertura más profunda y formativa en forma de reportajes que incorporen fuentes expertas, datos, cifras y evidencia científica, en lugar de limitarse a recoger declaraciones de vecinos o testimonios que alimenten el morbo sin aportar conocimiento sobre el problema. En esta línea, la presidenta de la APIB sostiene que no informar de una realidad no contribuye a resolverla. “No hablar de ese problema no implica que se vaya a solucionar”, ha incidido, subrayando que la cuestión no consiste en publicar indiscriminadamente cualquier episodio relacionado con las drogas, sino en abordar las adicciones con contexto, rigor y una finalidad preventiva.

También ha defendido la necesidad de ofrecer información útil sobre las posibilidades de tratamiento y recuperación y, al igual que ocurre con la cobertura del suicidio, ha añadido que informar responsablemente exige evitar determinados enfoques y, al mismo tiempo, contribuir a que la ciudadanía conozca la dimensión del problema. La periodista ha defendido que las adicciones deben abordarse en reportajes que incorporen fuentes expertas, datos, cifras y evidencia científica, y no únicamente a través de declaraciones de vecinos o testimonios sin conocimiento especializado. El objetivo, ha recalcado, debe ser ofrecer información que ayude a comprender el problema y que incluya recursos de ayuda y posibilidades de recuperación.

En este sentido, Galvín ha hecho hincapié en la importancia de contextualizar: “Por mucho que el periodista no cuente lo que está pasando, no significa que vaya a desaparecer”. La directora de la delegación balear de este periódico ha apelado por una cobertura que no se limite a reaccionar ante casos concretos, sino que permita comprender el fenómeno y sus distintas dimensiones: “Yo siempre voy a ser partidaria de contar y de contextualizar”, ha remarcado.

Desde Projecte Home, Parets ha defendido la necesidad de extremar la cautela al informar sobre personas con adicciones y evitar que una noticia termine condicionando su vida. El responsable de comunicación y proyectos de la entidad ha explicado que, cuando se plantea dar voz a una persona que ha pasado por un proceso de recuperación, valoran tanto su edad como las consecuencias que la exposición pública puede tener sobre su futuro. La decisión, señala, exige encontrar un equilibrio entre el interés informativo y el respeto a la persona.

De la sección de sucesos a un problema colectivo

Los ponentes han coincidido en que el tratamiento informativo de las adicciones ha evolucionado respecto a décadas anteriores, cuando el consumo de heroína aparecía ligado con frecuencia a la delincuencia, la inseguridad y la marginalidad. Sobre ello, Galvín que las redacciones tienen hoy una mayor conciencia sobre las consecuencias del lenguaje que utilizan. “Los periodistas ahora tenemos en cuenta que no todo vale por tal de comunicar algo de manera más efectiva”, ha señalado, explicando cómo durante años los medios han utilizado expresiones estigmatizantes como “yonki” y “porreros” que han contribuido a revictimizar a las personas que sufrían problemas de adicción.

Duran, por su parte, ha advertido de que persisten los enfoques que reducen un problema complejo a una imagen estereotipada, especialmente en las informaciones de sucesos y en determinados contenidos que circulan por las redes sociales. “Las palabras no son neutras”, ha afirmado Durán, quien defiende la aplicación de los principios deontológicos del periodismo y, en particular, el respeto a la dignidad humana.

Aunque el código de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) no incluye un apartado específico dedicado a las adicciones, la periodista señala que sus principios éticos son aplicables a la cobertura de estas realidades. También alerta de que los medios siguen teniendo una capacidad importante para marcar la agenda pública, pese al auge de las plataformas digitales.

Parets ha advertido también de los riesgos de construir los relatos periodísticos alrededor de los aspectos más morbosos de una historia. En su intervención, ha explicado cómo Projecte Home intenta evitar que los testimonios se reduzcan a episodios de violencia, delitos o conflictos familiares, especialmente cuando esos elementos no representan necesariamente la realidad de las personas con adicciones. La intención, sostiene, es ofrecer una visión más amplia y evitar que la cobertura refuerce los prejuicios que vinculan automáticamente el consumo de drogas con la exclusión social o la delincuencia.

De los vídeos sensacionalistas a la responsabilidad de las redacciones

La directora de la delegación balear de este periódico ha advertido, por otro lado, de que el desafío no se limita a las prácticas de los medios tradicionales, sino que se extiende a los contenidos que circulan por las redes sociales y que alcanzan especialmente a los más jóvenes. En esta línea, ha expresado su preocupación por la viralización de algunos contenidos de youtubers que presentan visitas a barrios vulnerables como experiencias extremas con titulares que exageran el peligro. A su juicio, este tipo de contenidos reproduce malas prácticas periodísticas que se creían superadas y contribuye a construir una imagen distorsionada de las personas con adicciones. “La imagen que tienen muchísimos jóvenes sobre la drogodependencia muchas veces viene a través de las redes sociales”, abunda.

Galvín defiende la necesidad de que quienes comunican, sean periodistas o creadores de contenido, asuman la responsabilidad social que implica informar sobre una problemática compleja. Aunque considera que las redacciones han avanzado y que existe una mayor atención a los códigos deontológicos, rechaza que los medios puedan dar por resuelto el problema: “Creo que ahora la batalla es en redes sociales y por intentar educar a esos comunicadores, no periodistas, pero sí comunicadores de la necesidad de tratar el tema con mayor conciencia social”.

El contexto social que queda fuera del relato

La mirada integradora que han planteado los participantes implica no explicar las adicciones exclusivamente desde el comportamiento de quien consume. La precarización, las condiciones de vida, los problemas psicológicos y las circunstancias personales forman parte del contexto que puede ayudar a comprender las trayectorias de consumo, aunque no exista una única causa que explique el desarrollo de una dependencia.

El debate ha apuntado así a una limitación frecuente de la información sobre drogas: cuando la noticia se construye alrededor de un episodio aislado, el foco se concentra en la conducta individual y deja en segundo plano las circunstancias que la rodean. Para profundizar en ellas hacen falta tiempo, investigación y fuentes especializadas, recursos que no siempre encajan con la lógica de la noticia inmediata.

Los participantes también han cuestionado la tendencia a asociar las adicciones con la marginalidad. Al respecto, Galvín ha advertido de que los estereotipos continúan condicionando la percepción pública y dificultan reconocer el problema cuando afecta a personas que no responden a la imagen tradicional de la exclusión social.

Y es que, como ha puesto de manifiesto, el consumo de cocaína puede tener dos lecturas muy diferentes según quién lo protagonice. En determinados ambientes, consumir durante una fiesta se presenta como una forma más de diversión; cuando el consumo se hace visible en la calle y se asocia a la pobreza, la imagen cambia y aparecen los estereotipos de la marginalidad y la delincuencia. “El yonki no es el del chalet de Ibiza que se mete rayas. Ese es un fiestero”, asevera al ilustrar cómo un mismo consumo puede recibir una consideración social diferente según quién lo protagonice y el entorno en el que se produce. La diferencia de percepción, añadió, contribuye a invisibilizar problemas de adicción entre personas que mantienen una vida aparentemente normal.

La periodista ha advirtido así de que el tratamiento mediático al respecto está atravesado por prejuicios de clase. “Hay un componente de aporofobia cuando se trata el tema del consumo de drogas”, señala, contraponiendo la imagen del famoso de Hollywood que acude a una clínica de desintoxicación con la del “yonki” que aparece “tirado en la calle” y cuyo problema se percibe como una amenaza pública. Entre ambos extremos, lamenta, apenas hay “una escala de grises”: mientras determinados consumos se normalizan e incluso se presentan como parte de un estilo de vida atractivo, las personas que desarrollan una dependencia siguen cargando con el estigma.

Parets, por su parte, recuerda que la aceptación social de las sustancias también influye en la forma de percibir sus consecuencias. La dependencia del alcohol, pese a que puede tener efectos graves, no siempre recibe la misma consideración que el consumo de drogas ilegales. Para el director de Comunicación y Proyectos de Projecte Home Balears, comprender las adicciones exige una perspectiva biopsicosocial que tenga en cuenta su complejidad.

Durán insiste en que las palabras no son neutras y en que los principios deontológicos del periodismo deben aplicarse también a este ámbito. La información debe evitar los prejuicios y la revictimización, sin que eso suponga ocultar hechos relevantes. La clave, defendió, está en explicar en profundidad y no en convertir cada caso en un espectáculo.

Investigar el negocio que hay detrás

La responsabilidad de los medios, según Durán, tampoco debe detenerse en las personas que consumen o desarrollan una dependencia. La periodista reclama investigar los intereses económicos que operan detrás de determinados mercados relacionados con las drogas, citando el caso del fentanilo en Estados Unidos como ejemplo de la importancia de examinar las responsabilidades empresariales.

“Los medios de comunicación son empresas que tienen intereses”, advirtió, antes de reivindicar un periodismo valiente que investigue qué hay detrás del negocio. La reflexión introduce otra dimensión en la cobertura de las adicciones: además de analizar sus consecuencias individuales y sociales, el periodismo puede examinar quién obtiene beneficios económicos y qué responsabilidades se derivan de ello.

Al término del coloquio, Parets ha reclamado un periodismo “creativo, profesional, educativo y que genere valor” frente al mercantilismo. Galvín ha recordado que detrás de cada fotografía, frase o titular hay una persona y que lo publicado puede tener consecuencias tanto para ella como para el colectivo al que pertenece.

Las intervenciones de la mesa coincidieron en una idea: informar sobre las adicciones requiere algo más que contar el consumo cuando se convierte en noticia. Exige aportar contexto, contrastar con fuentes expertas, evitar los estereotipos y examinar las dimensiones sociales y económicas del problema. El reto para los medios es dejar de mirar únicamente el episodio visible y dedicar espacio a explicar qué hay detrás.