La rebelión de las sábanas contra el martillo sonoro de una discoteca al aire libre en Ibiza: “Solo paran los lunes”
Atardece un día entre semana y por el local que utiliza como sede la Associació de Vesins de Can Bonet no deja de pasar gente. Algo se cuece en el barrio. María José Torres Cardona escribe con spray sobre una sábana blanca: “Casas para vivir, no para sufrir”. El lienzo está extendido en un suelo de grandes baldosas grises. A la espalda de esta mujer, que preside el colectivo vecinal y dobla la espalda para pintar su mensaje en mayúsculas, hay una puerta estrecha, de las que obligan a subir un escalón para entrar. Está abierta e iluminada. Dentro, una luz amarilla proyecta una imagen casi estática.
Sillas de oficina (con y sin ruedas); una estantería que guarda bolsas reutilizables de supermercado en una balda; archivadores en otra; trofeos con forma de copa en la cima; dos mujeres que charlan de cara al mueble con los brazos cruzados. Una de ellas sostiene una carpetilla, sujeta un fajo de folios. Dentro de unas semanas planean llevarlos al Ajuntament de Sant Antoni de Portmany, donde gobierna con mayoría absoluta el PP. Más de 300 nombres y apellidos piden políticas que ataquen los problemas que –según denuncian los firmantes– provocan las fiestas promovidas por uno de los gigantes del ocio en la isla: Ibiza Rocks Group.
Ibiza Rocks Group es un conglomerado fundado y dirigido por Andy McKay. Este británico desembarcó en Eivissa durante la primera mitad de los noventa como promotor de Manumission, una fiesta importada de su Mánchester natal que funcionó durante más de una década, se convirtió en un evento mítico y ahora ha resucitado en 528 Ibiza. Un lugar idóneo para facturar reuniendo a una masa de clubbers ansiosos de revival. La discoteca que atormenta a los vecinos de Can Bonet ocupa un recinto de más de 59.000 metros cuadrados. Ocho campos de fútbol. Jardines al aire libre donde entra una cantidad de gente similar a la población del barrio en el que se encuentra.
La discoteca que atormenta a los vecinos de Can Bonet ocupa un recinto de más de 59.000 metros cuadrados. Ocho campos de fútbol. Jardines al aire libre donde entra una cantidad de gente similar a la población del barrio en el que se encuentra
A pesar de estar alejada del centro de Sant Antoni, Can Bonet hace mucho que dejó de ser una pedanía de cuatro casas. Se construyó, y mucho. Desde el desarrollismo turístico hasta los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. Por eso, ya tiene más de 5.000 habitantes. En la discoteca pueden coincidir, al mismo tiempo, “casi 4.000 personas”. Esa es la cifra que, según la presidenta de la asociación de vecinos, figura en la licencia de actividad de 528 Ibiza. “Hasta las once de la noche. Después, sólo pueden quedar 275 clientes”, recalca María José Torres, subrayando el aforo de la sala interior que existe en el recinto: “Así lo ha dicho el alcalde en algún pleno, pero a nosotras no nos ha dejado ver el permiso de actividad las veces que nos hemos reunido con él”.
El Ajuntament de Sant Antoni no respondió a las preguntas que lanzó elDiario.es para recoger su punto de vista sobre esta historia. Tampoco lo hizo Ibiza Rocks Group, una marca que también ha creado problemas de convivencia –más ruido, víctimas por balconing, suciedad en las calles colindantes, postales del turismo-basura– en otros lugares del municipio. Como en Can Bonet, hubo recogida de firmas para presionar al equipo de gobierno en busca de soluciones. Sin éxito.
En la discoteca pueden coincidir, al mismo tiempo, 'casi 4.000 personas'. Esa es la cifra que, según la presidenta de la asociación de vecinos, figura en la licencia de actividad de 528 Ibiza. 'Hasta las once de la noche. Después, sólo pueden quedar 275 clientes', recalca María José Torres
Cinco fiestas a la semana
“Hace dos años, [en la discoteca] empezaron con una fiesta cada quince días”, continúa la presidenta de la asociación de vecinos, “pero el año pasado ya organizaron una a la semana, y esta temporada han sido varias; alguna semana, casi todos los días, cinco o seis. Aunque no todas son tumultuosas, se ha alargado el horario. Antes eran hasta las once de la noche y ahora duran hasta las cuatro o cinco de la mañana. Hay un goteo de gente que al salir a la calle, grita; lo deja todo por ahí, consume alcohol, vomita, consume drogas…”, prosigue Torres.
“Quien quiera entrar en el barrio encuentra un atasco. En algunas fiestas, incluso ha habido retenciones en la carretera principal. Eso, al vecino le provoca un problema para llegar hasta su casa; es imposible encontrar aparcamiento; e incluso algún vecino se encuentra con un coche aparcado en el vado de su garaje o de la entrada a su casa”, añade.
Quien quiera entrar en el barrio encuentra un atasco. En algunas fiestas, incluso ha habido retenciones en la carretera principal. Eso al vecino le provoca un problema para llegar hasta su casa; es imposible encontrar aparcamiento e incluso alguno se encuentra con un coche aparcado en el vado de su garaje o de la entrada a su casa
Para darle más fuerza a sus palabras, la presidenta de la asociación de vecinos busca en la galería del teléfono algunos vídeos, y los envía. Al apretar el play aparece una fila de coches que avanza a trompicones por una calle con ligera pendiente. El colapso de las circunvalaciones que rodean las grandes ciudades, trasladado a un barrio donde las viviendas unifamiliares se mezclan con casas adosadas y pequeños edificios de una o, como máximo, dos alturas.
“Con las ventanas cerradas, los cristales vibran”
Varios residentes de Can Bonet corroboran el testimonio de María José Torres, pero prefieren que no se les identifique en el reportaje. Añaden que, aunque la cantidad de coches particulares, “muchos más” de los que caben en el aparcamiento de la discoteca, son el origen del atasco, el acceso es tan estrecho que “alguna vez, un bus se ha quedado bloqueado”, entorpeciendo aún más la circulación. Describen tardes de verano “encerrados en casa a partir de las cinco, con las ventanas cerradas y el aire acondicionado encendido” para evitar que el martillo de la música electrónica los torture: “Y, aún así, los cristales vibran”.
Algunos vecinos describen tardes de verano “encerrados en casa a partir de las cinco, con las ventanas cerradas y el aire acondicionado encendido” para evitar que el martillo de la música electrónica los torture: “Y, aún así, los cristales vibran”
Un manual para sobrevivir a la cotidianidad de la temporada turística: “Sólo paran los lunes, que deben dar fiesta al personal. Ahora las fiestas se han terminado, pero van a hacer una por Halloween, un día muy sensible porque desde hace unos años se celebra una fiesta infantil en el barrio a la que van muchos niños. No sabemos cómo va a convivir una cosa con la otra”.
Estos vecinos también dejan una frase que resume su cabreo: “Te quejas, te quejas y te quejas hasta que te cansas: tienes la sensación de estar pegando cabezazos a una pared”. La pared, dicen, son las respuestas que reciben desde el Ajuntament de Sant Antoni: “Si pedimos sonometrías o controles de aforo, nos responden que ya se han hecho y que está todo bien. El alcalde ha llegado a decir que no tenemos que ser tan negativos, que aunque haya habido problemas no tienen por qué volver a repetirse”.
La esperanza de estos vecinos es que ya no son “dos o tres los que se atreven a quejarse públicamente”: “Este verano ha sido un antes y un después. Hemos visto muchísimos taxis pirata, meadas en las entradas de los garajes, gente drogada dando vueltas por el barrio hasta las tantas porque han tenido que salir de la discoteca y quieren seguir la fiesta… Es algo que está a la vista. Dicen que los borrachos y los niños no mienten: cuando empezó la recogida de firmas, cuatro niñas se acercaron a la mesa y dijeron: ‘¿Esto es por el 528, verdad? Es que así no se puede vivir aquí”. Ahora, “por primera vez”, aseguran estos residentes, son “cientos” las personas que protestan.
Esa es la sensación que se lleva alguien que se dé una vuelta por Can Bonet y lea las decenas de pancartas que se han colgado de balcones y azoteas. Sábanas blancas que piden a la discoteca que apague la música. Como la que prepara María José Torres. Llenas de mensajes –“¡¡SOS!! Queremos dormir” o “El descans no és un luxe, és un dret” (“El descanso no es un lujo, es un derecho”)– que riman con el Silenci. Respecte. Civisme convertido en grito de guerra entre los palmesanos que, en Mallorca, quieren habitar sus domicilios sin ponerse tapones en los oídos.
Can Bonet se ha llenado de sábanas blancas que piden a la discoteca que apague la música. '¡¡SOS!! Queremos dormir' o 'El descanso no es un lujo, es un derecho' se han convertido en grito de guerra entre los vecinos que quieren habitar sus domicilios sin ponerse tapones en los oídos
PSOE, Vox y Unides Podem, críticos con el PP
Como dejaba entrever la presidenta de la asociación vecinal, las críticas a 528 Ibiza hace tiempo que se escuchan en el pleno. Un punto en el que coinciden Vox y Unides Podem. “Si el Ayuntamiento hubiera puesto los medios necesarios, tanto en seguridad, limpieza, organización de acceso y muchas más cosas que podrían haber paliado, se habría evitado esta situación de malestar”, sostiene Esther Fernández van Sloun. La representante de la formación ultraderechista pone en evidencia “las facilidades” con las que se otorgaron “permisos para fiestas muy cuestionadas en sa Pedrera o en la playa del Arenal”.
“Era cuestión de tiempo que los vecinos del 528 se organizasen, llevan años quejándose sin que el Ayuntamiento los escuche. Pero es que también están los vecinos del hotel Ibiza Rocks y, a raíz de la macrofiesta egipcia, la nueva asociación Darrere Sa Talaia. Pedimos que se gobierne para el interés de las portmanyines, y no para los dueños de las macrodiscotecas, beach clubs y millonarios derrochando toneladas de agua que a nosotros se nos niegan (cortando las duchas de las playas, por ejemplo)”, defiende Angie Roselló, la única concejal que tiene el partido de izquierdas en Sant Antoni.
Verónica Lorente Costa, además de concejala en el principal grupo de la oposición, el socialista, vive en Can Bonet. Desde niña. Su perspectiva del asunto no puede analizar el presente sin volver al pasado.
–Es verdad –explica– que el 528 funciona con unas licencias que existen desde hace muchos años, pero a nosotros tampoco nos las enseñan. ¿Pero qué pasa? Que el aforo de la discoteca [cubierta que puede abrir, en teoría, toda la madrugada] es muy pequeño. Si entran miles de personas, ¿echan a todo el mundo de golpe a las once de la noche? No, van saliendo poco a poco y molestan a la gente. El trajín de los que suben y los que bajan conlleva muchos problemas. Antes no era así.
Es verdad que el 528 funciona con unas licencias que existen desde hace muchos años, pero a nosotros tampoco nos las enseñan. ¿Qué pasa? Que el aforo de la discoteca es muy pequeño. Si entran miles de personas, ¿echan a todo el mundo de golpe a las once de la noche?
–Aunque las instalaciones del 528 se construyeran durante el boom turístico, en plena dictadura (1972 es la fecha que aparece en el Catastro), y no sea la primera vez que se celebren fiestas, todos los vecinos con los que hemos hablado dicen que hubo un punto y aparte en el momento en que llegó Ibiza Rocks. Eso fue en 2024, cuando los propietarios cedieron la gestión de un recinto al que muchos siguen llamando por su nombre histórico, Gala Night. Allí se preparaban barbacoas con cante y baile para guiris, se celebraban bodas, bautizos y comuniones. Fue también el lugar fetiche del PP para celebrar sus triunfos electorales. Otra época.
–Bueno, es que yo recuerdo, no hace tanto tiempo, haber ido a la discoteca que hay dentro a alguna fiesta de Nochevieja que organizó la asociación de vecinos. O con mis hijos, que iban a la escuela de verano que funcionaba en el recinto. Es verdad que el local existe desde hace muchísimo, pero era de otra manera. Ahora ha cambiado. Can Bonet, que siempre fue un barrio tranquilo, ya no lo es.