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Angra dos Reis, la ciudad de veraneo de la familia Bolsonaro convertida en bastión de la extrema derecha en Brasil

Bernardo Gutiérrez

Angra dos Reis (Río de Janeiro) —
1 de octubre de 2026 22:05 h

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La casa de veraneo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro está sellada por la polarización. En la puerta trasera luce una pegatina con el lema de la campaña de 2018 que le llevó al poder: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. En el garaje principal, cuatro letras escritas sobre el polvo: Lula. En la casa vecina, en la rua da Praia de la Vila Mambucaba, un distrito de Angra dos Reis —una ciudad de unos 180.000 habitantes del estado de Río de Janeiro salpicada de playas de ensueño y selva tropical—, dos hombres de mediana edad critican a la izquierda.

“Lula es el demonio, un vampiro. Hay que exterminar a la izquierda”, afirma Sandro Castro, de 54 años, jubilado, antiguo trabajador metalúrgico. Aílton Luíz –53 años, transportista autónomo– es aún más radical: pide la intervención de Donald Trump en Brasil. “Que se lleve preso a Lula como hizo con Maduro en Venezuela”, sostiene con vehemencia.

Aunque la economía vive un momento dorado, Sandro y Aílton califican la situación actual de Brasil como catastrófica. Inflación descontrolada. Violencia extrema. Niños adoctrinados por la izquierda en la escuela. Un argumentario calcado del repertorio del bolsonarismo. “Necesitamos más apoyo a los emprendedores y menos Bolsa Familia (el programa asistencial de Lula)”, dice Sandro. Aílton confiesa que votó a la izquierda en 2002, 2006 y 2010. “A partir de 2014, me hice de derechas, y nunca más les votaré. Basta de Lula”, clama.

En Angra dos Reis, estar al lado de los Bolsonaro es un activo político. La ciudad es la niña de los ojos de la familia. Antes de ser encarcelado, Jair daba paseos en moto acuática en sus playas, visitaba a famosos en barcos de lujo y pescaba (ilegalmente) en la reserva ambiental de Tamoios

La evolución de Aílton es también la de Angra dos Reis, donde los sindicatos y la izquierda reinaron en el pasado. En 1997, cuando Jair Bolsonaro compró su casa de veraneo, Angra estaba gobernada por José Marcos Castilho, del Partido de los Trabajadores (PT), la formación de Lula. En 2006, el 68,75% de los angrenses votaron a Lula. La izquierda gobernó la ciudad ininterrumpidamente entre 1989 y 2004 y entre 2013 y 2016. Tras el huracán antiizquierdista y el golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Rousseff en 2016, el PT no ha conseguido ni un solo concejal.

En 2018, Jair Bolsonaro obtuvo el 74,31% de los votos. En 2022, a pesar del retorno de Lula, Bolsonaro consiguió casi el 67%. “Río de Janeiro fue tomada por la onda bolsonarista. Aquí en el interior, más todavía. En Angra están en casa. Con las fuerzas de izquierda y los sindicatos fragilizados, sin el apoyo de la prensa local, no conseguimos enfrentar esa ola”, asegura a elDiario.es el exalcalde Castilho.

Un kit anti-Lula

En el centro de Angra dos Reis llueve a cántaros. Una veintena de personas salen de la sede del Partido Liberal (PL) con banderas de Flávio Bolsonaro, el rival de Lula en las elecciones del domingo, y de Renato Araújo, candidato a diputado federal de la formación ultra. En el primer piso, un anciano organiza el “kit anti-Lula” con pegatinas y carteles. “Quien se registra en la web lo recibe en casa. El ”fuera Lula“ es nuestro gran hit”, afirma. Léo, uno de los abogados del partido, muestra recelo. “¿La decadencia del periodismo no será culpa vuestra, periodistas?”, pregunta. A su lado, Raquel Amirata, de unos 50 años, confiesa que “obliga a los seis empleados de su restaurante a hacer campaña por Flávio y por Renato”.

Asomado a la ventana, Gustavo Laranjeiras —39 años, ingeniero químico— destaca el carácter emprendedor de Renato Araújo, amigo personal del clan Bolsonaro. “El gobierno es un vector para abrir espacio a las inversiones y a la meritocracia”, sostiene en tono afable. Confía en la victoria de Flávio. “Estamos en las redes, pero muy intensamente en las calles”. En el grupo de WhatsApp “Renato Araújo Oficial 01”, con 641 miembros, los ánimos están por las nubes. Divulgan las encuestas que dan la victoria a Flávio Bolsonaro. Fluyen imágenes y vídeos de las muchas caminatas, mítines, actos y debates de la campaña en una ciudad desperdigada a lo largo de 170 kilómetros de litoral continental y 365 islas.

Renato Araújo está hasta el cuello de denuncias legales. La justicia paralizó su promoción inmobiliaria Bellavista Portogalo, un condominio de lujo de 31 mansiones que usurpa terreno público. Renato presume de proximidad con los Bolsonaro. Divulga fotos con el expresidente Jair y Flávio en su casa. En Angra dos Reis, estar al lado de los Bolsonaro es un activo político. La ciudad es la niña de los ojos de la familia. Antes de ser encarcelado, Jair daba paseos en moto acuática en sus playas, visitaba a famosos en barcos de lujo y pescaba (ilegalmente) en la reserva ambiental de Tamoios.

Flávio Bolsonaro usa como si fuera propia una mansión de lujo cedida por un amigo involucrado en corrupción. Y como senador intentó favorecer la especulación inmobiliaria en Angra con la PEC das Praias, un proyecto de ley para privatizar las playas que beneficia directamente a Renato Araújo. “Simultáneamente, al ascenso de la extrema derecha como fuerza política nacional, el bolsonarismo emergió de forma muy intensa en Angra. Tienen casa aquí y son parte de la política local. Eso es devastador”, afirma André Rodrigues, profesor de Pensamiento Político del campus de la Universidade Federal Fluminense (UFF) de Angra dos Reis.

El gran proyecto de Flávio es crear una “Cancún brasileña” a base de resorts y cruceros en una región repleta de reservas ambientales y patrimonio histórico

El gran proyecto de Flávio es crear una “Cancún brasileña” a base de resorts y cruceros en una región repleta de reservas ambientales y patrimonio histórico. André Rodrigues sostiene que la narrativa del turismo arrastra a mucha gente hacia el bolsonarismo: “El turismo de masas como bandera del desarrollo tiene popularidad. También el relato bolsonarista de que las áreas de protección ambiental impiden el desarrollo”.

En el barrio popular de Frade, atravesado por la autopista BR 101, que cercena la ciudad, el militar Westley Amorim argumenta que con “Jair Bolsonaro la gasolina era más barata”, mientras muestra orgulloso un vídeo de su hijo de 14 años conduciendo un coche. En Angra también cala hondo la demanda de los Bolsonaro de acabar con los radares de la autopista. La “patria amada” del bolsonarismo, según escribe el urbanista Roberto Andrés, florece en el asfalto: disminuir controles y multas es un grito común. Priman las manifestaciones en moto y coche (motociatas y carreatas, respectivamente) o con barcos a motor (barqueatas), como las celebradas el 29 de agosto en Angra, con la presencia de Flávio Bolsonaro.

Paramilitares y antiizquierdismo

Raquel Feijó (53 años) y Thaís dos Anjos (30) sostienen banderolas de propaganda del candidato presidencial Augusto Cury en la calle Pereira D'eça, en el distrito de Jacuecanga. “No podemos ni nombrar a la izquierda. Explicamos que Cury es de centro. La gente odia al PT”, dice Thais. En plena contienda electoral, en Angra dos Reis apenas hay banderas rojas del PT. Ni pegatinas en los coches. Ni carteles. Priman el verde y amarillo del PL. Algunos vehículos tienen pegatinas con el lema “Fuera Lula” o con frases de Bolsonaro. Una es: “Si el bien no ocupa el espacio, el mal lo ocupa”.

Los izquierdistas están dentro del armario. Raquel explica que, hace unos días, un hombre insultó a una empleada de un restaurante tras escucharla elogiar a Lula. En la campaña de 2022, una joven izquierdista de 19 años acabó en el hospital tras ser agredida con un palo en la cabeza por un bolsonarista.

André Rodrigues destaca que Angra dos Reis siempre estuvo atravesada por la violencia. Últimamente, está tomada por el tráfico de drogas y la milicia (paramilitares), con quien la familia Bolsonaro tiene estrechos lazos, según han denunciado publicaciones locales. “Desde 2016 observamos más tráfico de drogas, milicias y conflictos armados. En muchos barrios prevalecen lógicas milicianas, como cobrar tasas por la seguridad, y así se crean corrales electorales donde unos candidatos entran, y otros no”, asegura Rodrigues.

El investigador describe una urbe tomada por la seguridad privada que encaja como anillo al dedo en el bolsonarismo. Cercas, garitas, controles, condominios cerrados. Ricos viviendo en mansiones y un 42% de la población, en favelas. “El discurso sobre seguridad moviliza mucho aquí. Durante los gobiernos de derecha se registró una gran violencia policial”, matiza.

Desde 2016, observamos más tráfico de drogas, milicias, conflictos armados. En muchos barrios prevalecen lógicas milicianas, como cobrar tasas por la seguridad, y así se crean corrales electorales donde unos candidatos entran y otros no

“¿Cómo es posible que Lula defienda los pequeños robos de móviles?”, se pregunta Ludmilla Almeida, de 46 años, dueña de la panadería Trigo Tail’s de Jacuecanga, basándose en fake news. En Frade, Gabriela Câmara, empleada de la pescadería Mar da Galileia, engalanada con propaganda de Flávio Bolsonaro, reclama más seguridad. “Yo crecí en Bangu, uno de los barrios más violentos de Río de Janeiro. Ahora, Angra está igual”, afirma. La frase “bandido bueno, bandido muerto”, eslogan del bolsonarismo, está enraizada en la ciudad. En el Anuario Brasileño de Seguridad Pública 2024, Angra dos Reis figuró como segundo municipio de más de 100.00 habitantes con más muertos a manos de la policía.

Obreros 'bolsonaristas'

Wellinton Terra, presidente del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de Angra dos Reis, destaca cómo Lula ha invertido en la industria naval: “Ha salvado el astillero. En 2019, con Bolsonaro, despidieron a todo el mundo, se quedaron 1.000 trabajadores. Ahora somos 7.000 y otros 1.000 auxiliares”. Wellinton y Manoel Sales, vicepresidente del sindicato, hablan de una Angra que no aparece en las postales turísticas. La Angra de la central nuclear (inaugurada en 1982), del astillero BrasFELS (uno de los mayores de América Latina) y la del puerto petrolífero.

A los trabajadores les preocupa el futuro. “Con Flávio empeorarán las condiciones”, afirma Manoel. Ambos están preocupados por la fuerza del bolsonarismo. “Ya convencí a mi mujer, que votó a Jair Bolsonaro en 2018 y 2022. Pero su familia es bolsonarista radical. Mi hermana también. Incluso algunos trabajadores del astillero”, matiza Wellinton. Habla de sus amigos Fábio y Carlos. El primero no responde al mensaje de WhatsApp. El segundo manda un audio: “Flávio no me convence, pero es menos malo que Lula. Yo soy evangélico. Flávio va a defender a la familia”.

En Mambucaba, Cássio Martins, presidente del Sindicato de los Trabajadores de la Industria de la Energia Elétrica, reconoce que el auge de las iglesias evangélicas está “empujando a algunos trabajadores hacia el bolsonarismo”. En la panadería Trigo Tail’s de Jacuaquenga, Ludmila Almeida, fiel de la iglesia Evangélica Aliança Eterna, citaba la Biblia para recalcar que las mujeres trans no son mujeres. El 62% de los evangélicos de Brasil va a votar a Flávio, frente al 29% de Lula, según DataFolha. El mensaje de Renato Araújo para dicho nicho es nítido: un cristiano no vota al PT (ni a aliados del PT). Incluso el ingeniero Gustavo Laranjeiras, de pose y discurso moderados, mostraba con orgullo en la sede del PL un folleto de propaganda con una familia dentro de una lata de conserva sellada por una frase: “conservados por Jesucristo”.