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Israel busca el apoyo de la ultraderecha latinoamericana frente a un creciente aislamiento por el genocidio

Benjamín Netanyahu se parapetó en el atril de orador mientras la sala de la Organización de Naciones Unidas se iba quedando casi vacía. Mientras la mayoría de las delegaciones —incluida la española— dejaban el recinto, el primer ministro israelí les retó: “Si hay otros cobardes morales que todavía no se han retirado de la sala, por favor retírense ahora”. Entre la escasa audiencia a su discurso duro y amenazante destacaban Estados Unidos y Argentina, el eje norte-sur de un continente cada vez más dominado por la ultraderecha. 

Para Israel, el viraje político latinoamericano —que elección tras elección ha ido sumando gobiernos de derecha y extrema derecha alineados con las posiciones de la Administración de Donald Trump— supone una oportunidad de obtener nuevos apoyos, en un momento en el que algunos de sus aliados tradicionales se están distanciando y adoptando medidas de castigo por la ocupación de Cisjordania y la violencia de los colonos judíos contra los palestinos en ese territorio.

Aparte de los países europeos que han adoptado posiciones críticas por el genocidio en Gaza, encabezados por España, otros han anunciado sanciones contra algunos ministros radicales o colonos violentos, así como el veto a los productos procedentes de los asentamientos ilegales israelíes. Los últimos en hacerlo han sido Reino Unido, Francia y Canadá, a principios de septiembre. Israel no sólo necesita nuevos amigos, también nuevos mercados ante un futuro aislamiento comercial, aunque su economía tardará mucho en resentirse mientras las sanciones no afecten a su industria armamentística y tecnológica.

Frente a la potentísima imagen de la Asamblea General semivacía y las protestas fuera del edificio —en las que se detuvo a la actriz Susan Sarandon—, la diplomacia israelí se dedicó a buscar el apoyo de varios Gobiernos latinoamericanos. Aunque el Ejecutivo israelí aseguró que el primer ministro había tenido muchas peticiones de reuniones, justificó que finalmente se agendaran solo unas pocas por la brevedad de su visita (estuvo unas escasas seis horas en Nueva York). No es casualidad que la mayoría de esas contadas reuniones fueran con representantes de países de la región.

Una agenda muy apretada

“El viaje de Netanyahu no fue un éxito, ningún líder occidental quiso reunirse con él ni tuvo un encuentro con la comunidad judía” de EEUU, afirma a elDiario.es Ilana Shpaizman, profesora titular del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad israelí de Bar-Ilan. “La mayor parte de la comunidad internacional lo boicotea. Esto demuestra la posición tan baja a la que ha caído Israel y Netanyahu es responsable de esta posición”, señala la politóloga. Una tesis que comparte el periódico israelí Haaretz, que también destaca que el primer ministro no se reunió con ningún representante de la Administración Trump durante su visita relámpago a EEUU.

Por supuesto, se reunió con el presidente argentino, Javier Milei, el principal aliado del Gobierno israelí en la zona. El libertario ha viajado tres veces a Israel en los últimos tres años y ha firmado con Netanyahu los llamados Acuerdos de Isaac, un marco de cooperación en seguridad y tecnología inspirado en los Acuerdos de Abraham y abierto a “naciones afines” de Latinoamérica. En su reunión del jueves en Nueva York, ambos líderes abordaron “la cooperación continua entre sus países y el giro estratégico positivo para Israel que se está produciendo en América Latina”, según la oficina del primer ministro.

Netanyahu dedicó alabanzas a su principal socio y amigo, asegurando que es “uno de los grandes líderes de nuestro tiempo”. “No te importa nada. Defiendes la verdad. Por eso apoyas a Israel, porque compartimos esa herencia común de justicia y de decir la verdad, y nadie la expresa mejor que tú”, le dijo el primer ministro al presidente argentino. Ambos se abrazaron calurosamente y Milei redobló el piropo calificándolo colocándolo entre “los mayores líderes de toda la historia del mundo”.

El resto de la “apretada agenda” del primer ministro israelí incluyó un encuentro conjunto con el boliviano Rodrigo Paz, el paraguayo Santiago Peña, el panameño José Raúl Mulino y el vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo. En esa reunión, Netanyahu subrayó la importancia de una cooperación más estrecha con los países latinoamericanos, a los que calificó de “socios clave” —según el periódico The Jerusalem Post— frente a Irán y a los grupos que cuentan con el respaldo de Teherán, como el chií libanés Hizbulá, cuyas redes “continúan amenazando a países de todo el continente”.

Por último, Netanyahu se reunió con representantes de Etiopía, Grecia, Papúa Nueva Guinea y Eslovenia, cuyo nuevo Gobierno levantó en junio el embargo de armas a Israel y la prohibición de entrada al primer ministro israelí, contra quien existe una orden de arresto de la Corte Penal Internacional desde 2024.

“Con el Gobierno de Netanyahu, el aislamiento internacional de Israel es cada vez más claro y profundo. El acercamiento a los países de América latina es una forma de mostrar de puertas para dentro que no está del todo solo”, explica a elDiario.es Daniel Filc, analista político y miembro de la dirección del movimiento de base israelí-palestino Standing Together. Filc agrega que, hasta el momento, los ciudadanos israelíes no están sintiendo en su día a día los efectos del aislamiento de los socios tradicionales de Israel (como la Unión Europea), sino que es más bien “simbólico”. Por ello, Netanyahu quiere mostrar, también de forma simbólica, que “Israel tiene amigos”.

Donald Trump está creando un bloque aliado en lo que él considera su patio trasero, y formar parte de este bloque supone unas ciertas posiciones económicas y también el apoyo a Israel

El analista y activista político recuerda que los encuentros mantenidos en Nueva York tuvieron lugar a poco más de un mes de las elecciones generales en Israel, unos comicios en los que Netanyahu no se juega solo la reelección sino su futuro, ya que si perdiera la inmunidad podría acabar en la cárcel. “En este momento, lo que le importa a Netanyahu es el frente interno y no la política exterior”, dice Filc. Y desde el punto de vista de sus votantes, hay un elemento que puede resonar entre sus seguidores más convencidos: muchos Gobiernos latinoamericanos comparten con Israel “el discurso en contra de las ideas progresistas”. Filc concluye que, de cara al público israelí, Netanyahu puede presentar su aislamiento de la siguiente manera: “El problema no son las políticas de Israel, sino la cultura ‘woke’. Hay líderes latinoamericanos que sí nos apoyan”.

Cambio de ciclo (y de posición) 

“No recuerdo momento donde hubiera tantos países latinoamericanos apoyando a Israel”, reflexiona el periodista argentino Ezequiel Kopel. Autor del libro La disputa por el control de Medio Oriente, Kopel señala que en este alineamiento, Estados Unidos opera como figura central: “Donald Trump está creando un bloque aliado en lo que él considera su patio trasero, y formar parte de este bloque supone unas ciertas posiciones económicas y también el apoyo a Israel. Lo que hay que preguntarse es qué pasará si Trump desaparece o ve su posición debilitada”. 

Hace una década, Bolivia, Cuba y Venezuela no tenían relaciones diplomáticas con Israel. Y en la región prácticamente todos los países reconocen al Estado palestino. La mayoría –Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, El Salvador y Guatemala– lo hicieron entre 2008 y 2011, antes que muchas naciones europeas y por supuesto que España, cuyo reconocimiento no llegó hasta 2024. La última incorporación fue Colombia, en 2018, y México estaba en vías de hacerlo. Panamá es la excepción continental. 

Por eso el vuelco ideológico de la región es tan notable en relación con Israel y Palestina. Si el expresidente colombiano Gustavo Petro fue uno de los primeros mandatarios en llamar genocidio a la matanza de palestinos en Gaza, el cambio de tercio con el nuevo Gobierno del ultraderechista Abelardo de la Espriella no puede ser más acusado. Mientras el país removía los escombros del terremoto del pasado 10 de agosto que dejó cientos de muertos, el presidente rompía el consenso internacional y reconocía la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios, que Israel ocupó en la Guerra de los Seis Días de 1967 y anexionó en los años ochenta.

“Para los líderes latinoamericanos, como Milei, Kast o el nuevo presidente de Colombia —no sé qué pasará con Fujimori en Perú— es una combinación de afinidad ideológica, ya que son Gobiernos de derecha radical y el Gobierno israelí también lo es; y también una forma de alinearse con Trump. Para estos Gobiernos es una forma de crear un eje alternativo al de la Unión Europea y, quizás, una apuesta por algún vínculo económico relacionado con la alta tecnología”, reflexiona Daniel Filc. 

El caso de José Antonio Kast es doblemente paradigmático, porque Chile acoge a la mayor diáspora palestina del mundo fuera de los países árabes. Con la llegada del ultraderechista al Palacio de La Moneda, y desafiando la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el país ha trasladado su embajada a Jerusalén (al igual que Paraguay, Honduras y Guatemala) y ha nombrado a un representante diplomático señalado como sionista, que ha cuestionado públicamente a la comunidad palestina chilena. 

El crecimiento de las iglesias evangélicas en Latinoamérica es otro de los elementos que explican el cambio de posición en muchos países. “La mayor parte no tienen un acercamiento con Israel, sino directamente una alineación irrestricta con sus posiciones, fundadas sobre todo en ciertas visiones religiosas y apocalípticas respecto a Oriente Medio”, explica Kopel. 

Para el analista, el peso de esta operación de acercamiento entre Israel y América latina no está motivado por lo económico, porque la región supone un porcentaje pequeño del volumen de negocio israelí. Tampoco en el caso de los países latinoamericanos, aunque pueda haber intereses en la adquisición de tecnología de seguridad israelí. 

Es más bien un combo de afinidades ideológicas —y posicionamiento religioso en el caso de los grupos evangelistas— y estrategia geopolítica. “Cuando Israel ve que su apoyo en el mundo está flaqueando como nunca, trata de buscarlo por otros cauces. Y aunque su poder sea relativo, la lista de países abulta”, resume Kopel.