De El Sayed a Darializa Avila Chevalier: la ola progresista crece en EEUU con la conquista de senadores, congresistas y ayuntamientos
El símbolo del capitalismo estadounidense, Nueva York, tiene un alcalde socialista, Zohran Mamdani. Y, desde enero, la capital del país que representa mejor que ningún otro los valores de Adam Smith, Washington DC, estrenará alcaldesa socalista, Janeese Lewis George, militante también del DSA.
El DSA (Socialistas Democráticos de América) ha dado un salto exponencial en este ciclo electoral, heredando el impulso del movimiento que generó la candidatura de Bernie Sanders a las primarias presidenciales demócratas en 2016. Sanders no es del DSA, aunque se reivindica como socialista democrático, ni siquiera es del partido demócrata, pero es el principal referente del movimiento progresista en EEUU desde su escaño de senador independiente por Vermont.
Aquella acumulación de fuerzas comandadas por Sanders ha ido dando a luz a un grupo de jóvenes progresistas que han ido ganando terreno en diferentes territorios en Estados Unidos. Y lo han hecho de la única forma en que se pueden ganar posiciones en el sistema político estadounidense: a través de las primarias, ya sean del Partido Demócrata o del Partido Republicano, porque no hay espacio para un tercer partido.
Si Donald Trump ha ido fagocitando el Partido Republicano a través de candidatos MAGA en las primarias, la familia progresita –ya sean del DSA o no– ha ido haciendo lo mismo en el lado demócrata, pero con una salvedad: ellos no aceptan dinero de grandes empresas ni lobbys, sino solo de donaciones particulares, lo cual hace que compitan en una elocuente desigualdad de oportunidades, que intentan suplir con ejércitos de voluntarios que van puerta a puerta haciendo campaña por sus candidatos.
Así arrasó Mamdani a Andrew Cuomo. Y así ganó Abdul El Sayed a Haley Stevens en Michigan. O las candidatas socialistas neoyorquinas Darializa Ávila Chevalier y Claire Valdez, que se impusieron a congresistas en el cargo durante las primarias.
El Senado saliente solo tenía un progresista, Bernie Sanders, y el nuevo tendrá dos más: Abdul El Sayed y James Talarico. Alexandria Ocasio-Cortez dijo que “si El Sayed gana en Michigan, cualquiera puede hacerlo en cualquier sitio”, y esa es una de las lecciones de este martes: si un progresista puede ganar en un purple state, mirar a la izquierda es una vía para ganar incluso en los lugares más dificiles, en tanto que en bastiones demócratas se da por descontado. Es verdad que no son lo mismo Sanders que El Sayed, el primer senador musulmán, o Talarico, pero sí que es cierto que ninguno tiene que ver con el establishment demócrata tradicional y han hecho campaña sin el dinero de empresarios: es más, la han hecho contra millonadas gastadas contra ellos en primarias y en las elecciones. El propio Elon Musk gastó más de 200 millones en derrotar a Talarico, sin éxito.
En la Cámara de Representantes, el salto será grande. A Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib se sumarán los neoyorquinos Darializa Ávila Chevalier, Claire Valdez, Brad Lander; además de Chris Rabb (Pensilvania); Adam Hamawy (New Jersey); Donavan McKinney (Michigan) y Melat Kiros (Colorado).
La conquista progresista también se ha ido produciendo en las ciudades. Con Mamdani, pero no sólo. También con Katie Wilson (Seattle) y, a partir de este martes, con Janeese Lewis George en Washington DC o David Morales en Providence (Rhode Island).