28 de octubre. Respuesta ejemplar
Hace justo una semana que vivíamos, como sociedad, uno de los momentos más duros de los últimos años. Un accidente de tren, de la otrora, tan valorada red de alta velocidad truncó la vida de 69 personas y sumió al país, a todos nosotros, en una tristeza infinita.
La pérdida de vidas humanas es siempre un motivo para el desasosiego. Más aún en una situación tan excepcional: el choque incomprensible de dos trenes, en la misma vía, y en el mismo sentido de la marcha. A estas alturas, después de millones de análisis, ya sabemos que la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla tiene fallos sistemáticos en la seguridad. El ministro de Transportes, en una inusual rueda de prensa, por poco frecuente en tragedias similares sucedidas con anterioridad, informó que el sistema que garantiza la seguridad de la circulación a alta velocidad en esa vía se había caído 170 veces en un año. Y esto no puede ser.
Urge invertir en seguridad y en mantenimiento de las líneas de alta velocidad. Y estoy convencido de que hay que reducir la velocidad, si es necesario, para hacer el transporte en ferrocarril más seguro y, como dijo el presidente del Gobierno, recuperar la confianza de la sociedad, ahora quebrada, en nuestros trenes y en el sistema ferroviario en su conjunto.
También es una buena oportunidad para reflexionar sobre si es más conveniente invertir en Cercanías y en Media Distancia, en vez de en Alta Velocidad para que las prioridades inversoras de Adif se orienten en la dirección de lo que más necesitan los trabajadores y la clase media en su conjunto, un transporte para el que muchas veces no existe alternativa.
Y, al mismo tiempo, y ya con una semana de reflexión, podemos volver a estar orgullosos de la solidaridad de la sociedad española. Emocionan las historias de las personas de Urda, un pequeño pueblo de Toledo que se volcó con los afectados. Y, por supuesto, de los servicios de Protección Civil, Guardia Civil, bomberos y personal sanitario de Castilla-La Mancha, servidores públicos, que, una vez más, demostraron que el sistema funciona.
La cooperación entre administraciones -Gobierno de España y de Castilla-La Mancha- ha sido ejemplar. Y, dentro del contexto de una tragedia incomprensible y que no debe volver a suceder, demuestra la fortaleza de respuesta de un país que siempre está a la altura en situaciones como la que vivimos hace una semana.
Vuelve el tiempo de la batalla política y de las exageraciones propias de una campaña electoral. Mientras, valoremos el silencio y el respeto de la práctica totalidad de la sociedad española estos últimos días. Es de las cosas que nos hacen mejores como país.
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