Chicas altas, chicos bajos: las relaciones hetero tienen un problema de altura
Ana, Miriam, Carla, Isabel y Clara no se conocen entre sí, pero les une haber sobresalido siempre por su altura y todo lo que ello conlleva: opiniones sobre si ponerse o no tacones, sentir el rechazo de algunos hombres e, incluso, acabar siendo víctimas de la convención y buscar hombres más altos que ellas. Porque ver de la mano a una mujer más alta que el hombre con el que pasea sigue siendo algo extraño para algunos. El estereotipo de género que dictamina que en una pareja heterosexual ellos deben ser más grandes que ellas opera desde bien temprano y sale a relucir ante esta realidad que afecta a las mujeres que superan ampliamente el 1,62 metros de altura, la media en España, en lo que la sociología define como “coreografía de género”.
Ana dice que ya nació siendo un bebé grande. Ahora, esta alicantina de 34 años mide 1,85 metros. “Cuando tomé la comunión me dijeron que parecía más una novia que una niña”, recuerda con gracia. Aunque siempre ha pensado que ser alta es algo beneficioso, es consciente del estigma que pesa sobre las personas como ella: “Está esa idea de que las chicas altas lo tienen más complicado para ligar con chicos más bajos, pero yo no he tenido problema”, aclara.
Sin embargo, en su adolescencia sí rechazaba de manera rotunda a cualquier chico más bajo que ella que se le acercara. “Si lo pienso ahora, no era un rechazo hacia ellos, sino a cómo me veía yo a su lado”. Con el tiempo ha conseguido deshacerse en gran medida de los estereotipos sociales, pero de todas formas pone su altura en las aplicaciones para ligar: “Es lo que soy, alta, y por ahí me han hablado chicos de dos metros y otros de 1,75 metros. No ha sido tan difícil con ellos como yo pensaba”.
He visto hombres que se sentían rebajados y otros que les daba igual, pero sí he notado que a algunos no les hacía gracia que fuera más alta que ellos
Lo que sí pesa es tener que soportar todavía algunos comentarios de la gente que, aunque bienintencionados, vienen a remarcar lo obvio de su altura. También el hecho de que haya gente que le diga que se siente intimidada a su lado: “Yo entiendo ese sentimiento, lo he notado también con otras personas más altas a mi alrededor, puedes llegarte a sentir indefenso”.
Coreografías de género
“La sociedad valora esa performatividad del hombre protector, que al abrazarte te cuida”, explica Amparo Lasén, profesora de Sociología de Género en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). “Es lo que llamamos coreografías de género. A los chicos se les enseña a tener el poder, saber mandar, ser el más fuerte”.
Lasén, que mide 1,80 metros y habla también desde su experiencia personal, alude a este concepto para destacar la forma en la que se relacionan hombres y mujeres en relaciones hetero. “Cuando un hombre abraza a una mujer más pequeña que él, la sensación es de cuidado. Si una mujer abraza a un hombre más pequeño que ella, la sensación es de ser madre, la mujer alta te infantiliza”, dice.
Esta socióloga cuenta que cuando ligaba por internet hace un tiempo “me llegaban mensajes de hombres a los que les gustaba, pero no se atrevían a salir conmigo por mi altura. Querían que nos viésemos donde nadie nos viera. Ese es el sentido coreográfico”.
La sociedad valora esa performatividad del hombre protector, que al abrazarte te cuida. Es lo que llamamos coreografías de género. A los chicos se les enseña a tener el poder, saber mandar, ser el más fuerte
Miriam, de 31 años, sostiene que nunca le habría supuesto un problema ser tan alta si no fuera por los comentarios que recibe de otras personas. Vive en Fuenlabrada (Madrid) y su altura alcanza los 1,78 metros: “Media cabeza más de lo normal”. Casi todos esos comentarios están relacionados con la posibilidad de encontrar pareja, desde los que le decía su abuela de pequeña hasta los que todavía escucha de gente cercana. “Yo lo he llevado bien porque tengo un autoconcepto muy bueno y el feminismo muy integrado, pero esas palabras en otras chicas más pendientes de la validación externa o con autoestima débil pueden hacerles daño”, reflexiona.
Su experiencia le lleva a pensar que ser más alta que la media de los chicos no es un problema. Por otro lado, admite que ella se siente más atraída por hombres más altos que ella. Así han sido sus parejas. “Quizá es consecuencia de la educación patriarcal en la que nos han educado. Ahí sí que hay un gran sesgo de género, lo reconozco”.
La fuenlabreña cree que este estereotipo que marca que un hombre debe ser el más alto de la pareja en las relaciones heterosexuales está cambiando. Alude a la pareja que forman Tom Holland y Zendaya, donde él mide unos cinco centímetros menos que ella. “El mero hecho de que se hable del tema y se haga tanta alusión, que en muchas entrevistas les pregunten por eso, es síntoma evidente de que algo se ha avanzado, aunque todavía queda mucho camino por recorrer para que sea considerado algo normal”, dice.
Yo lo he llevado bien porque tengo un autoconcepto muy bueno y el feminismo muy integrado, pero esas palabras en otras chicas más pendientes de la validación externa o con autoestima débil pueden hacerles daño
Por qué hay chicos que mienten sobre su altura
Carla Roqueta creció pensando que era alta para muchos chicos, por eso acudía a las discotecas sin tacones. El pasado 2 de octubre fue una de las asistentes a la primera fiesta para personas altas que se celebró en España (Tall People Club). Tuvo lugar en la capital catalana y a ella solo pudieron acceder mujeres de más de 1,72 metros y hombres de más de 1,82 metros de altura. Esta joven de 29 años y 1,81 metros afincada en Badalona (Barcelona) relata que, durante su adolescencia, las chicas populares siempre eran las más pequeñas, delgaditas: “Más bien ‘manejables’, como les gustan a muchos hombres”, opina.
Ahora lleva dos años soltera y remarca entre risas que se ha encontrado “mucha mierda” en las apps de citas. Se refiere a ocasiones en las que los chicos le han mentido con su altura. “Me gusta utilizar Hinge de aplicación, porque ahí tienes que poner cuánto mides, pero muchos mienten. Luego quedo con ellos y son como cinco centímetros más bajos de lo que me han dicho”, revela. Lo que vale con chicas que miden 1,70, a las que es fácil engañar diciendo que miden algo más de lo que mides en realidad, no vale con chicas que miden más de 1,80 metros. “A mí no me importa que sean más bajos”, aclara.
“Parece que si no son más altos, fuertes y grandes que tú, ya no valen”, esgrime Roqueta. Pero incluso a ella, que se autodefine como una feminista consciente, le cuesta huir de ese estereotipo de buscar un hombre más alto. “Luego, si son más bajos me dicen que no me ponga tacones, y si son altos, que con ellos me los puedo poner. Hay mucha masculinidad frágil ahí. Si veo esos comentarios de primeras ni quedo con ellos”, expresa.
No le sucede lo mismo cuando liga con chicas: “Como ellas no tienen tantos prejuicios, creo que me ven como una chica con personalidad, carácter, y eso les pone, o simplemente me ven como una chica más”, describe. Carla no siente en estas situaciones esa fetichización que los varones sí aplican sobre ella al ser conscientes de su altura. “Con las chicas es todo más natural, nos guiamos mucho más por la personalidad y los valores, y no tanto por el físico ni los roles como con los chicos”.
El estereotipo también opera en ellas
Isabel Rodríguez, madrileña de 24 años, mide 1,78 metros y señala también que “en la adolescencia, ningún chico quería estar con alguien más alto que ellos”. En su experiencia, la cosa cambió a medida que avanzaban los años pero aun así, las dos relaciones más formales que ha mantenido han sido con hombres más altos que ella.
“He visto hombres que se sentían rebajados y otros que les daba igual, pero sí he notado que a algunos no les hacía gracia que fuera más alta que ellos”, cuenta. Aunque no ha utilizado nunca aplicaciones para ligar, reconoce que descartaría a las personas que midieran menos de 1,70 metros: “No sé si me siento con un hombre más bajito que yo. Supongo que el estereotipo también funciona en nosotras”.
“Mi madre siempre me decía que me estirara, que iba muy encorvada”, recuerda Clara Chicón, que siempre fue la más alta de la clase en su colegio de Puertollano (Ciudad Real). Ahora tiene 38 años, mide 1,77 metros y vive en Berlín, pero todavía hoy intenta ponerse en el lado de la acera que da a la carretera cuando camina al lado de alguien, porque la calle suele estar inclinada hacia la calzada, o se pone detrás cuando va en grupo.
Si son más bajos me dicen que no me ponga tacones, y si son altos, que con ellos me los puedo poner. Hay mucha masculinidad frágil ahí. Si veo esos comentarios de primeras ni quedo con ellos
“He tenido parejas que medían menos que yo. Cuando conoces a la persona y te enamoras hay otro tipo de atracción. Todavía así hay que seguir soportando comentarios, como no ponerte tacones si vas con él a una boda”, relata. Desde que reside en Alemania, ve a mujeres altas con mayor asiduidad que cuando vivía en España: “Hay gente que hasta las señala con el dedo”, se queja.
Experiencias como las de Clara, Isabel, Carla, Miriam o Ana llevaron a Eloi Rodríguez a crear Tall People Club. “Por una vez no vamos a ser altos. Por una noche seremos iguales”, dice de sus encuentros. Lo que comenzó como algo gracioso y divertido, se ha acabado convirtiendo en una comunidad y una suerte de grupo de apoyo. Ya ha organizado varias quedadas en Barcelona, Madrid y València. “Fue muy raro ver a tanta gente alta. Me encantó ver a la gente tan deshinibida, muchas chicas en tacones, chicos que no te preguntaran la altura...”, cuenta sobre el encuentro barcelonés Carla Roqueta.
Diversidad que se abre paso
A ojos de Clara Chicón, cada vez se opina menos de los cuerpos ajenos y existen más ejemplos de diversidad entre parejas: “Espero que esos patrones cambien a medida que avanza el tiempo pero a mí, como niña criada en los 90, me tocó afrontar ese bullying”, apunta. La socióloga Amparo Lasén, por su parte, subraya que acabar con este estereotipo en las relaciones heterosexuales posee una parte colectiva ineludible: “Muchos hombres no lo aguantan en términos de masculinidad por su competitividad y la mirada del resto de varones”. Al final, quizá lo mejor sea hacer caso a lo que canta Francisco Nixon en Chicos bajos, chicas altas: “Si tú quieres que te quieran, no hagas caso a la convención; sigue solo el camino que marque tu corazón, que no te roben la ilusión”.
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