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Gonzalo Fanjul, el hombre que sueña con otro sistema migratorio: “Nos jugamos cruzar un punto de no retorno”

Gonzalo Fanjul es investigador y activista en el campo de la pobreza y la desigualdad.

Guillermo Martínez

17 de octubre de 2026 22:11 h

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Solidaridad, esperanza, futuro, cohesión y acogida, pero también rechazo, dudas, miedo y expulsión. Todas ellas son palabras relacionadas con las consecuencias del fenómeno migratorio. Que la sociedad decida quedarse con las primeras y no con las últimas pasa por consensuar medidas ambiciosas que intenten frenar la ola reaccionaria que asola Europa, porque otro sistema migratorio es posible. Así lo defiende Gonzalo Fanjul, investigador y activista en el campo de la pobreza y la desigualdad, en Contra las fronteras. Cómo reemplazar un régimen migratorio fallido (Anagrama, 2026).

En este pequeño ensayo de apenas 120 páginas, el cofundador y director de investigaciones de la Fundación PorCausa apuesta por fortalecer los derechos humanos como la única forma de “no cruzar una línea de la que será muy difícil retornar”.

A ojos de este especialista, la solución debería tener en cuenta tres aspectos principales. Por un lado, la necesidad de no renunciar al terreno ya ganado en materia de derechos humanos y reglas internacionales; por otro, tener en cuenta a los trabajadores desplazados y sus intereses; y, además, optimizar el equilibrio de riesgos y oportunidades que estos procesos generan en las partes involucradas. “El peligro es que el desprecio cada vez más impúdico de nuestras democracias por las reglas internacionales se produce en el contexto de un crecimiento sin precedentes de las necesidades de protección”, escribe Fanjul en este panfleto al más estilo anglosajón, tal y como lo tilda.

Contra las fronteras es un alegato moral y político, no solo ético. Su objetivo es despertar en el lector un pequeño rayo de esperanza, sacarle del fatalismo en el que a menudo muchos sectores de la población se ven atrapados a la hora de pensar el debate migratorio. La primera medida que el investigador saca a la palestra para materializar el pretendido reemplazo del actual régimen migratorio es la introducción de un cortafuegos eficaz entre las políticas de control migratorio y la violación de los derechos humanos. “Las vidas de los migrantes están amenazadas por muchas razones, pero una parte del debate estaba ganada. Durante mucho tiempo nos hemos dado una serie de normas y directivas que protegen el derecho internacional de protección”, introduce en conversación telefónica con elDiario.es.

Fanjul recalca que todas esas regulaciones ahora están en cuestión. “La migración es alarmante en sí misma por lo que afecta a los migrantes y la movilidad humana, pero particularmente porque lleva al Estado a traspasar unas líneas rojas de las que es muy difícil retornar, y no se limitan a la cuestión migratoria”, se explaya.

Esos cortafuegos que propone Fanjul están orientados a poner los mimbres para que no se vuelva a repetir lo que actualmente ocurre en Ceuta, “donde se ha deshumanizado al colectivo migrante y se vive en un estado de excepción casi permanente que justifica saltarse las leyes, y la posibilidad de que eso se traslade a otros ámbitos de actuación pública es muy alta”. Tal y como apunta en el ensayo, “como canarios en una mina, los migrantes se han convertido en el laboratorio de un proceso reaccionario que amenaza con determinar el conjunto amplio de libertades y derechos”.

El cofundador de PorCausa (Investigación, periodismo y migraciones) ve imprescindible que todo ello venga acompañado de un rescate del sistema de protección internacional “del arroyo presupuestario y administrativo en el que ha sido abandonado”. “Una norma o política pública carente de recursos es una norma absolutamente inane, sin consecuencias prácticas”, recalca con la vista puesta en el día a día del sistema de protección español que “carece de recursos económicos y humanos para garantizar un correcto triaje”.

La violencia en el sistema escala aún más al introducir la robotización en aras de la eficiencia. Tal y como asegura el mismo Fanjul, antes de llegar a hablar con una persona, el migrante solicitante de protección internacional en España ya se ha expuesto a máquinas que determinarán si su acento es exactamente igual al del lugar de procedencia del que asegura ser, o si las inflexiones de la voz denotan fiabilidad. “Los estados usan la tecnología para debilitar los derechos de las personas, casi nunca para garantizarlos”, denuncia.

Imaginar nuevos escenarios para el futuro

La regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el Congreso en abril y a la que se acogieron cerca de 1.175.000 personas es uno de los principales ejemplos esperanzadores en los que Fanjul ve la promesa de un futuro mejor. Por eso, invita a los demás países a seguir los mismos pasos: “La irregularidad es una aberración ética, legal y económica, un fenómeno indeseable”. Desde su punto de vista, la sociedad también pierde debido a que el migrante, que a menudo trabaja, no tiene la posibilidad de contribuir según sus obligaciones. “Es una medida sencilla y barata, con beneficios para las personas migrantes muy inmediatos”, incide.

La propuesta de la promoción de programas piloto de movilidad laboral temporal es otro de los aspectos que el investigador defiende en su monografía. El ejemplo está claro y sucede en Alemania. El Triple Win Programme se inició ante la gran falta de enfermeras que golpeará el país. De esta forma, por cada enfermera que llega de alguno de los países de origen suscritos al programa y formada según los estándares del sistema sanitario alemán, Alemania forma hasta a otras dos profesionales que permanecen en sus países. “Necesitamos imaginar nuevos escenarios, realizar un ejercicio ambicioso de innovación de políticas públicas, y eso exige la prueba y el error”, comenta.

Consensuar programas como este de Alemania conlleva trasladar a la opinión pública una percepción de control, pues el elemento de orden es clave: “La sociedad no es que sea más o menos partidaria de la inmigración, sino que su rechazo se deriva de la sensación de caos que transmite la política migratoria”. Se tratarían, eso sí, de programas voluminosos, de decenas de miles de personas que vendrían a suplir una necesidad laboral del país de destino. “Y eso se puede hacer sin grandes reformas legislativas. Necesitamos adelantarlos a lo que vendrá”, sostiene el autor.

La unión hace la fuerza

Forjar coaliciones que frenen y reviertan la deriva de odio contra el colectivo migrante es la última propuesta que Fanjul recoge en su escrito. A diferencia de otros aspectos, la política migratoria es algo que une a las diversas extremas derechas que repuntan en Europa. “No solo han sido muy exitosas a la hora de reconocer el debate emocional y operar en él, sino que han capturado a gobiernos de centroderecha y centroizquierda víctimas del miedo, que aplican sin decirlo las mismas políticas que la ultraderecha”, se explaya el investigador.

Las uniones entre sectores tan dispares como la Conferencia Episcopal y organizaciones comunistas se han dejado ver en el proceso de regularización extraordinaria, que ha tenido a los colectivos migrantes a la cabeza. Al mismo también se han sumado los empleadores en busca de un sistema más racional. “Es gente del centroderecha capaz de reconocer que la regularización de migrantes es una medida de sentido común”, defiende el integrante de PorCausa.

La convocatoria de elecciones por parte de Pedro Sánchez para el próximo 29 de noviembre no es una buena noticia para el futuro de la migración en España, a ojos de Fanjul. “El PP planteó en su momento buenas ideas en materia de movilidad laboral, pero ahora vemos una deriva preocupante. Hay una especie de impudicia del odio, una extensión del odio público, incluso violento, que nos preocupa. Si hay cambio de gobierno, habrá un peso específico de la ultraderecha mayor del que podríamos pensar”, vaticina el investigador.

De todas formas, el espíritu reformista de Contra las fronteras impregna cada uno de sus capítulos. “El reformismo sincero y profundo puede tener consecuencias revolucionarias”, afirma al final del libro. Ahí deja su diagnóstico de la situación y el tratamiento pertinente: “Nos jugamos cruzar un punto de no retorno, y ese punto es moral”, comenta. Tal y como él mismo finaliza en su ensayo, “hoy puede parecer que la desaparición de las fronteras físicas y mentales es una utopía, pero mañana echaremos la vista atrás con el orgullo de haber librado esta batalla”.

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