Arnaud Miranda, politólogo: “Este capitalismo solo busca depredación, por eso quiere acabar con la democracia”
Arnaud Miranda (Clemont-Ferrand, Francia, 1997) coronó su doctorado en Teoría Política en la prestigiosa Sciences Po con una tesis de premio. Pero apenas un mes después de presentar el manuscrito de Los pensamientos contemporáneos de la decadencia, un imaginario antidemocrático, lo que parecía un excelente ejercicio académico se convirtió en noticia: Donald Trump volvía al poder en Estados Unidos y con él entraban a la Casa Blanca los ideólogos hasta entonces marginales que Miranda había observado y estudiado durante años. Unos que teorizan la necesidad de un golpe de Estado monárquico-tecnológico que ponga fin de una vez por todas a la democracia.
La ilustración oscura. Comprender el pensamiento neorreaccionario (en castellano lo edita Taurus y en catalán, Edicions 62) es la continuación de aquel trabajo. El libro aborda, en una especie de cartografía de las corrientes de la derecha contemporánea, lo que Miranda considera “uno de los fenómenos intelectuales y políticos más importantes de los últimos 20 años”.
Del ecosistema neorreaccionario han salido algunas de las palabras que marcan el discurso de la ultraderecha, como la red pill de quien busca descubrir la verdad del poder o ‘la Catedral’ con la que se refieren a las universidades y la prensa tradicional, e incluso el nombre del Departamento de Eficiencia Gubernamental en el que Trump colocó durante un tiempo a Elon Musk. De los arrabales de internet a su papel de renovadores intelectuales del trumpismo, los neorreaccionarios han ido construyendo una visión de futuro en la que los países se convierten en una especie de gran empresa controlada por un CEO-rey. Una idea que puede parecernos aterradora o distópica, pero que el autor elige colocar en la primera página de su libro porque –como sostiene en esta entrevista con elDiario.es– lo importante es entender cómo estas ideas han nacido y cómo circulan. Y nunca, nunca, subestimarlas.
¿Por qué el pensamiento neorreaccionario ha pasado por debajo del radar hasta instalarse en la Casa Blanca?
La neorreacción es una constelación ideológica cuyo objetivo es poner fin a la democracia. Nace en la década de los 2000 a través de blogueros, gente que trabajaba en una marginalidad total respecto a los autores canónicos, las universidades y los medios de comunicación tradicionales. Esa es la razón por la cual no se ha estudiado: porque se trataba de algo minoritario, imperceptible para la mayor parte de gente que no conocía la cultura de internet, y sobre todo la cultura de internet de extrema derecha. Estas ideas salen a la luz pública porque el trumpismo se ha apropiado de ellas.
¿Quién es Curtis Yarvin y por qué es una figura tan determinante en este movimiento?
Curtis Yarvin es su fundador. Abre su blog en 2007, que tiene desde el principio la vocación de fundar una nueva ideología, según sus propias palabras, y se presenta como un libertario desencantado que hace su viraje reaccionario. Su blog, Unqualified Reservations, que escribe bajo el seudónimo de Mencius Moldburg, tiene al principio un público interesado por la tecnología y las cuestiones libertarias. Son, mayoritariamente, personas vinculadas al mundo tech y de Silicon Valley.
Peter Thiel invirtió en estas ideas, se convirtió en una especie de nexo entre este grupo marginal de internet y las fuerzas políticas
Y es en Yarvin donde encontramos el fundamento político de la neorreacción, con la idea de que hay que reemplazar la democracia por un Estado gobernado como una empresa, más precisamente como una startup de Silicon Valley, con un CEO a la cabeza que reúna todos los poderes. Y la manera de pasar de la democracia a la empresa es un golpe de Estado, pero no un golpe de Estado masivo con una revolución del pueblo, sino uno tecnocrático. Esto pone en evidencia una dimensión muy elitista: su objetivo no es convencer a la mayoría, sino constituir un pequeño grupo para convertirlo en altos cargos políticos.
¿Cómo estos personajes que habitaban los márgenes de internet se convirtieron en los ideólogos de la política global?
Para entender esto, hay que insistir en el rol de una persona, Peter Thiel, que es un emprendedor ideológico en dos sentidos. En primer lugar, es alguien que invirtió financieramente en estas ideas: apoyó la startup de Yarvin, y lo introdujo en el mundo económico y político.
Además, Thiel produce un pensamiento e integra un cierto número de ideas neorreaccionarias. En el momento en que Thiel invirtió en estas ideas, se convirtió en una especie de nexo, de eslabón entre este grupo marginal de internet y fuerzas políticas partidistas bien reales. También se pueden mencionar actores más secundarios, como Mark Andreessen, cercano a Peter Thiel, que también puso dinero y defendió algunas de estas ideas.
¿La neorreacción se ha hecho fuerte en Estados Unidos, pero ideológicamente tiene sus raíces en Europa?
Las ideas circulan. Si tomamos la historia del libertarismo, vemos que proviene inicialmente del liberalismo europeo. Y las extremas derechas europeas han recibido mucho de la estadounidense de los años 2000 y 2010. En este caso, es cierto que no se trata de una ideología puramente de Estados Unidos. De hecho, uno de los personajes principales de esta constelación es Nick Land, que es un británico formado en el pensamiento de izquierda europeo. Sin embargo, la apropiación estadounidense del conjunto de estas corrientes tiene una identidad propia bastante local.
¿Y representa una mutación del pensamiento capitalista más que una reacción a las políticas progresistas?
Es una mutación del pensamiento capitalista, pero con una precisión. Sus raíces están en un pensamiento que es liberal, pero hay un desvío hacia la defensa de un capitalismo antiliberal, que ya no busca la competencia, sino la conquista y la predación.
Cada vez más a menudo, los medios muestran alguna situación que deja de ser distópica para convertirse en noticia. ¿Cuánto hay de real o factible en los escenarios que plantea la neoreacción?
Evidentemente, no hay que tomar las fantasías de los autores por profecías o cosas que efectivamente van a ocurrir. Sin embargo, hay algo que algunos historiadores del capitalismo, como Quinn Slobodian, han puesto de manifiesto: han observado esta transformación desde principios de siglo del capitalismo liberal y la globalización comercial hacia un capitalismo antiliberal que llaman 'capitalismo de la finitud', que teme la reducción de recursos —ya sea por limitaciones ecológicas o por la necesidad de alimentar la revolución digital—.
A este capitalismo ya no le interesan los intercambios comerciales y la globalización, sino la predación. Y la forma política que le corresponde a esta fase ya no es el orden internacional o la democracia liberal, sino formas imperialistas neorreaccionarias.
En la introducción señala que el objetivo del libro es entender y no juzgar. ¿Por qué es crucial mantener esta distancia analítica?
En primer lugar, porque soy ante todo un investigador, y el rol del investigador es describir. En segundo lugar, si se quiere desmontar la fuerza de estas ideas, creo que hay un interés estratégico en no desarrollar simplemente un discurso crítico y militante.
Algunos escritos muy comprometidos en la lucha contra estas ideas tienden a fortalecer los nexos entre todos los grupos ideológicos de derecha y extrema derecha, y a confundir a los grupos conservadores que no están necesariamente en contra de la democracia. Creo que es muy importante mostrar que existen diferencias y contradicciones, para no empujar a algunos de estos conservadores a los brazos de los reaccionarios.
Hoy en el trumpismo hay tres pilares: el nacional-populista, el postliberal y la derecha tech neorreaccionaria. Hay profundas incompatibilidades entre ellos, pero la alianza se sostiene porque Trump nunca hace elecciones ideológicas tajantes
Y tal vez una última cosa: creo que hay que confiar en el lector. Si se describen de manera honesta estas ideas, no creo que tengan una fuerza de convicción en sí mismas; al contrario, creo que la mayoría de la gente se da cuenta de su radicalidad y a veces de su absurdidad, y el hecho de que puedan hacer su propio juicio me parece mucho más fuerte que imponer mi palabra de forma subjetiva.
El aceleracionismo que defiende Nick Land sostiene que la tecnología y las dinámicas del capitalismo deben acelerarse e intensificarse hasta acabar con el sistema actual. ¿Cómo analiza los debates de estas semanas sobre los peligros de la Inteligencia Artificial en relación con el aceleracionismo de Land?
Creo que estos debates que animan los grandes actores de Silicon Valley e incluso el gobierno estadounidense en estos días deben ser tomados con mucha prudencia, incluso por parte de aquellos que dicen que hay que limitar la inteligencia artificial. Porque todos estos discursos, incluso los que se presentan como humanistas o críticos del aceleracionismo, participan en realidad en la creación de un relato que presenta a la inteligencia artificial como el sujeto y actor principal.
Por ejemplo, cuando Estados Unidos limita el uso del último modelo de Claude, es también una manera de construir un relato según el cual el modelo estadounidense está por delante del resto del mundo; es geopolítica.
¿Cómo ha evolucionado el marco intelectual del trumpismo en este segundo mandato? ¿Pueden las tensiones ideológicas internas complicar las elecciones de mitad de mandato?
La primera campaña de Trump estaba enteramente fundada en una estrategia nacional-populista forjada por Steve Bannon, quien adaptó un discurso proveniente del supremacismo blanco de Richard Spencer, el creador de la expresión 'alt-right'.
La base del nacional-populismo es oponer un pueblo sano (la América blanca) a una élite democrática corrupta y a un pueblo extranjero que amenaza con reemplazar al pueblo sano. Esta retórica fue una máquina electoral fantástica para Trump, pero el problema de la alt-right es que no va mucho más lejos que una retórica y no logró estructurar ideológicamente el primer mandato.
Lo nuevo en esta década es el surgimiento de lo que podríamos llamar un 'iliberalismo tecnológico', una voluntad real de transformar los regímenes desde dentro en alianza con grandes figuras de la tecnología
Steve Bannon fue apartado muy pronto y hubo una especie de retorno de los conservadores más clásicos, lo que dio un primer mandato muy difuso. Durante ese primer Gobierno, grupos como la Heritage Foundation trabajaron para repensar un marco ideológico claro que no fuera ni el nacional-populismo ni el conservadurismo clásico. La neorreacción fue una de las herramientas, junto con el postliberalismo. Estos dos elementos ideológicos han llegado al poder en 2024 con JD Vance, porque él es a la vez el producto de Silicon Valley (Peter Thiel financió su carrera) y se declara cercano a intelectuales postliberales.
Hoy en la composición del campamento trumpista hay tres pilares: el nacional-populista, el postliberal y la derecha tech neorreaccionaria. Hay profundas incompatibilidades entre ellos, pero la alianza se sostiene porque Trump nunca hace elecciones ideológicas tajantes y es percibido como una figura no ideológica que abre la vía, haciendo que cada pilar sienta que se beneficiará.
¿Cómo funciona la interacción con otras extremas derechas tan diferentes como la libertaria de Javier Milei en Argentina o neoconservadora de José Antonio Kast en Chile?
Es una pregunta apasionante y abierta. Lo que observo es una circulación ideológica entre estas corrientes, en particular de la versión neorreaccionaria. El entorno de Kast en Santiago está claramente cercano a estas ideas e incluso ha reclutado a blogueros de inspiración neorreaccionaria; y en Milei también encontramos la dimensión populista.
Cada vez que existe la promesa de un cambio de régimen o una revolución posible, las alianzas heterogéneas se mantienen con mayor facilidad porque comparten ese horizonte
Esta aparente contradicción entre lo elitista y lo populista ya existía en movimientos fascistas del pasado. Lo nuevo en esta década es el surgimiento de lo que podríamos llamar un 'iliberalismo tecnológico', una voluntad real de transformar los regímenes desde dentro. Esto se ve en el intento de aliarse con grandes figuras industriales y de la tecnología. Y cada vez que existe la promesa de un cambio de régimen o una revolución posible, las alianzas heterogéneas se mantienen con mayor facilidad porque comparten ese horizonte.
¿Qué estrategias pueden desarrollarse desde los sectores democráticos para responder a esta amenaza neorreaccionaria?
En primer lugar, se requiere un trabajo de crítica del discurso, para no ignorarlo pero también para despojarlo de su eficacia política. Por ejemplo, la idea de la ineficacia de la democracia frente a la forma imperialista debe ser constantemente cuestionada y criticada, porque aceptarla es ya aceptar el marco ideológico antidemocrático.
En segundo lugar, desde un punto de vista estratégico, es esencial rechazar la posición en la que estos discursos colocan a los demócratas. Ha habido un vuelco: los demócratas han quedado en la posición de los conservadores, apegados a ideas de la Ilustración consideradas 'superadas', mientras los reaccionarios han tomado posesión de la imaginación del futuro. El desafío es cómo responder a estos discursos futuristas teniendo en cuenta las restricciones ecológicas.
Por último, hay un elemento muy material: la cuestión de la soberanía. Tener un contradiscurso requiere tener capacidades materiales y tecnológicas propias para presentarse como una alternativa real y reducir las dependencias infraestructurales.
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