¿Está volviendo el criterio?
Os juro que estoy volviendo a tener esperanza. Y qué pena que tengan que pasar cosas tan trágicas para que uno encuentre motivos para decir algo así.
El otro día, recibí un comentario en mis redes sociales de alguien que me decía lo siguiente: “No te atreves a hacer ningún vídeo de política, hablando del accidente ferroviario, ¿verdad?”.
Le contesté que, si no había hecho ningún video, era porque llevo un mes de baja por motivos de salud. Su respuesta fue que me mejorara, que una cosa era la batalla ideológica, pero que jamás querría que me pasara nada grave.
Y reconozco que me alegró mucho leerlo.
Siento que hemos entrado en un hooliganismo político tan absurdo que a veces está por encima de nuestro propio carácter. Estoy seguro de que hay gente, que escribe auténticas barbaridades en redes, que si me viese que me caigo por la calle, no dudaría en ayudarme. Pero aparece una bandera, unas siglas o el nombre de un ministro y la razón desaparece.
Y, por supuesto, no hablo como si yo estuviera libre de culpa. Hay que estar continuamente vigilándose, porque es muy fácil dejarse llevar por una masa que normalmente piensa igual que tú. Pero ahí está la valentía; en hacerse preguntas. Ya lo dijo Dumbledore, en “La piedra filosofal”: hay que tener mucha valentía para enfrentarse a los enemigos, pero mucho más para enfrentarse a los amigos.
Por eso, reconozco que, el día del accidente, me enfadé muchísimo con un partido político que, a escasas tres horas de lo ocurrido, ya estaba aprovechando para hacer campaña. Incluso, llegué a alabar las palabras de Feijóo, cuyo discurso era un “hoy no es el día, mañana pedimos exigencias”. Necesitaba escuchar algo de humanidad, y agradecí encontrarla, viniera de donde viniera.
Sentía que era el momento de aparcar ese señalamiento, con el que alguien espera ganar unos escaños, y llorar. Había personas que todavía no sabían si sus familiares estaban vivos. En mí, al menos, durante esas primeras horas, la tristeza ganó al enfado. No me salió pensar primero en qué había fallado, sino en quiénes iban dentro.
Por supuesto que hay que investigar desde el principio, y soy el primero que está de acuerdo con pedir responsabilidades políticas y la dimisión de quienes corresponda. Pero me cuesta entender esa prisa por tener un culpable, cuando todavía no tenemos todas las cartas encima de la mesa. Por muy obvias que sean.
He escuchado a periodistas de radios de izquierdas siendo críticos con Óscar Puente y a periodistas de radios de derechas insistiendo en que lo importante eran las víctimas. Y me ha sentado bien escucharlos; poder estar de acuerdo con unos y con otros, sin tener que mirar qué cadena estaba sintonizada
Y ese pensamiento de “hoy no es día, mañana sí” lo encontré en personas que piensan de maneras muy distintas, cada una con sus matices, pero todo el tiempo había presente una cordura esperanzadora.
Apagué la televisión, porque tenía miedo de encontrarme una lucha por ver quién sacaba la imagen más morbosa, y me fui a la radio, que se convirtió en un lugar seguro.
Y, de estos días siendo un radioadicto, saco una conclusión: en líneas generales, es asombroso el nivel de profesionalidad que tenemos en este país. Agradezco tanto que haya periodistas que sigan ahí, preguntando, contrastando y teniendo el rigor suficiente para decir que algo todavía no se sabe…
He escuchado a periodistas de radios de izquierdas siendo críticos con Óscar Puente y a periodistas de radios de derechas insistiendo en que lo importante eran las víctimas. Y me ha sentado bien escucharlos; poder estar de acuerdo con unos y con otros, sin tener que mirar qué cadena estaba sintonizada.
En la era del clickbait, cuando el del programa de fantasmas con el que me echaba unas risas hace unos años, mientras twitteaba, se ha convertido en el faro de un movimiento político, os juro que escuchar frases como “aún no podemos confirmarlo” es casi reconfortante.
No sé si está volviendo el criterio o si necesito creer que está pasando. Pero, aunque sigue habiendo un buen puñado de hooligans políticos, también creo de corazón que son más ruidosos que numerosos.
Confío en la cordura de nuestra tierra. En que, aunque llevemos un tiempo con la cabeza cargada de ruido blanco, seguimos siendo capaces de escuchar al otro. Como aquel hombre que entró a echarme una bronca y acabó deseándome que me mejorara.
Y ojalá no me equivoque.
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