De cuidar la alta costura de multimillonarios en Suiza a instalarse en Logroño: “Aquí en unas horas teníamos casa y colegio”

Todavía no sabe muy bien qué es lo que le ha traído a Logroño, pero está segura de que lo descubrirá. Noelia StGeorge se instaló con su familia en Logroño hace apenas dos semanas y asegura sentirse como en casa. “La ciudad parece un gran barrio de San Chinarro y la Circunvalación, me recuerda a la M30”. Esta madrileña, que ha vivido en media docena de países, ha pasado el último año y medio en Suiza, desarrollando una profesión totalmente desconocida: encargada de lavandería y vestuario de familias billonarias.

Mantener en perfecto estado un jersey de Hermès o un abrigo de Dior conlleva un minucioso trabajo que las grandes fortunas han convertido en una profesión, revelando el nivel de exclusividad en el que se mueven. Y es que Noelia asegura que su trabajo va más allá de limpiar la ropa y ordenar los armarios. “Se trata de conservar cada prenda como si acabara de salir de las manos del artesano que la ha confeccionado”, explica, “el reto que siempre me planteo es poder hacerlo todo yo sin llevarla a la lavandería, de forma que mis clientes no tengan que esperar y tengan siempre todo en perfecto estado y disponible”.

Llegó a este trabajo casi por casualidad, como también ahora ha llegado a Logroño, pero su vínculo con la moda viene de muy lejos. Asegura que ya sentía esa pasión desde muy pequeña, cuando veía a su abuela trabajar como modista. De hecho, estudió Historia del Arte para profundizar en la historia de la moda. Años más tarde trabajó como auxiliar de vestuario en series de televisión como 'El Secreto de Puente Viejo' o 'El Don de Alba'. Pero la frivolidad que desprende a veces el mundo de la moda le terminó alejando. “Me asustaba la superficialidad, era un trabajo muy duro, veía divorcios y muchas cosas que no iban conmigo”, explica.

Sin embargo, tras recorrer diferentes países y trabajar como niñera para familias multimillonarias, el destino le llevó a Suiza y allí descubrió esta nueva profesión. “Para mí es mucho más que un trabajo. Me ha cambiado la vida”, señala, “la vida me ha puesto en contacto con mi pasión, la moda, pero de otra manera; estando en contacto con la artesanía, con el trabajo más minucioso, con el aprendizaje continuo, la investigación. Veo la belleza, la manualidad, la singularidad. Y es una suerte estar en contacto con esos armarios porque no es lo mismo ver esas prendas en una revista que tenerlas en la mano apreciando todos sus detalles”.

Aunque los contratos de confidencialidad le impiden contar nada sobre sus clientes, Noelia StGeorge sí ha ido compartiendo a través de sus redes sociales algunos aspectos de su día a día laboral. “Lo último que descubrí, y me divertí mucho haciéndolo, es la forma de lavar a mano las blusas de Chanel. Notaba que al hacerlo, la seda perdía brillo y descubrí que era por los minerales del agua del grifo, que se agarran a la seda”, cuenta entusiasmada, “así descubrí que usando agua destilada en el último aclarado, la seda queda como el primer día”. Explica también cómo la lectura le llevó a descubrir que para quitar la sangre de la seda sólo se puede utilizar oxígeno, porque otros productos específicos utilizan encimas para comerse la proteína de la sangre, “y eso con la seda, que también tiene su proteína, no funciona”.

Pero a pesar de la plenitud de ese trabajo, para Noelia pesa más lo personal. Por eso, por necesidades laborales de su marido, hace apenas unas semanas decidieron volver a España y Logroño ha sido la ciudad elegida. No hay una razón, ni siquiera una explicación. “Somos de Madrid , pero ahora mismo, con los precios de la vivienda que hay allí, no era una opción”; señala Noelia, “contemplamos otras ciudades, pero no sentíamos nada especial. Hasta que alguien nos habló de Logroño, vinimos y enseguida nos sentimos bien aquí”. Ha pasado menos de un mes pero dice sentirse ya en casa. “Vinimos un día a ver la ciudad y en unas horas teníamos casa, escuela para el niño y todo lo necesario. La gente es majísima, se les ve contentos, tranquilos, se saludan por la calle, no están tensos”, señala.

Sabe que en una ciudad pequeña es difícil desarrollar un trabajo como el suyo pero eso no le supone ningún problema. “En La Rioja hay muchas cosas que hacer y yo no me cierro a nada, quiero vivir mil vidas en una y no sé cuál será mi camino aquí pero lo iré descubriendo”, sentencia, “de momento, me dedico a mi pequeño, que antes no tenía mucho tiempo para él, estudio, hago mis cosas... Ahora mismo estoy construyendo un maniquí con mis medidas para hacerme una prenda muy especial. Ya veremos lo que toca mañana”.